La masoneria

1. Orígenes.
La palabra masón proviene del inglés “mason” y del francés “maçon”. Ambos
términos significan “albañil”. Los orígenes de la masonería se pierden en el
tiempo y pueden ser tan lejanos como los orígenes del oficio de la
construcción. Entre los antecedentes legendarios, existe el mito de Hiram
Abif, arquitecto y constructor del templo del rey Salomón. Según la
masonería este arquitecto sería uno de los primeros masones de la historia
quien habría transmitido su arte hasta nuestros tiempos por tradición
simbólica.

En los antecedentes históricos podemos destacar la existencia de los
“collegia”, antiguos gremios de constructores durante el imperio romano.
Estos gremios de constructores tomaron mucha fuerza durante la Edad Media y
se desarrollaron independientemente en varios países. Se dividían en
“logias”. En su época de mayor influencia arquitectónica, trabajaron para la
Iglesia, construyendo todas las iglesias y catedrales de Europa,
desarrollando el hermoso estilo gótico que caracterizó la arquitectura desde
el siglo XI al XVI.

Como es natural a todo gremio, los masones defendían sus intereses
corporativos. Por ello no daban a conocer los “secretos” del “Arte” a nadie
que no fuera iniciado en alguna logia, para así mantener el monopolio de su
actividad. Sus reuniones eran secretas, utilizaban un ritual para realzar
dichas reuniones, usaban un lenguaje simbólico no asequible ni siquiera a
los más ilustrados de su época y junto con esto desarrollaron una hermosa
alegoría ética donde primaban conceptos como la rectitud, la fraternidad, la
tolerancia, la universalidad, etc. Cada concepto era simbolizado por una
herramienta de albañilería.

Internamente su organización consistía en grados. Estaban los aprendices,
quienes pasaban 6 años sólo desbastando piedras brutas, escuchando en
silencio en las reuniones donde se enseñaba el arte. Este “desbaste” de
piedras brutas con mazo y cincel dieron pie a la hermosa alegoría del
perfeccionamiento del espíritu profano lleno de aristas, con la ayuda de la
inteligencia (cincel) para identificar y apuntar el defecto, y con fuerza
(mazo) para eliminar ese defecto del carácter. El siguiente grado consistía
en el de Compañero que era el verdadero masón. Cada logia contaba con un
Maestro, que era un Compañero elegido por sus pares, y que dirigía los
trabajos. Los masones consideraban su oficio como sagrado pues contribuían a
la obra constructora de Dios. Las logias de diferentes países mantenían
relaciones diplomáticas. Cualquier compañero podía viajar a otro país con
alguna credencial de su logia y darse a conocer en otras logias por medio de
señas y palabras secretas. Un masón que tenía la libertad de viajar era
llamado masón “libre” o “francmasón”. Este “hermano” era aceptado y podía
trabajar allí cuanto tiempo desease aprendiendo nuevas técnicas que podía
transmitir a su regreso a su logia de origen.

Toda esta etapa es conocida como de la “Masonería Operativa”, no siendo más
que un gremio que perfeccionaba su oficio, protegía sus intereses como
cualquier gremio y sentía gran orgullo de su profesión.

Hacia mediados del siglo XVII la construcción de catedrales disminuyó
dramáticamente. Por ello su actividad decreció y sus reuniones fueron
tornándose cada vez más filosóficas. Esto fue de gran atractivo para algunos
intelectuales y nobles, quienes veían de buen gusto el pertenecer a las
logias a pesar de no haber trabajado jamás como albañiles. Las logias
aceptaban a estos nuevos miembros pues les daba un mayor prestigio y niveles
de contactos para obtener más trabajos. A estos nuevos miembros no
operativos se les denominó “Aceptados”, y de allí la actual denominación de
“masones libres, antiguos y aceptados”. Ya hacia fines del siglo XVII la
actividad operativa llegó a ser nula por lo que las logias se reunían
exclusivamente a la actividad “especulativa” o filosófica.

En 1717, cuatro logias de Inglaterra se reunieron en una taberna de Londres
con el simple fin de conformarse como Gran Logia de Inglaterra y volverse a
reunir en un año más. Para dirigir esa reunión se nombró como Gran Maestro
al Pastor presbiteriano James Anderson, quien redactó la Constitución
Masónica que, entre otras cosas, prohibía el ingreso de ateos. En dicha
constitución se fijaron las pautas del ritual a utilizar siendo aprobado el
Rito de York. Sus principios se basaban en la libertad, igualdad y
fraternidad, y su fin era el perfeccionamiento moral de cada miembro para
transmitir la fraternidad y la tolerancia a la humanidad. Este evento generó
un fuerte entusiasmo en una sociedad que tendía cada vez más al laicismo, y
no se hizo esperar la fusión de las logias en grandes logias en el resto de
Europa.

En Francia, la masonería tomó un cariz especial dada la influencia de
ciertos caballeros escoceses que introdujeron un tal Rito Escocés Antiguo y
Aceptado que, en todo caso, es desconocido en Escocia pues allí también se
usa hasta hoy el rito de York. Esto degeneró en una masonería de 33 grados,
cosa inexistente hasta entonces, con nombres rimbombantes, lo que resultó
muy atractivo para la intelectualidad y nobleza francesas. Esto llevó a
separar la masonería francesa en dos niveles: la masonería simbólica de 3
grados (aprendiz, compañero y maestro), y la filosófica de 30 grados que era
la que dirigía (y dirige hasta hoy) los destinos de la masonería de cada
país. La Masonería francesa encontró inmediatamente un rechazo doctrinal de
parte de la Iglesia Católica, la que en esa época se encontraba fuertemente
ligada al poder de la monarquía absoluta. Para los masones la monarquía
absoluta era contraria a su visión de libertad, igualdad y fraternidad. La
masonería francesa influyó en todas las masonerías latinas (España,
Portugal, Italia, Latinoamérica) las que se transformaron en fuertemente
anti católicas.

2. Definición de la Masonería.
La Masonería Especulativa es una organización secreta, iniciática y
esotérica cuyo fin es el perfeccionamiento de sus adeptos para transmitir en
su accionar en la sociedad los principios de Libertad, Igualdad y
Fraternidad. Instan a sus miembros a la práctica de la tolerancia y la
filantropía. Rechazan todo tipo de dogmas pues creen en la libertad de
conciencia. Utilizan un método pedagógico basado en alegorías simbólicas
provenientes de la Arquitectura y de la Construcción. Es de carácter
secreto, no teniendo acceso al conocimiento del Arte más que aquellos
aceptados por la Orden, quienes ingresan por invitación. La Masonería se
organiza en grados, entre los cuales también se practica el secreto, no
pudiendo un masón tener acceso a las enseñanzas de los grados superiores a
él.

La Masonería no es una religión ni es un partido político. Aceptan entre sus
miembros a hombres de toda creencia religiosa o política. No impone ninguna
visión divina, para lo cual crea el concepto simbólico del Gran Arquitecto
del Universo, cuyo fin es que simbólicamente responda a la particular visión
de Dios o de la creación que tenga cualquiera de sus miembros. En la mayoría
de las logias se pone la Biblia abierta en el altar, en otros países el
libro sagrado de la religión dominante o en otras como en Francia y México,
sólo la Constitución Política del país.

Sus reuniones son en base a rituales de un simbolismo proveniente también de
la albañilería. En dichas reuniones se estudian lecturas sobre diversos
temas simbólicos, filosóficos como algunos de actualidad, los que no pueden
ser de tipo partidista ni proselitista. Incorporan a su bagaje filosófico
los aportes de todos los grandes pensadores de la historia desde Hermes
Trismegisto hasta Ortega y Gasset, así como los misterios esotéricos de
todas las culturas ancestrales tales como la egipcia, griega, hindú,
arábiga, hebrea, oriental, además de la alquimia, el ocultismo, el tarot, el
horóscopo, la astrología, etc.

Valoran en gran forma la Razón, elevándola a la herramienta fundamental del
Hombre para alcanzar la Verdad, la felicidad y para que cada hombre
construya su propia escala ética con las herramientas proporcionadas por la
orden.

Hasta aquí la Masonería parece una institución anodina y preocupada del bien
de la humanidad, con ideas puras y libertarias para la felicidad del hombre.
¿Por qué entonces hay tanta animosidad hacia ella?

3. Influencia histórica.
El nacimiento en Inglaterra de la Masonería especulativa coincide con los
primeros albores de la Ilustración. Muchos pensadores, políticos y nobles
simpatizantes de la Ilustración se unieron a la Masonería al encontrar en
ella mucha sintonía con sus ideas. Esto generó una honesta preocupación de
la Iglesia pues ella veía en la Ilustración y en la Masonería graves
errores, lo que podía generar muchas pérdidas de almas. Por su parte los
intelectuales de la ilustración veían en la iglesia un pilar de la monarquía
absoluta, la que contradecía a todo concepto de libertad, por lo que
atacaron virulentamente a la iglesia y la acusaron de mantener cautiva la
conciencia del pueblo a través de dogmas y supersticiones, cooperando con
ello a la mantención del injusto sistema absolutista.

No todos los masones participaban necesariamente de todas estas ideas,
surgidas no a partir de las ideas masónicas originales sino más bien de la
mezcla con las ideas de la Ilustración, del racionalismo, del naturalismo y
de las ideas democráticas y republicanas. Al desencadenarse la Revolución
Francesa, muchos masones cayeron decapitados por orden de otros masones. La
revolución francesa significó además la muerte de un sinnúmero de religiosos
y religiosas que dieron su vida por Cristo.

La influencia de la Revolución Francesa sobre otros países no se hizo
esperar, generándose los movimientos independentistas de toda América. A
partir de este evento se inició en América Latina una sórdida lucha desde
inicios del siglo XIX hasta el siglo XX en que los movimientos políticos
liberales bregaron por la secularización de las costumbres, por la
separación de la Iglesia del Estado, por la tolerancia y libertad religiosa
y civil, etc. Muchas de estas luchas hoy nos parecen desconcertantes pues
incluso los católicos aceptamos como positivos muchos logros atribuidos a
partidos con fuerte influencia masónica. Para nadie hoy es negativo que la
Iglesia sea libre del Estado, que haya libertad religiosa y que haya
libertades civiles. Pero para la Iglesia en esa época todas estas cosas
fueron percibidas como una amenaza. Muchos masones son hoy admirados
próceres e intelectuales de sus respectivos países como Rousseau, Voltaire,
Danton, Robespierre, Marat, Miranda, Bolívar, San Martín, Sucre, O’Higgins,
Washington, Franklin, Martí, Juárez, Mozart, Haydn, Goethe, Fleming,
Garibaldi, Enrique VII de Inglaterra, Federico de Austria, Freud, Churchill
y más recientemente los presidentes de USA Roosevelt (padre e hijo), Truman
y Ford. Sólo por nombrar algunos.

Las diferencias entre la Iglesia y la Masonería están teñidas de dolorosos
hechos históricos y de encarnizadas luchas políticas, pero sus diferencias
se basan realmente en aspectos de carácter puramente doctrinal. La historia
ha hecho que además esto se acreciente con odios y mutuas recriminaciones
por errores de ambas partes. De allí que es necesario mirar con detenimiento
las diferencias puramente doctrinales sin hacernos partícipes de los
resquemores de la historia, para poder evaluar objetivamente por qué la
masonería es incompatible con nuestra fe católica.

4. Incompatibilidad doctrinal con el Cristianismo.

a. Anti dogmatismo: La masonería rechaza todo tipo de dogmas por
considerarlos contrarios a la libertad de conciencia, bien supremo y último
al que deben aspirar sus miembros. Sin embargo aceptan la ciencia como un
logro del intelecto humano. Los masones no perciben en esto una
contradicción evidente: en la ciencia no todo es demostrable. Existen los
axiomas sin cuya existencia como punto de partida no puede construirse el
cuerpo de conocimientos. No hay que demostrar los axiomas. Los axiomas son
los necesarios “dogmas” de la ciencia sin los cuales no puede existir. La
masonería, al enseñar a sus miembros que desechen todo tipo de dogmas, les
está diciendo que no hay verdad objetiva, que toda verdad es relativa al
punto de vista de cada uno, creándose una doctrina de alto relativismo
moral.

b. Racionalismo: La masonería propugna la Razón como la gran herramienta con
la que el hombre puede llegar a la verdad y a formar su propia escala de
valores. Este aspecto es uno de los más criticables de su doctrina pues
pretende igualar la limitada capacidad intelectual humana con la Revelación,
y por ende la razón está endiosada, es decir, reemplaza a Dios. De aquí
surge la soberbia y la vanidad intelectual en la que suelen caer muchos
masones. Todo aquello que la razón no logra entender debe desecharse o
ponerse en duda, pretendiendo aplicar el método científico incluso para
demostrar la existencia o no existencia de Dios. Como su existencia no es
demostrable por la razón muchos masones son realmente ateos.

c. Panteísmo: Aún cuando aceptan a adeptos de cualquier religión y dicen no
ser una religión, se enseña una visión panteísta. El panteísmo es la
creencia en que Dios es todo. Si Dios es todo, o sea es una cosa y no es
persona, entonces puedo concluir que yo soy Dios, lo que es un error. Por
otra parte el panteísmo al enseñar que Dios es toda la creación, confunde al
Creador con la Creación y lo despersonaliza. De allí que para ellos Dios no
es alguien al que yo pueda hablarle ni que se preocupe personalmente de mí.
Es un Dios sin amor que se manifiesta en las cosas, sin ningún objetivo ni
plan específico para el hombre, quien sería una cosa más de la creación. Hay
algunos pocos masones, normalmente cristianos protestantes o judíos, que
rechazan esta visión diciendo que el panteísmo es una forma elegante y
cómoda de ateísmo.

d. El Deísmo: Hay masones que también adscriben al deísmo, doctrina surgida
durante la Ilustración y que plantea la existencia de un Dios persona y
creador pero que no interviene en el curso de la historia ni en la vida
individual de las personas.

e. Agnosticismo: La mayor parte de los miembros de la masonería latina
adscriben al agnosticismo, doctrina filosófica que establece que no es
posible llegar al conocimiento de lo absoluto, por lo que sólo podemos
llegar al conocimiento de los fenómenos. Esta doctrina implica que, dado que
no es posible llegar al conocimiento de lo absoluto, entonces perseverar en
su búsqueda es una pérdida de tiempo. Los cristianos también creemos que no
es posible llegar a Dios por nuestros propios medios. Lo que sabemos de
Dios, es por la Revelación de Cristo, pero para la masonería aceptar la
Revelación no es compatible con el racionalismo, por lo tanto el
agnosticismo es más bien una invitación a no preocuparse de pensar en Dios y
ponerlo fuera de la vida de las personas. El agnóstico vive sin Dios sólo
porque no lo entiende. Pretende creer sólo en aquello que entiende. El
cristiano no trata de entender a Dios, sino que le pide humildemente hacer
Su voluntad, llenando con esto su vida y haciendo de Dios una experiencia
vivencial diaria. Dios está vivo, Cristo está vivo, el Espíritu Santo está
entre nosotros, aunque nuestra razón a veces no lo entienda del todo.

f. La Tolerancia: En general la tolerancia significa soportar la existencia
de algo negativo pero inevitable: tolerar el dolor, tolerar algo
desagradable, tolerar el error, etc. Sin embargo los masones ven la
tolerancia con una connotación positiva. Para ellos se trata de tener la
disposición para aceptar que el otro puede tener una porción de verdad en
sus ideas, lo que a primera vista es bastante razonable. Pero ellos
extrapolan la tolerancia hasta el nivel de las creencias, que son un nivel
superior e inmutable de ideas. Las creencias no pueden tener el mismo grado
de acomodación que las ideas. Hay creencias que conllevan la destrucción del
hombre y otras su salvación. Las ideas son comparables a teoremas
demostrables: si alguien me demuestra que estoy equivocado en mis ideas,
estoy dispuesto a cambiarlas pues no destruyen la base sobre la que sustento
mi vida, ni destruyen el camino de mi salvación. Mientras que las creencias
son axiomas que sí sustentan la vida de las personas y, nuevamente, caemos
en el tema de los dogmas. La tolerancia a todo implica nuevamente un rechazo
a la existencia de una verdad objetiva alcanzable por fe y no por discusión
y argumentación humanas, y a un total relativismo moral y religioso.

g. La autoconstrucción de la personalidad: Este elemento es muy actual, a
pesar de venir desde el siglo XVIII, pues se amolda perfectamente a las
actuales doctrinas de la Nueva Era donde el autoperfeccionamiento, la
evolución personal del individuo y la sobrevaloración del “yo” son vistas
como lo único necesario para estar en armonía con Dios, las personas, con
uno mismo y la naturaleza. Muchos masones caen en las garras de buscar
controlar el poder mental, fuente de mayores vanidades y de entusiasmo
ocultista, queriendo dominar sólo a través de la mente las naturales
debilidades humanas, sin la ayuda de Dios. Es una tentación de auto
salvación, y por tanto una tentación a que uno mismo reemplace a Dios. Para
el cristiano toda tentación sólo proviene del Maligno quien nos quiere lejos
de Dios, que creamos que no necesitamos a Dios, que nos bastamos nosotros
mismos y que somos omnipotentes para salvarnos solos, es decir, que nos
creamos Dios. Por otra parte esta evolución individualista implica
necesariamente un elitismo sólo para ciertos iniciados, al modo de los
gnósticos del siglo II. Nada más alejado a la gracia y universalidad de la
salvación, sin méritos propios, sólo por amor, que Jesús nos promete,
partiendo por los más humildes y pobres de espíritu, no por los
intelectuales y sabios.

h. El culto solar: Los masones, al hacer acopio de los misterios de muchas
culturas ancestrales, toman para sí los cultos solares de dichas culturas,
que vieron en el sol y en sus ciclos la fuente de vida y los cambios de la
naturaleza que hacían posible la agricultura y la subsistencia. Por ello la
masonería celebra con gran relevancia los solsticios de invierno y de
verano, además de asociarlos a ausencia y presencia de luz espiritual. De
hecho, durante la Revolución en Francia fueron abolidas todas las
manifestaciones religiosas, reemplazándolas por procesiones de culto solar
para celebrar los solsticios. Esto fue un retroceso de 10,000 años. Entonces
los pueblos paganos atribuían toda la vida al sol que no es más que una cosa
creada. Es de absoluto pecado a estas alturas continuar con estas
adoraciones solares, pues desde Abraham sabemos que sólo Dios es fuente de
vida, que el sol es instrumento de Dios para nuestra vida, pero no fuente de
vida, pues es parte de la creación de Dios. Nuevamente estamos ante un
elemento de la masonería para reemplazar a Dios.

i. Jesús: La masonería ve en Jesús al gran maestro de la Virtud, al cual
insisten, sin base, en ligarlo con la secta judía de los Esenios y a
relacionar, sin nada que lo demuestre, su vida desconocida entre los 12 a
los 30 años con una supuesta formación iniciática en Egipto. Dicen que todo
lo que enseñó fue en base a lo aprendido durante este período iniciático,
así como que su doctrina es puramente esénica. Su muerte no habría sido tal
y los supuestos ángeles que se aparecieron a María Magdalena serían en
realidad médicos esenios que lo revivieron. En otras palabras Jesús sería
uno más de los grandes iniciados de la humanidad, y no le reconocen
condición divina alguna. Es curiosa la pretensión de la masonería de
establecer hechos sin pruebas en la vida de Cristo que tienden a desvirtuar
al cristianismo, considerando que proclama no ser una religión. Es curioso
también que sea el cristianismo la única religión que recibe este ataque.
Las religiones con carácter legalista (judía, musulmana), filosóficas
(orientales), mágicas (hinduismo) o abiertamente mitológicas (griega,
nórdicas, germánicas) son altamente valoradas y no reciben ataque alguno.
Pareciera ser que deliberadamente pretendan socavar las bases del
cristianismo.

j. Aborto y Divorcio: En general la Masonería es partidaria de legislar en
estos temas, lo que no es aceptado por la Iglesia Católica. Sus razones son
las mismas de todos los divorcistas y abortistas.

5. Conclusiones.
La masonería especulativa, mezclada con los principios de la Ilustración y
con los misterios esotéricos de culturas paganas, es una degeneración de sus
orígenes operativos, se confunde hoy con los movimientos de la Nueva Era, en
los que cada persona puede construir su escala moral, lo que equivale a que
cada uno se hace su religión a su acomodo, y elige caracterizar a Dios como
le resulte más cómodo. La idea principal de estos movimientos como la
Masonería, los Rosacruces y los movimientos Hermetistas, etc., es la auto
superación, creyendo que el hombre es capaz de salvarse a sí mismo sin Dios
a través del conocimiento elitista y de la evolución de los iniciados,
negando la gratuidad y universalidad de la redención de Cristo, partiendo
por los menos sabios y los que sufren.

La masonería genera en sus miembros una auto satisfacción con juegos
intelectuales de alto vuelo. Sus miembros se gozan en sus propias
elucubraciones intelectuales y buscan ser admirados por su conocimiento y
sabiduría. Los masones se sienten soberbiamente fuera del mundo que llaman
“profano”, y creen ser los únicos que guardan los misterios ancestrales a
los cuales el pueblo ignorante no tiene ni debe tener acceso.

La Masonería Latina es fervientemente anti católica desde sus orígenes,
atacándola política y doctrinalmente como a ninguna otra religión. A pesar
de ello reclaman por ser discriminados por la Iglesia católica dado que ésta
prohibe a sus fieles incorporarse a la masonería, so pena de pecado grave
(no ex comunión), según aclaró la Iglesia en 1983. Muchos creyeron que tras
el Concilio Vaticano II se había levantado esta prohibición por lo que fue
necesaria dicha aclaración. Las razones son evidentes dadas las enormes
diferencias doctrinarias aquí explicadas: las doctrinas masónicas alejan al
hombre de Dios y lo reemplazan por el mismo hombre.

La masonería hostiga y reseca el corazón del hombre. No da cabida para que
el corazón acepte lo que la razón niega: que el poder de Dios no se compara
con nada que podamos siquiera imaginar, y que lo que Dios es capaz de hacer
supera infinitamente lo que nuestra razón es capaz de comprender. De allí
que dejar toda esperanza de verdad y felicidad en manos de nuestra propia
limitada razón humana es de una soberbia sin medida, y un camino seguro a la
desesperanza y la muerte espiritual.

Alejandro Gnecco.

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