Ciencia y religión

Para establecer, para la ciencia, la necesidad de este acuerdo, es necesario reconocer y estatuir un gran principio: es que el absoluto no se halla en ninguno de los dos extremos de la antinomia, y que los hombres, que siempre empujan para los extremos opuestos, temen al mismo tiempo llegar a esos extremos, considerando como locos peligrosos los que declaran claramente sus tendencias, y en su propio sistema, temen instintivamente el fantasma del absoluto como la nada o la muerte.


Es así que el piadoso arzobispo de Paris desaprueba formalmente las bazofias inquisitoriales del Universo, y que todo el partido revolucionario se indigno contra la brutalidad de Proudhon.

La fuerza de esta prueba negativa consiste en esta simple observación: que un lugar central debe reunirse las dos tendencias opuestas en apariencias, que están en la imposibilidad de dar un paso, sin que una arrastre a la otra para atrás; lo que necesitara, enseguida, de una reacción semejante.

Esto es lo que sucede desde hace dos siglos; presas, así, una a otras, sin saberlo y por detrás, esas dos potencias están condenadas a un trabajo de Sísifo y mutuamente se hacen obstáculo.

Volvamos al punto central, que es el absoluto, entonces ellas se encontraran cara a cara, y, apoyándose una a la otra, producirán una estabilidad igual a la fuerza de sus esfuerzos contrarios, multiplicados unos por los otros. Volviendo a las fuerzas humanas, lo que a primera vista parece un trabajo de Hércules, basta desengañar las inteligencias y mostrarles el fin donde creen hallar el obstáculo.

La Religión es razonable. He aquí lo que es necesario decirle a la filosofía, y por la simultaneidad y la correspondencia de las leyes generadoras del dogma y de la ciencia


La Razon es santa. He aquí lo que es necesario decirle a la Iglesia, y se debe probarle, aplicando a la victoria de su doctrina de la caridad todas las conquistas de la emancipación y todas las glorias del progreso.

Jesús Cristo, siendo el tipo de la humanidad regenerada, la divinidad hecha hombre, tenía por misión volver a la humanidad divina: el Verbo hecho carne permitía a la carne hacerse Verbo, y es lo que los doctores de la Iglesia no comprendieron al principio; y su misticismo quiso absorber la

humanidad en la divinidad.

Negaron el derecho divino; creyeron que la fe debía aniquilar la razón; sin recordar estas palabras profundas del mayor de los hierofantes cristianos: “Todo espíritu que divide al Cristo es un espíritu del Anticristo”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: