Cubilete 2010 ¿Porqué peregrinar?

Todo empieza de noche, pero no es una noche cualquiera. Está envuelta con un cielo azul oscuro, muy oscuro, pero repleto de estrellas que iluminan el camino y la luna casi llena que guía a jóvenes que igual que nosotros van al mismo lugar: Silao, Guanajuato.

Llegamos aún de madrugada pero no somos los únicos, de un lado León, por allá Tepa, más lejos San Luis y siempre al frente se escucha: ¡Morelia! ¡Morelia! ¡Michoacán Michoacán!
Música, porras, concursos, todos unidos por lo mismo, no lo vemos, pero lo sentimos; vamos hacia Él, que nos espera con los brazos abiertos.

Comienza a amanecer y el frío que teníamos se transforma en energía para brincar, correr, gritar, cantar. Tal vez sin hacerlo conciente plasmamos en un grito nuestra vida y las ganas de entregar esa vida al Rey. Así, cuando pareciera que ya 4 son muchas horas en lo mismo, nos damos cuenta que fue sólo el principio y que comenzamos a vivir verdaderamente lo que tanto hemos esperado.

Después de ofrecer a Dios y a la Virgen ese día, ese caminar, tras ella comenzamos el ascenso tomándola como primera guía.
Yo podría asemejar el ascenso a nuestra vida diaria, comenzamos todos juntos pero en el camino pasan muchas cosas, por momentos tenemos mucha energía y brincamos, gritamos, cantamos, corremos, jalamos a los demás; sin embargo, también hay momentos en el que parece que el cansancio no nos permitirá llegar, pero no importa porque siempre va a tu lado un ángel, conocido o no tanto, que te anima, te acompaña y ayuda con lo que se va presentando.

Delante de ti puedes ver un mundo de gente, pero al voltear hacia atrás ves lo mismo, una cantidad impresionante de jóvenes que están haciendo lo mismo que tú, que quieren lo mismo que tú ese día, que sin conocerse están unidos por algo más fuerte que la distancia o todas las condiciones que hagan diferentes sus vidas, los une Dios.

Después de tanto caminar, gritar, por momentos tal vez llorar, llegamos a un silencio lleno de bullicio donde imponente aparece Cristo Rey, principio y final de nuestra vida, de todo lo que existe, que con los brazos abiertos nos recibe y con una sonrisa llena de paz ese momento que parece congelar todo.

Pero no termina ahí, “El Cubilete” se prolonga a esa tarde, al viaje de regreso a nuestra linda ciudad, a la noche en la que descansamos después de un día vivido intensamente, pero más allá “el Cubilete” se prolonga si lo permitimos a nuevas amistades, momentos que contar con toda la emoción, risas, recuerdos, instantes inolvidables.

Lumi Velázquez Prado

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