Documentos en que la iglesia condena a la masonería

Documentos en que la Iglesia condena a la masonería:

Clemente XII
Constitución Apostólica “In Eminenti” 1783, Abril 28, Papa Clemente XII “Hemos resuelto y decretado condenar y prohibir ciertas sociedades, asambleas, reuniones, convenciones, juntas o sesiones secretas, llamadas Francmasónicas o conocidas bajo alguna otra denominación. Las condenamos y las prohibimos por medio de esta constitución, la cual será considerada válida para siempre.

“Recomendamos a los fieles abstenerse de relacionarse con dichas sociedades … para evitar la excomunión, que será la sanción impuesta a todos aquéllos que contravinieren ésta nuestra orden”.

Benedicto XIV
Constitución Apostólica “Providas Romanorum” 1751, Mayo 18, Papa Benedicto XIV
El Papa Benedicto XIV, en 1751, en su Constitución ‘Providas’, renueva la condenación: ‘Entre las causas muy graves que han inducido a nuestro predecesor Clemente XII, dice, a prohibir y a condenar las dichas sociedades, y que han sido expresadas en la Constitución más arriba mencionada, es la primera: que en estas clases de sociedades se reúnen hombres de toda religión y de toda secta, lo que puede evidentemente traer los más graves daños a la pureza de la religión católica La segunda es el secreto riguroso e impenetrable con que se oculta todo lo que se hace en estas asambleas, de modo que se les puede aplicar bien la palabra de Cecilio Natar referida por Minucio Félix: Las cosas buenas aman siempre la publicidad, los crímenes se cubren con el secreto. La tercera es el juramento que hacen los miembros de estas sociedades de guardar inviolablemente ese secreto, como si pudiese serles permitido alegar una
promesa o un juramento cualquiera para rehusar declarar, cuando sean interrogados por la autoridad legítima, lo que se hace en esos conventículos contra el orden establecido, sea religioso o político. La cuarta es que estas sociedades no son menos contrarias a las leyes civiles que a las leyes canónicas … La quinta es que ya en muchos países han sido proscritas por las leyes de los príncipes seculares. La última, en fin, es que estas sociedades están en mala reputación ante las personas prudentes y probas, y que afiliarse en ellas es, a sus
ojos, mancharse con la tacha de perversidad’.
Movido por esas mismas razones, el Papa recomienda a los Obispos y superiores eclesiásticos, como a los príncipes seculares, cumplir el deber que tienen de procurar extinguir dichas sociedades.
Pío VII
Constitución Apostólica “Ecclesiam a Jesu Christo” 1821, Septiembre 13, Papa Pío VII

Leon XII
Constitución Apostólica “Quo Graviora” 1825, Marzo 13, Papa León XII

Pío VIII
Encíclica “Traditi Humilitati” en 1829, Mayo 24,Papa Pío VIII

Gregorio XVI
Encíclica “Mirari Vos” 1832, Agosto 15, Papa Gregorio XVI

Pío IX
Encíclica “Qui Pluribus” 1846, Noviembre 9 Papa Pío IX

Encíclica “Nostis et nobiscum”, 1849, Diciembre 8, Papa Pío IX

Encíclica “Singulari Quidem” 1856 Marzo 17, Papa Pío IX

Encíclica “Quanto Conficiamur”, 1863, Agosto 10, Papa Pío IX

“Multiplices Inter” 1865, Septiembre 25 Papa Pío IX
This is an address made by Pope Pius IX condemning Freemasonry and other secret societies. In it, he accuses Masonic associations of conspiracy against the church, God and civil society. He further attributes revolutions and uprisings to Masonic activities, and denounces secret oaths, clandestine meetings and Masonic penalties. Papal Pronouncements, A Guide, 1740 – 1978, 2 Vols., by Claudia Carlen, IHM, (The Pierian Press, 1990).

León XIII
Encíclica “Humanum Genus” 1884, Abril 20, Papa León XIII Documento pdf en Español de Humanum Genus

Exortación Apostólica “Praeclara Gratulationis” Leon XIII en español
Extracto de la Encíclica Praeclara Gratulationis:
(11) Otro peligro grave para la unidad es la masonería, potencia temible que oprime desde hace ya tiempo a las naciones, y sobre todo a las naciones católicas. Orgullosa hasta la insolencia por su fuerza, sus recursos y sus éxitos, pone por obra todo lo que es menester, favoreciendo las turbulencias que agitan nuestra época para consolidar y extender por todas partes su dominación. Desde las ocultas tinieblas en que conspiraba, irrumpe hoy en los Estados mostrándose a la luz del día; y, como lanzando un desafío a Dios, ha establecido su sede en esta misma urbe, capital del mundo católico. Pero la mayor desgracia de todas es que, dondequiera que la masonería pone su pie, se infiltra en todas las clases sociales y penetra en todas las instituciones del Estado para llegar, si fuera posible, a constituirse árbitro soberano de todas las cosas. La mayor desgracia, decimos, porque tanto la perversidad de sus principios como la iniquidad de sus propósitos son cosas evidentes. Con el pretexto de reinvindicar los derechos del hombre y reformar la civilización, combate las instituciones cristianas; rechaza toda doctrina revelada; califica los deberes religiosos, los sacramentos, todas las realidades augustas, como simples supersticiones; se esfuerza por descristianizar el matrimonio, la familia, la educación de la juventud, todo el conjunto de la vida pública y de la vida privada, así como también por hacer desaparecer en el alma del pueblo todo respeto a la autoridad divina y a la autoridad humana. El culto que la masonería prescribe es el culto de la naturaleza humana; y son también los principios de esta naturaleza humana los que propone como única medida y única norma de la verdad, la bondad y la justicia. De esta manera, como es evidente, se incita al hombre a tener una moral y una conducta casi paganas, si no es que el crecimiento y el refinamiento de las seducciones lo hacen descender más abajo todavía. Aunque en esta materia Nos hemos hecho ya en otras ocasiones advertencias muy serias, nuestra vigilancia apostólica nos obliga a insistir en este punto y a decir y repetir una y otra vez que, frente a un peligro tan acuciante, toda medida defensiva será siempre insuficiente. ¡Ojalá la clemencia divina burle los propósitos de la masonería! Pero es necesario que el pueblo cristiano comprenda que hay que sacudir de una vez para siempre el yugo infamante de la masonería, y que deben poner una mayor energía en esta labor todos aquéllos que son más duramente oprimidos por este yugo, es decir, los italianos y los franceses. Nos ya hemos dicho cuáles son las armas que hay que emplear y cuál es la táctica que hay que seguir en este combate; la victoria no es dudosa con un jefe como Aquél que pudo decir un día: “Yo he vencido al mundo” (Jn.16, 23).

Encíclica “Dall’alto Dell’Apostolico Seggio”, Papa León XIII

Encíclica “Inimica Vis”, Papa Leon XIII 1892, Diciembre 8

Encíclica “Custodi Di Quella Fede”, Papa León XIII, 1892, Diciembre 8

Juan Pablo II
Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe Clarificando el estatus de los católicos que pertenecen al a Masonería, 1983 Noviembre 26

Benedicto XVI
Código de Derecho Canónico 1374 “Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación, ha de ser castigado con entredicho.”
en la Legislación presente

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