Camino

Camino, fruto de la labor sacerdotal que san Josemaría Escrivá había iniciado en 1925, aparece por primera vez en 1934 (en Cuenca, España) con el título de “Consideraciones Espirituales“. En la edición siguiente -realizada en Valencia en 1939-, el libro, notablemente ampliado, recibe ya su título definitivo. Desde entonces se ha difundido con un ritmo sostenido y progresivo. Actualmente, se han publicado de Camino cerca de 4.500.000 ejemplares en 43 idiomas.

CAMINO

INTRODUCCIÓN

A ti, querido lector, van dirigidas esas líneas penetrantes, esos

pensamientos lacónicos; medita cada palabra e imprégnate de su

sentido.

En estas páginas aletea el espíritu de Dios. Detrás de cada una de sus

sentencias hay un santo que ve tu intención y aguarda tus decisiones.

Las frases quedan entrecortadas para que tú las completes con tu

conducta.

No des un paso atrás: tu vida va a consistir en hacer dulce el

sufrimiento. ¡Para eso eres discípulo del Maestro!

El mayor enemigo eres tú mismo, porque tu carne es flaca y terrena y

tú has de ser fuerte y celestial. El centro de gravedad de tu cuerpo es

el mundo; tu centro, de gravedad ha de ser el cielo. Tu corazón es

todo de Dios y sus afectos los has de consagrar por entero a Él.

Lector, no descanses; vela siempre y está alerta, porque el enemigo

no duerme. Si estas máximas las conviertes en vida propia, serás un

imitador perfecto de Jesucristo y un caballero sin tacha. Y con cristos

como tú volverá España a la antigua grandeza de sus santos, sabios y

héroes.

Vitoria, festividad de San José de 1939.

Xavier, A. A. de Vitoria

NOTA A LA TERCERA EDICION

En pocos meses se agotó la primera edición de este libro. Y, al sacarlo

a la luz por segunda vez, corrió la misma suerte. Está en la imprenta la

versión portuguesa y, desde Roma, nos piden que se haga pronto una

edición en italiano.

Tenemos datos consoladores —cartas de sacerdotes, de religiosos y,

sobre todo, de jóvenes— del fruto sobrenatural que estas páginas han

hecho en las almas. Ojalá, lector amigo, te sirva su lectura constante

para enderezar y afianzar tu camino.

Así lo pide al Señor, para ti,

El Autor

Segovia, en la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, 14 de

septiembre de 1945.

CAMINO 2

AL LECTOR

Lee despacio estos consejos.

Medita pausadamente estas consideraciones.

Son cosas que te digo al oído,

en confidencia de amigo, de hermano,

de padre.

Y estas confidencias las escucha Dios.

No te contaré nada nuevo.

Voy a remover en tus recuerdos,

para que se alce algún pensamiento

que te hiera:

y asi mejores tu vida

y te metas por caminos de oración

y de Amor.

Y acabes por ser alma de criterio.

CARÁCTER

1. Que tu vida no sea una vida estéril. —Sé útil. —Deja poso. —

Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor.

Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los

sembradores impuros del odio. —Y enciende todos los caminos de la

tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón.

2. Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran

decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo.

3. Gravedad. —Deja esos meneos y carantoñas de mujerzuela o de

chiquillo. —Que tu porte exterior sea reflejo de la paz y el orden de tu

espíritu.

4. No digas: “Es mi genio así…, son cosas de mi carácter”. Son cosas

de tu falta de carácter: Sé varón —”esto vir”.

5. Acostúmbrate a decir que no.

6. Vuelve las espaldas al infame cuando susurra en tus oídos: ¿para

qué complicarte la vida?

7. No tengas espíritu pueblerino. —Agranda tu corazón, hasta que sea

universal, “católico”.

No vueles como un ave de corral, cuando puedes subir como las

águilas.

8. Serenidad. —¿Por qué has de enfadarte si enfadándote ofendes a

Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato… y te has de

desenfadar al fin?

9. Eso mismo que has dicho dilo en otro tono, sin ira, y ganará fuerza

tu raciocinio, y, sobre todo, no ofenderás a Dios.

10. No reprendas cuando sientes la indignación por la falta cometida.

—Espera al día siguiente, o más tiempo aún. —Y después, tranquilo y

purificada la intención, no dejes de reprender. —Vas a conseguir más

con una palabra afectuosa que con tres horas de pelea. —Modera tu

genio.

CAMINO 4

11. Voluntad. —Energía. —Ejemplo. —Lo que hay que hacer, se

hace… Sin vacilar… Sin miramientos…

Sin esto, ni Cisneros hubiera sido Cisneros; ni Teresa de Ahumada,

Santa Teresa…; ni Iñigo de Loyola, San Ignacio…

¡Dios y audacia! —”Regnare Christum volumus!”

12. Crécete ante los obstáculos. —La gracia del Señor no te ha de

faltar: “inter medium montium pertransibunt aquae!” —¡pasarás a

través de los montes!

¿Qué importa que de momento hayas de recortar tu actividad si luego,

como muelle que fue comprimido, llegarás sin comparación más lejos

que nunca soñaste?

13. Aleja de ti esos pensamientos inútiles que, por lo menos, te hacen

perder el tiempo.

14. No pierdas tus energías y tu tiempo, que son de Dios, apedreando

los perros que te ladren en el camino. Desprécialos.

15. No dejes tu trabajo para mañana.

16. ¿Adocenarte? —¿¡Tú… del montón!? ¡Si has nacido para caudillo!

Entre nosotros no caben los tibios. Humíllate y Cristo te volverá a

encender con fuegos de Amor.

17. No caigas en esa enfermedad del carácter que tiene por síntomas

la falta de fijeza para todo, la ligereza en el obrar y en el decir, el

atolondramiento…: la frivolidad, en una palabra.

Y la frivolidad —no lo olvides— que te hace tener esos planes de cada

día tan vacíos (“tan llenos de vacío”), si no reaccionas a tiempo —no

mañana: ¡ahora!—, hará de tu vida un pelele muerto e inútil.

18. Te empeñas en ser mundano, frívolo y atolondrado porque eres

cobarde. ¿Qué es, sino cobardía, ese no querer enfrentarte contigo

mismo?

19. Voluntad. Es una característica muy importante. No desprecies las

cosas pequeñas, porque en el continuo ejercicio de negar y negarte en

esas cosas —que nunca son futilidades, ni naderías— fortalecerás,

CAMINO 5

virilizarás, con la gracia de Dios, tu voluntad, para ser muy señor de ti

mismo, en primer lugar. Y, después, guía, jefe, ¡caudillo!…, que

obligues, que empujes, que arrastres, con tu ejemplo y con tu palabra

y con tu ciencia y con tu imperio.

20. Chocas con el carácter de aquél o del otro… Necesariamente ha

de ser así: no eres una moneda de cinco duros que a todos gusta.

Además, sin esos choques que se producen al tratar al prójimo,

¿cómo irías perdiendo las puntas, aristas y salientes —

imperfecciones, defectos— de tu genio para adquirir la forma reglada,

bruñida y reciamente suave de la caridad, de la perfección?

Si tu carácter y los caracteres de quienes contigo conviven fueran

dulzones y tiernos como merengues, no te santificarías.

21. Pretextos. —Nunca te faltarán para dejar de cumplir tus deberes.

¡Qué abundancia de razonadas sinrazones!

No te detengas a considerarlas. —Recházalas y haz tu obligación.

22. Sé recio. —Sé viril. —Sé hombre. —Y después… sé ángel.

23. ¿Que… ¡no puedes hacer más!? —¿No será que… no puedes

hacer menos?

24. Tienes ambiciones:… de saber…, de acaudillar…, de ser audaz.

Bueno. Bien. —Pero… por Cristo, por Amor.

25. No discutáis. —De la discusión no suele salir la luz, porque la

apaga el apasionamiento.

26. El Matrimonio es un sacramento santo. —A su tiempo, cuando

hayas de recibirlo, que te aconseje tu director o tu confesor la lectura

de algún libro provechoso. —Y te dispondrás mejor a llevar

dignamente las cargas del hogar.

27. ¿Te ríes porque te digo que tienes “vocación matrimonial”? —Pues

la tienes: así, vocación.

Encomiéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta

el fin del camino, como a Tobías.

CAMINO 6

28. El matrimonio es para la clase de tropa y no para el estado mayor

de Cristo. —Así, mientras comer es una exigencia para cada individuo,

engendrar es exigencia sólo para la especie, pudiendo desentenderse

las personas singulares.

¿Ansia de hijos?… Hijos, muchos hijos, y un rastro imborrable de luz

dejaremos si sacrificamos el egoísmo de la carne.

29. La relativa y pobre felicidad del egoísta, que se encierra en su torre

de marfil, en su caparazón…, no es difícil conseguirla en este mundo.

—Pero la felicidad del egoísta no es duradera.

¿Vas a perder, por esa caricatura del cielo, la Felicidad de la Gloria,

que no tendrá fin?

30. Eres calculador. —No me digas que eres joven. La juventud da

todo lo que puede: se da ella misma sin tasa.

31. Egoísta. —Tú, siempre a “lo tuyo”. —Pareces incapaz de sentir la

fraternidad de Cristo: en los demás, no ves hermanos; ves peldaños.

Presiento tu fracaso rotundo. —Y, cuando estés hundido, querrás que

vivan contigo la caridad que ahora no quieres vivir.

32. Tú no serás caudillo si en la masa sólo ves el escabel para

alcanzar altura. —Tú serás caudillo si tienes ambición de salvar todas

las almas.

No puedes vivir de espaldas a la muchedumbre: es menester que

tengas ansias de hacerla feliz.

33. Nunca quieres “agotar la verdad”. —Unas veces, por corrección.

Otras —las más—, por no darte un mal rato. Algunas, por no darlo. Y,

siempre, por cobardía.

Así, con ese miedo a ahondar, jamás serás hombre de criterio.

34. No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la

muerte.

35. No me gusta tanto eufemismo: a la cobardía la llamáis prudencia.

—Y vuestra “prudencia” es ocasión de que los enemigos de Dios,

vacío de ideas el cerebro, se den tono de sabios y escalen puestos

que nunca debieran escalar.

CAMINO 7

36. Ese abuso no es irremediable. —Es falta de carácter consentir que

siga adelante, como cosa desesperada y sin posible rectificación.

No soslayes el deber. —Cúmplelo derechamente, aunque otros lo

dejen incumplido.

37. Tienes, como ahora dicen, “mucho cuento”. —Pero, con toda tu

verborrea, no lograrás que justifique —¡providencial!, me has dicho—

lo que no tiene justificación.

38. ¿Será verdad —no creo, no creo— que en la tierra no hay

hombres sino vientres?

39. “Pida que nunca quiera detenerme en lo fácil”. —Ya lo he pedido.

Ahora falta que te empeñes en cumplir ese hermoso propósito.

40. Fe, alegría, optimismo. —Pero no la sandez de cerrar los ojos a la

realidad.

41. ¡Qué modo tan trascendental de vivir las necedades vacías y qué

manera de llegar a ser algo en la vida —subiendo, subiendo— a

fuerza de “pesar poco”, de no tener nada, ni en el cerebro ni en el

corazón!

42. ¿Por qué esas variaciones de carácter? ¿Cuándo fijarás tu

voluntad en algo? —Deja tu afición a las primeras piedras y pon la

última en uno solo de tus proyectos.

43. No me seas tan… susceptible. —Te hieres por cualquier cosa. —

Se hace necesario medir las palabras para hablar contigo del asunto

más insignificante.

No te molestes si te digo que eres… insoportable. —Mientras no te

corrijas, nunca serás útil.

44. Pon la amable excusa que la caridad cristiana y el trato social

exigen. —Y, después, ¡camino arriba!, con santa desvergüenza, sin

detenerte hasta que subas del todo la cuesta del cumplimiento del

deber.

CAMINO 8

45. ¿Por qué te duelen esas equivocadas suposiciones que de ti

comentan? —Más lejos llegarías, si Dios te dejara. —Persevera en el

bien, y encógete de hombros.

46. ¿No crees que la igualdad, tal como la entienden, es sinónimo de

injusticia?

47. Ese énfasis y ese engolamiento te sientan mal: se ve que son

postizos. —Prueba, al menos, a no emplearlos ni con tu Dios, ni con tu

director, ni con tus hermanos: y habrá, entre ellos y tú, una barrera

menos.

48. Poco recio es tu carácter: ¡qué afán de meterte en todo! —Te

empeñas en ser la sal de todos los platos… Y —no te enfadarás

porque te hable claro— tienes poca gracia para ser sal: y no eres

capaz de deshacerte y pasar inadvertido a la vista, igual que ese

condimento.

Te falta espíritu de sacrificio. Y te sobra espíritu de curiosidad y de

exhibición.

49. Cállate. —No me seas “niñoide”, caricatura de niño, “correveidile”,

encizañador, soplón. —Con tus cuentos y tus chismes has entibiado la

caridad: has hecho la peor labor, y… si acaso has removido —mala

lengua— los muros fuertes de la perseverancia de otros, tu

perseverancia deja de ser gracia de Dios, porque es instrumento

traidor del enemigo.

50. Eres curioso y preguntón, oliscón y ventanero: ¿no te da

vergüenza ser, hasta en los defectos, tan poco masculino? —Sé

varón: y esos deseos de saber de los demás trócalos en deseos y

realidades de propio conocimiento.

51. Tu espíritu de varón, rectilíneo y sencillo, se abruma al sentirse

envuelto en enredos, dimes y diretes, que no acaba de explicarse y en

los que nunca se quiso mezclar. —Pasa por la humillación que supone

andar así en boca ajena, y procura que el escarmiento te dé más

discreción.

52. ¿Por qué, al juzgar a los demás, pones en tu crítica el amargor de

tus propios fracasos?

CAMINO 9

53. Ese espíritu crítico —te concedo que no es susurración— no

debes ejercitarlo con vuestro apostolado, ni con tus hermanos. —Ese

espíritu crítico, para vuestra empresa sobrenatural —¿me perdonas

que te lo diga?— es un gran estorbo, porque mientras examinas la

labor de los otros, sin que tengas por qué examinar nada —con

absoluta elevación de miras: te lo concedo—, tú no haces obra

positiva alguna y enmoheces, con tu ejemplo de pasividad, la buena

marcha de todos.

“Entonces —preguntas, inquieto— ¿ese espíritu crítico, que es como

sustancia de mi carácter…?”

Mira —te tranquilizaré—, toma una pluma y una cuartilla: escribe

sencilla y confiadamente —¡ah!, y brevemente— los motivos que te

torturan, entrega la nota al superior, y no pienses más en ella. —Él,

que hace cabeza —tiene gracia de estado—, archivará la nota… o la

echará en el cesto de los papeles. —Para ti, como tu espíritu crítico no

es susurración y lo ejercitas con elevadas miras, es lo mismo.

54. ¿Contemporizar? —Es palabra que sólo se encuentra —¡hay que

contemporizar!— en el léxico de los que no tienen gana de lucha —

comodones, cucos o cobardes—, porque de antemano se saben

vencidos.

55. Hombre: sé un poco menos ingenuo (aunque seas muy niño, y aun

por serlo delante de Dios), y no me “pongas en berlina” a tus

hermanos ante los extraños.

CAMINO 10

DIRECCIÓN

56. Madera de santo. —Eso dicen de algunas gentes: que tienen

madera de santos. —Aparte de que los santos no han sido de madera,

tener madera no basta.

Se precisa mucha obediencia al Director y mucha docilidad a la gracia.

—Porque, si no se deja a la gracia de Dios y al Director que hagan su

obra, jamás aparecerá la escultura, imagen de Jesús, en que se

convierte el hombre santo.

Y la “madera de santo”, de que venimos hablando, no pasará de ser

un leño informe, sin labrar, para el fuego… ¡para un buen fuego si era

buena madera!

57. Frecuenta el trato del Espíritu Santo —el Gran Desconocido— que

es quien te ha de santificar.

No olvides que eres templo de Dios. —El Paráclito está en el centro de

tu alma: óyele y atiende dócilmente sus inspiraciones.

58. No estorbes la obra del Paráclito: únete a Cristo, para purificarte, y

siente, con Él, los insultos, y los salivazos, y los bofetones…, y las

espinas, y el peso de la cruz…, y los hierros rompiendo tu carne, y las

ansias de una muerte en desamparo…

Y métete en el costado abierto de Nuestro Señor Jesús hasta hallar

cobijo seguro en su llagado Corazón.

59. Conviene que conozcas esta doctrina segura: el espíritu propio es

mal consejero, mal piloto, para dirigir el alma en las borrascas y

tempestades, entre los escollos de la vida interior.

Por eso es Voluntad de Dios que la dirección de la nave la lleve un

Maestro, para que, con su luz y conocimiento, nos conduzca a puerto

seguro.

60. Si no levantarías sin un arquitecto una buena casa para vivir en la

tierra, ¿cómo quieres levantar sin Director el alcázar de tu santificación

para vivir eternamente en el cielo?

61. Cuando un seglar se erige en maestro de moral se equivoca

frecuentemente: los seglares sólo pueden ser discípulos.

CAMINO 11

62. Director. —Lo necesitas. —Para entregarte, para darte…,

obedeciendo. —Y Director que conozca tu apostolado, que sepa lo

que Dios quiere: así secundará, con eficacia, la labor del Espíritu

Santo en tu alma, sin sacarte de tu sitio…, llenándote de paz, y

enseñándote el modo de que tu trabajo sea fecundo.

63. Tú —piensas— tienes mucha personalidad: tus estudios —tus

trabajos de investigación, tus publicaciones—, tu posición social —tus

apellidos—, tus actuaciones políticas —los cargos que ocupas—, tu

patrimonio…, tu edad, ¡ya no eres un niño!…

Precisamente por todo eso necesitas más que otros un Director para

tu alma.

64. No ocultes a tu Director esas insinuaciones del enemigo. —Tu

victoria, al hacer la confidencia, te da más gracia de Dios. —Y además

tienes ahora, para seguir venciendo, el don de consejo y las oraciones

de tu padre espiritual.

65. ¿Por qué ese reparo de verte tú mismo y de hacerte ver por tu

Director tal como en realidad eres?

Habrás ganado una gran batalla si pierdes el miedo a darte a conocer.

66. El Sacerdote —quien sea— es siempre otro Cristo.

67. No quiero —por sabido— dejar de recordarte otra vez que el

Sacerdote es “otro Cristo”. —Y que el Espíritu Santo ha dicho: “nolite

tangere Christos meos” —no queráis tocar a “mis Cristos”.

68. Presbítero, etimológicamente, es tanto como anciano. —Si merece

veneración la ancianidad, piensa cuánto más habrás de venerar al

Sacerdote.

69. ¡Qué poca finura de espíritu —y qué falta de respeto— supone

dedicar bromas y vayas al Sacerdote —quien sea— bajo ningún

pretexto!

70. Insisto: esas bromas —burlas— al Sacerdote, con todas las

circunstancias que a ti te parezcan atenuantes, son siempre, por lo

menos, una ordinariez, una chabacanería.

CAMINO 12

71. ¡Cómo hemos de admirar la pureza sacerdotal! —Es su tesoro. —

Ningún tirano podrá arrancar jamás a la Iglesia esta corona.

72. No me pongas al Sacerdote en el trance de perder su gravedad.

Es virtud que, sin envaramiento, necesita tener.

¡Cómo la pedía —¡Señor, dame… ochenta años de gravedad!— aquel

clérigo joven, nuestro amigo!

Pídela tú también, para el Sacerdocio entero, y habrás hecho una

buena cosa.

73. Te ha dolido —como una puñalada en el corazón— que dijeran de

ti que hablaste mal de aquellos sacerdotes. —Y me alegro de tu dolor:

¡ahora sí que estoy seguro de tu buen espíritu!

74. Amar a Dios y no venerar al Sacerdote… no es posible.

75. Como los hijos buenos de Noé, cubre con la capa de la caridad las

miserias que veas en tu padre, el Sacerdote.

76. Si no tienes un plan de vida, nunca tendrás orden.

77. Eso de sujetarse a un plan de vida, a un horario —me dijiste—, ¡es

tan monótono! Y te contesté: hay monotonía porque falta Amor.

78. Si no te levantas a hora fija nunca cumplirás el plan de vida.

79. ¿Virtud sin orden? —¡Rara virtud!

80. Cuando tengas orden se multiplicará tu tiempo, y, por tanto, podrás

dar más gloria a Dios, trabajando más en su servicio.

CAMINO 13

ORACIÓN

81. La acción nada vale sin la oración: la oración se avalora con el

sacrificio.

82. Primero, oración; después, expiación; en tercer lugar, muy en

“tercer lugar”, acción.

83. La oración es el cimiento del edificio espiritual. —La oración es

omnipotente.

84. “Domine, doce nos orare” —¡Señor, enséñanos a orar! —Y el

Señor respondió: cuando os pongáis a orar, habéis de decir: “Pater

noster, qui es in coelis…” —Padre nuestro, que estás en los cielos…

¡Cómo no hemos de tener en mucho la oración vocal!

85. Despacio. —Mira qué dices, quién lo dice y a quién. —Porque ese

hablar de prisa, sin lugar para la consideración, es ruido, golpeteo de

latas.

Y te diré con Santa Teresa, que no lo llamo oración, aunque mucho

menees los labios.

86. Tu oración debe ser litúrgica. —Ojalá te aficiones a recitar los

salmos, y las oraciones del misal, en lugar de oraciones privadas o

particulares.

87. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede

de la boca de Dios”, dijo el Señor. —¡Pan y palabra!: Hostia y oración.

Si no, no vivirás vida sobrenatural.

88. Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su

afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este

mundo…, aunque los amigos a veces traicionan. —No me parece mal.

Pero… ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la

compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona?

89. “María escogió la mejor parte”, se lee en el Santo Evangelio. —Allí

está ella, bebiendo las palabras del Maestro. En aparente inactividad,

ora y ama. —Después, acompaña a Jesús en sus predicaciones por

ciudades y aldeas.

CAMINO 14

Sin oración, ¡qué difícil es acompañarle!

90. ¿Que no sabes orar? —Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto

comiences a decir: “Señor, ¡que no sé hacer oración!…”, está seguro

de que has empezado a hacerla.

91. Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” —¿De

qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones

nobles, preocupaciones diarias…, ¡flaquezas!: y hacimientos de

gracias y peticiones: y Amor y desagravio.

En dos palabras: conocerle y conocerte: “¡tratarse!”

92. “Et in meditatione mea exardescit ignis” —Y, en mi meditación, se

enciende el fuego. —A eso vas a la oración: a hacerte una hoguera,

lumbre viva, que dé calor y luz.

Por eso cuando no sepas ir adelante, cuando sientas que te apagas, si

no puedes echar en el fuego troncos olorosos, echa las ramas y la

hojarasca de pequeñas oraciones vocales, de jaculatorias, que sigan

alimentando la hoguera. —Y habrás aprovechado el tiempo.

93. Te ves tan miserable que te reconoces indigno de que Dios te

oiga… Pero, ¿y los méritos de María? ¿Y las llagas de tu Señor? Y…

¿acaso no eres hijo de Dios?

Además, Él te escucha “quoniam bonus…, quoniam in saeculum

misericordia ejus”: porque es bueno, porque su misericordia

permanece siempre.

94. Se ha hecho tan pequeño —ya ves: ¡un Niño!— para que te le

acerques con confianza.

95. “In te, Domine, speravi”: en ti, Señor, esperé. —Y puse, con los

medios humanos, mi oración y mi cruz. —Y mi esperanza no fue vana,

ni jamás lo será: “non confundar in aeternum”!

96. Habla Jesús: “Así os digo yo: pedid, y se os dará; buscad, y

hallaréis; llamad, y se os abrirá”.

Haz oración. ¿En qué negocio humano te pueden dar más

seguridades de éxito?

CAMINO 15

97. No sabes qué decir al Señor en la oración. No te acuerdas de

nada, y, sin embargo, querrías consultarle muchas cosas. —Mira:

toma algunas notas durante el día de las cuestiones que desees

considerar en la presencia de Dios. Y ve con esa nota luego a orar.

98. Después de la oración del Sacerdote y de las vírgenes

consagradas, la oración más grata a Dios es la de los niños y la de los

enfermos.

99. Cuando vayas a orar, que sea éste un firme propósito: ni más

tiempo por consolación, ni menos por aridez.

100. No digas a Jesús que quieres consuelo en la oración. —Si te lo

da, agradéceselo. —Dile siempre que quieres perseverancia.

101. Persevera en la oración. —Persevera, aunque tu labor parezca

estéril. —La oración es siempre fecunda.

102. Tu inteligencia está torpe, inactiva: haces esfuerzos inútiles para

coordinar las ideas en la presencia del Señor: ¡un verdadero

atontamiento!

No te esfuerces, ni te preocupes. —Óyeme bien: es la hora del

corazón.

103. Esas palabras, que te han herido en la oración, grábalas en tu

memoria y recítalas pausadamente muchas veces durante el día.

104. “Pernoctans in oratione Dei” —pasó la noche en oración. —Esto

nos dice San Lucas, del Señor.

Tú, ¿cuántas veces has perseverado así? —Entonces…

105. ¿Si no tratas a Cristo en la oración y en el Pan, cómo le vas a dar

a conocer?

106. Me has escrito, y te entiendo: “Hago todos los días mi “ratito” de

oración: ¡si no fuera por eso!”

107. ¿Santo, sin oración?… —No creo en esa santidad.

CAMINO 16

108. Te diré, plagiando la frase de un autor extranjero, que tu vida de

apóstol vale lo que vale tu oración.

109. Si no eres hombre de oración, no creo en la rectitud de tus

intenciones cuando dices que trabajas por Cristo.

110. Me has dicho alguna vez que pareces un reloj descompuesto,

que suena a destiempo: estás frío, seco y árido a la hora de tu oración;

y, en cambio, cuando menos era de esperar, en la calle, entre los

afanes de cada día, en medio del barullo y alboroto de la ciudad, o en

la quietud laboriosa de tu trabajo profesional, te sorprendes orando…

¿A destiempo? Bueno; pero no desaproveches esas campanadas de

tu reloj. —El espíritu sopla donde quiere.

111. Me has hecho reír con tu oración… impaciente. —Le decías: “no

quiero hacerme viejo, Jesús… ¡Es mucho esperar para verte!

Entonces, quizá no tenga el corazón en carne viva, como lo tengo

ahora. Viejo, me parece tarde. Ahora, mi unión sería más gallarda,

porque te quiero con Amor de doncel”.

112. Me gusta que vivas esa “reparación ambiciosa”: ¡el mundo!, me

has dicho. —Bien. Pero, en primer término, los de tu familia

sobrenatural y de sangre, los del país que es nuestra Patria.

113. Le decías: “No te fíes de mí… Yo sí que me fío de ti, Jesús… Me

abandono en tus brazos: allí dejo lo que tengo, ¡mis miserias!” —Y me

parece buena oración.

114. La oración del cristiano nunca es monólogo.

115. “Minutos de silencio”. —Dejadlos para los que tienen el corazón

seco.

Los católicos, hijos de Dios, hablamos con el Padre nuestro que está

en los cielos.

116. No dejes tu lección espiritual. —La lectura ha hecho muchos

santos.

117. En la lectura —me escribes— formo el depósito de combustible.

—Parece un montón inerte, pero es de allí de donde muchas veces mi

CAMINO 17

memoria saca espontáneamente material, que llena de vida mi oración

y enciende mi hacimiento de gracias después de comulgar.

CAMINO 18

SANTA PUREZA

118. La santa pureza la da Dios cuando se pide con humildad.

119. ¡Qué hermosa es la santa pureza! Pero no es santa, ni agradable

a Dios, si la separamos de la caridad.

La caridad es la semilla que crecerá y dará frutos sabrosísimos con el

riego, que es la pureza.

Sin caridad, la pureza es infecunda, y sus aguas estériles convierten

las almas en un lodazal, en una charca inmunda, de donde salen

vaharadas de soberbia.

120. ¿Pureza? —preguntan. Y se sonríen. —Son los mismos que van

al matrimonio con el cuerpo marchito y el alma desencantada.

Os prometo un libro —si Dios me ayuda— que podrá llevar este título:

“Celibato, Matrimonio y Pureza”.

121. Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que contrarreste y

anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia.

—Y esa cruzada es obra vuestra.

122. Muchos viven como ángeles en medio del mundo. —Tú… ¿por

qué no?

123. Cuando te decidas con firmeza a llevar vida limpia, para ti la

castidad no será carga: será corona triunfal.

124. Me escribías, médico apóstol: “Todos sabemos por experiencia

que podemos ser castos, viviendo vigilantes, frecuentando los

Sacramentos y apagando los primeros chispazos de la pasión sin

dejar que tome cuerpo la hoguera. Y precisamente entre los castos se

cuentan los hombres más íntegros, por todos los aspectos. Y entre los

lujuriosos dominan los tímidos, egoístas, falsarios y crueles, que son

características de poca virilidad”.

125. Yo quisiera —me has dicho— que Juan, el adolescente, tuviera

una confidencia conmigo y me diera consejos: y me animase para

conseguir la pureza de mi corazón.

Si verdaderamente quieres, díselo: y sentirás ánimos y tendrás

consejo.

CAMINO 19

126. La gula es la vanguardia de la impureza.

127. No quieras dialogar con la concupiscencia: despréciala.

128. El pudor y la modestia son hermanos pequeños de la pureza.

129. Sin la santa pureza no se puede perseverar en el apostolado.

130. Quítame, Jesús, esa corteza roñosa de podredumbre sensual

que recubre mi corazón, para que sienta y siga con facilidad los toques

del Paráclito en mi alma.

131. Nunca hables, ni para lamentarte, de cosas o sucesos impuros.

—Mira que es materia más pegajosa que la pez. —Cambia de

conversación, y, si no es posible, síguela, hablando de la necesidad y

hermosura de la santa pureza, virtud de hombres que saben lo que

vale su alma.

132. No tengas la cobardía de ser “valiente”: ¡huye!

133. Los santos no han sido seres deformes; casos para que los

estudie un médico modernista.

Fueron, son normales: de carne, como la tuya. —Y vencieron.

134. Aunque la carne se vista de seda… —Te diré, cuando te vea

vacilar ante la tentación, que oculta su impureza con pretextos de arte,

de ciencia…, ¡de caridad!

Te diré, con palabras de un viejo refrán español: aunque la carne se

vista de seda, carne se queda.

135. ¡Si supieras lo que vales!… —Es San Pablo quien te lo dice: has

sido comprado “pretio magno” —a gran precio.

Y luego te dice: “glorificate et portate Deum in corpore vestro” —

glorifica a Dios y llévale en tu cuerpo.

136. Cuando has buscado la compañía de una satisfacción sensual…

¡qué soledad luego!

CAMINO 20

137. ¡Y pensar que por una satisfacción de un momento, que dejó en ti

posos de hiel y acíbar, me has perdido “el camino”!

138. “Infelix ego homo!, quis me liberabit de corpore mortis hujus?” —

¡Pobre de mí!, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? —Así

clama San Pablo. —Anímate: él también luchaba.

139. A la hora de la tentación piensa en el Amor que en el cielo te

aguarda: fomenta la virtud de la esperanza, que no es falta de

generosidad.

140. No te preocupes, pase lo que pase, mientras no consientas. —

Porque sólo la voluntad puede abrir la puerta del corazón e introducir

en él esas execraciones.

141. En tu alma parece que materialmente oyes: “¡ese prejuicio

religioso!”… —Y después la defensa elocuente de todas las miserias

de nuestra pobre carne caída: “¡sus derechos!”.

Cuando esto te suceda di al enemigo que hay ley natural y ley de Dios,

¡y Dios! —Y también infierno.

142. “Domine!” —¡Señor!— “si vis, potes me mundare” —si quieres,

puedes curarme.

—¡Qué hermosa oración para que la digas muchas veces con la fe del

leprosito cuando te acontezca lo que Dios y tú y yo sabemos! —No

tardarás en sentir la respuesta del Maestro: “volo, mundare!” —quiero,

¡sé limpio!

143. Por defender su pureza San Francisco de Asís se revolcó en la

nieve, San Benito se arrojó a un zarzal, San Bernardo se zambulló en

un estanque helado… —Tú, ¿qué has hecho?

144. La pureza limpísima de toda la vida de Juan le hace fuerte ante la

Cruz. —Los demás apóstoles huyen del Gólgota: él, con la Madre de

Cristo, se queda.

—No olvides que la pureza enrecia, viriliza el carácter.

145. Frente de Madrid. Una veintena de oficiales en noble y alegre

camaradería. Se oye una canción, y después otra y más. Aquel

muchacho del bigote moreno sólo oyó la primera:

CAMINO 21

“Corazones partidos

yo no los quiero;

y si le doy el mío,

lo doy entero.”

“¡Qué resistencia a dar mi corazón entero!” —Y la oración brotó, en

cauce manso y ancho.

CAMINO 22

CORAZÓN

146. Me das la impresión de que llevas el corazón en la mano, como

ofreciendo una mercancía: ¿quién lo quiere? —Si no apetece a

ninguna criatura, vendrás a entregarlo a Dios.

¿Crees que han hecho así los santos?

147. ¿Las criaturas para ti? —Las criaturas para Dios: si acaso, para ti

por Dios.

148. ¿Por qué abocarte a beber en las charcas de los consuelos

mundanos si puedes saciar tu sed en aguas que saltan hasta la vida

eterna?

149. Despréndete de las criaturas hasta que quedes desnudo de ellas.

Porque —dice el Papa San Gregorio— el demonio nada tiene propio

en este mundo, y desnudo acude a la contienda. Si vas vestido a

luchar con él, pronto caerás en tierra: porque tendrá de donde cogerte.

150. Parece como si tu Ángel te dijera: ¡tienes tu corazón lleno de

tanta afección humana!… —Y luego: ¿eso quieres que custodie tu

Custodio?

151. Desasimiento. —¡Cómo cuesta!… ¡Quién me diera no tener más

atadura que tres clavos ni más sensación en mi carne que la Cruz!

152. ¿No presientes que te aguarda más paz y más unión cuando

hayas correspondido a esa gracia extraordinaria que te exige un total

desasimiento?

—Lucha por Él, por darle gusto: pero fortalece tu esperanza.

153. ¡Anda!, con generosidad y como un niño, dile: ¿qué me irás a dar

cuando me exiges “eso”?

154. Tienes miedo de hacerte, para todos, frío y envarado. ¡Tanto

quieres despegarte!

—Deja esa preocupación: si eres de Cristo —¡todo de Cristo!—, para

todos tendrás —también de Cristo— fuego, luz y calor.

155. Jesús no se satisface “compartiendo”: lo quiere todo.

CAMINO 23

156. No quieres sujetarte a la Voluntad de Dios… y te acomodas, en

cambio, a la voluntad de cualquier criaturilla.

157. No me saques las cosas de quicio: si se te da Dios mismo, ¿a

qué ese apego a las criaturas?

158. Ahora son lágrimas. —¿Duele, eh? —¡Claro, hombre!: por eso

precisamente te han dado ahí.

159. Flaquea tu corazón y buscas un asidero en la tierra. —Bueno;

pero cuida de que el apoyo que tomas para no caer no se convierta en

peso muerto que te arrastre, en cadena que te esclavice.

160. Dime, dime: eso… ¿es una amistad o es una cadena?

161. Haces un derroche de ternura. —Y te digo: caridad con tus

prójimos, sí: siempre. —Pero —óyeme bien, alma de apóstol—, es de

Cristo, y sólo para Él, ese otro sentimiento que el Señor mismo ha

puesto en tu pecho. —Además…, no es cierto que al descorrer algún

cerrojo de tu corazón —siete cerrojos necesitas— más de una vez

quedó flotando en tu horizonte sobrenatural la nubecilla de la duda…, y

te preguntas, atormentado a pesar de tu pureza de intención: ¿no

habré ido demasiado lejos en mis manifestaciones exteriores de

afecto?

162. El corazón, a un lado. Primero, el deber. —Pero, al cumplir el

deber, pon en ese cumplimiento el corazón: que es suavidad.

163. Si tu ojo derecho te escandalizare…, ¡arráncalo y tíralo lejos! —

¡pobre corazón, que es el que te escandaliza!

Apriétalo, estrújalo entre tus manos: no le des consuelos. —Y, lleno de

una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en

confidencia: “Corazón, ¡corazón en la Cruz!, ¡corazón en la Cruz!”

164. ¿Cómo va ese corazón? —No te me inquietes: los santos —que

eran seres bien conformados y normales, como tú y como yo—

sentían también esas “naturales” inclinaciones. Y si no las hubieran

sentido, su reacción “sobrenatural” de guardar su corazón —alma y

CAMINO 24

cuerpo— para Dios, en vez de entregarlo a una criatura, poco mérito

habría tenido.

Por eso, visto el camino, creo que la flaqueza del corazón no debe ser

obstáculo para un alma decidida y “bien enamorada”.

165. Tú… que por un amorcillo de la tierra has pasado por tantas

bajezas, ¿de veras te crees que amas a Cristo y no pasas, ¡por Él!,

esa humillación?

166. Me escribes: “Padre, tengo… dolor de muelas en el corazón”. —

No lo tomo a chacota, porque entiendo que te hace falta un buen

dentista que te haga unas extracciones.

¡Si te dejaras!…

167. “¡Ah, si hubiera roto al principio!”, me has dicho. —Ojalá no

tengas que repetir esa exclamación tardía.

168. “Me hizo gracia que hable usted de la “cuenta” que le pedirá

Nuestro Señor. No, para ustedes no será Juez —en el sentido austero

de la palabra— sino simplemente Jesús”. —Esta frase, escrita por un

Obispo santo, que ha consolado más de un corazón atribulado, bien

puede consolar el tuyo.

169. Te acogota el dolor porque lo recibes con cobardía. —Recíbelo,

valiente, con espíritu cristiano: y lo estimarás como un tesoro.

170. ¡Qué claro el camino!… ¡Qué patentes los obstáculos!… ¡Qué

buenas armas para vencerlos!… —Y, sin embargo, ¡cuántas

desviaciones y cuántos tropiezos! ¿Verdad?

—Es el hilillo sutil —cadena: cadena de hierro forjado—, que tú y yo

conocemos, y que no quieres romper, la causa que te aparta del

camino y que te hace tropezar y aun caer.

—¿A qué esperas para cortarlo… y avanzar?

171. El Amor… ¡bien vale un amor!

CAMINO 25

MORTIFICACIÓN

172. Si no eres mortificado, nunca serás alma de oración.

173. Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu boca; la sonrisa

amable para quien te molesta; aquel silencio ante la acusación injusta;

tu bondadosa conversación con los cargantes y los inoportunos; el

pasar por alto cada día, a las personas que conviven contigo, un

detalle y otro fastidiosos e impertinentes… Esto, con perseverancia, sí

que es sólida mortificación interior.

174. No digas: esa persona me carga. —Piensa: esa persona me

santifica.

175. Ningún ideal se hace realidad sin sacrificio. —Niégate. —¡Es tan

hermoso ser víctima!

176. ¡Cuántas veces te propones servir a Dios en algo… y te has de

conformar, tan miserable eres, con ofrecerle la rabietilla, el sentimiento

de no haber sabido cumplir aquel propósito tan fácil!

177. No desaproveches la ocasión de rendir tu juicio propio. —

Cuesta…, pero ¡qué agradable es a los ojos de Dios!

178. Cuando veas una pobre Cruz de palo, sola, despreciable y sin

valor… y sin Crucifijo, no olvides que esa Cruz es tu Cruz: la de cada

día, la escondida, sin brillo y sin consuelo…, que está esperando el

Crucifijo que le falta: y ese Crucifijo has de ser tú.

179. Busca mortificaciones que no mortifiquen a los demás.

180. Donde no hay mortificación, no hay virtud.

181. Mortificación interior. —No creo en tu mortificación interior si veo

que desprecias, que no practicas, la mortificación de los sentidos.

182. Bebamos hasta la última gota del cáliz del dolor en la pobre vida

presente. —¿Qué importa padecer diez años, veinte, cincuenta…, si

luego es el cielo para siempre, para siempre…, para siempre?

CAMINO 26

—Y, sobre todo, —mejor que la razón apuntada, “propter

retributionem”—, ¿qué importa padecer, si se padece por consolar, por

dar gusto a Dios nuestro Señor, con espíritu de reparación, unido a Él

en su Cruz, en una palabra: si se padece por Amor?…

183. ¡Los ojos! Por ellos entran en el alma muchas iniquidades. —

¡Cuántas experiencias a lo David!… —Si guardáis la vista habréis

asegurado la guarda de vuestro corazón.

184. ¿Para qué has de mirar, si “tu mundo” lo llevas dentro de ti?

185. El mundo admira solamente el sacrificio con espectáculo, porque

ignora el valor del sacrificio escondido y silencioso.

186. Hay que darse del todo, hay que negarse del todo: es preciso que

el sacrificio sea holocausto.

187. Paradoja: para Vivir hay que morir.

188. Mira que el corazón es un traidor. —Tenlo cerrado con siete

cerrojos.

189. Todo lo que no te lleve a Dios es un estorbo. Arráncalo y tíralo

lejos.

190. Le hacía el Señor decir a un alma, que tenía un superior

inmediato iracundo y grosero: Muchas gracias, Dios mío, por este

tesoro verdaderamente divino, porque ¿cuándo encontraré otro que a

cada amabilidad me corresponda con un par de coces?

191. Véncete cada día desde el primer momento, levantándote en

punto, a la hora fija, sin conceder ni un minuto a la pereza.

Si, con la ayuda de Dios, te vences, tendrás mucho adelantado para el

resto de la jornada.

¡Desmoraliza tanto sentirse vencido en la primera escaramuza!

192. Siempre sales vencido. —Proponte, cada vez, la salvación de un

alma determinada, o su santificación, o su vocación al apostolado… —

Así estoy seguro de tu victoria.

CAMINO 27

193. No me seas flojo, blando. —Ya es hora de que rechaces esa

extraña compasión que sientes de ti mismo.

194. Yo te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra

para que no los desperdicies: hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra,

pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel…

195. Tuvo acierto quien dijo que el alma y el cuerpo son dos enemigos

que no pueden separarse, y dos amigos que no se pueden ver.

196. Al cuerpo hay que darle un poco menos de lo justo. Si no, hace

traición.

197. Si han sido testigos de tus debilidades y miserias, ¿qué importa

que lo sean de tu penitencia?

198. Estos son los frutos sabrosos del alma mortificada: comprensión

y transigencia para las miserias ajenas; intransigencia para las

propias.

199. Si el grano de trigo no muere queda infecundo. —¿No quieres ser

grano de trigo, morir por la mortificación, y dar espigas bien granadas?

—¡Que Jesús bendiga tu trigal!

200. No te vences, no eres mortificado, porque eres soberbio. —¿Que

tienes una vida penitente? No olvides que la soberbia es compatible

con la penitencia… —Más razones: la pena tuya, después de la caída,

después de tus faltas de generosidad, ¿es dolor o es rabieta de verte

tan pequeño y sin fuerzas? —¡Qué lejos estás de Jesús, si no eres

humilde…, aunque tus disciplinas florezcan cada día rosas nuevas!

201. ¡Qué sabores de hiel y de vinagre, y de ceniza y de acíbar! ¡Qué

paladar tan reseco, pastoso y agrietado! —Parece nada esta

impresión fisiológica si la comparamos con los otros sinsabores de tu

alma.

—Es que “te piden más” y no sabes darlo. —Humíllate: ¿quedaría esa

amarga impresión de desagrado, en tu carne y en tu espíritu, si

hicieras todo lo que puedes?

CAMINO 28

202. ¿Que vas a imponerte voluntariamente un castigo por tu flaqueza

y falta de generosidad? —Bueno: pero que sea una penitencia

discreta, como impuesta a un enemigo que a la vez fuera nuestro

hermano.

203. La alegría de los pobrecitos hombres, aunque tenga motivo

sobrenatural, siempre deja un regusto de amargura. —¿Qué creías?

—Aquí abajo, el dolor es la sal de nuestra vida.

204. ¡Cuántos que se dejarían enclavar en una cruz, ante la mirada

atónita de millares de espectadores, no saben sufrir cristianamente los

alfilerazos de cada día! —Piensa, entonces, qué es lo más heroico.

205. Leíamos —tú y yo— la vida heroicamente vulgar de aquel

hombre de Dios. —Y le vimos luchar, durante meses y años (¡qué

“contabilidad”, la de su examen particular!), a la hora del desayuno:

hoy vencía, mañana era vencido… Apuntaba: “no tomé mantequilla…,

¡tomé mantequilla!”

Ojalá también vivamos —tú y yo— nuestra…, “tragedia” de la

mantequilla.

206. El minuto heroico. —Es la hora, en punto, de levantarte. Sin

vacilación: un pensamiento sobrenatural y… ¡arriba! —El minuto

heroico: ahí tienes una mortificación que fortalece tu voluntad y no

debilita tu naturaleza.

207. Agradece, como un favor muy especial, ese santo aborrecimiento

que sientes de ti mismo.

CAMINO 29

PENITENCIA

208. Bendito sea el dolor. —Amado sea el dolor. —Santificado sea el

dolor… ¡Glorificado sea el dolor!

209. Todo un programa, para cursar con aprovechamiento la

asignatura del dolor, nos da el Apóstol: “spe gaudentes” —por la

esperanza, contentos, “in tribulatione patientes” —sufridos, en la

tribulación, “orationi instantes” —en la oración, continuos.

210. Expiación: ésta es la senda que lleva a la Vida.

211. Entierra con la penitencia, en el hoyo profundo que abra tu

humildad, tus negligencias, ofensas y pecados. —Así entierra el

labrador, al pie del árbol que los produjo, frutos podridos, ramillas

secas y hojas caducas. —Y lo que era estéril, mejor, lo que era

perjudicial, contribuye eficazmente a una nueva fecundidad.

Aprende a sacar, de las caídas, impulso: de la muerte, vida.

212. Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. —Será, en todo caso, la

triste imagen que pueden formar tus ojos turbios… —Purifícate.

Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego… no te

faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu

imagen será realmente la suya: ¡Él!

213. Jesús sufre por cumplir la Voluntad del Padre… Y tú, que quieres

también cumplir la Santísima Voluntad de Dios, siguiendo los pasos

del Maestro, ¿podrás quejarte si encuentras por compañero de camino

al sufrimiento?

214. Di a tu cuerpo: prefiero tener un esclavo a serlo tuyo.

215. ¡Qué miedo le tiene la gente a la expiación! Si lo que hacen por

bien parecer al mundo lo hicieran rectificando la intención, por Dios…

¡qué santos serían algunos y algunas!

216. ¿Lloras? —No te dé vergüenza. Llora: que sí, que los hombres

también lloran, como tú, en la soledad y ante Dios. —Por la noche,

dice el Rey David, regaré con mis lágrimas mi lecho.

CAMINO 30

Con esas lágrimas, ardientes y viriles, puedes purificar tu pasado y

sobrenaturalizar tu vida actual.

217. Te quiero feliz en la tierra. —No lo serás si no pierdes ese miedo

al dolor. Porque, mientras “caminamos”, en el dolor está precisamente

la felicidad.

218. ¡Qué hermoso es perder la vida por la Vida!

219. Si sabes que esos dolores —físicos o morales— son purificación

y merecimiento, bendícelos.

220. ¿No te produce mal sabor de boca el deseo de bienestar

fisiológico —”Dios le dé salud, hermano”— con que ciertos pobres

agradecen o reclaman una limosna?

221. Si somos generosos en la expiación voluntaria, Jesús nos llenará

de gracia para amar las expiaciones que Él nos mande.

222. Que tu voluntad exija a los sentidos, mediante la expiación, lo que

las otras potencias le niegan en la oración.

223. ¡Qué poco vale la penitencia sin la continua mortificación!

224. ¿Tienes miedo a la penitencia?… A la penitencia, que te ayudará

a obtener la Vida eterna. —En cambio, por conservar esta pobre vida

de ahora, ¿no ves cómo los hombres se someten a las mil torturas de

una cruenta operación quirúrgica?

225. Tu mayor enemigo eres tú mismo.

226. Trata a tu cuerpo con caridad, pero no con más caridad que la

que se emplea con un enemigo traidor.

227. Si sabes que tu cuerpo es tu enemigo, y enemigo de la gloria de

Dios, al serlo de tu santificación, ¿por qué le tratas con tanta

blandura?

228. “Que pasen buena tarde” —nos dijeron, como es costumbre—, y

comentó un alma muy de Dios: ¡qué deseos más cortos!

CAMINO 31

229. Contigo, Jesús, ¡qué placentero es el dolor y qué luminosa la

oscuridad!

230. ¡Sufres! —Pues, mira: “Él” no tiene el Corazón más pequeño que

el nuestro. —¿Sufres? Conviene.

231. El ayuno riguroso es penitencia gratísima a Dios. —Pero, entre

unos y otros, hemos abierto la mano. No importa —al contrario— que

tú, con la aprobación de tu Director, lo practiques frecuentemente.

232. ¿Motivos para la penitencia?: Desagravio, reparación, petición,

hacimiento de gracias: medio para ir adelante…: por ti, por mí, por los

demás, por tu familia, por tu país, por la Iglesia… Y mil motivos más.

233. No hagas más penitencia que la que te consienta tu Director.

234. ¡Cómo ennoblecemos el dolor, poniéndolo en el lugar que le

corresponde (expiación) en la economía del espíritu!

CAMINO 32

EXAMEN

235. Examen. —Labor diaria. —Contabilidad que no descuida nunca

quien lleva un negocio.

¿Y hay negocio que valga más que el negocio de la vida eterna?

236. A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo.

237. Examínate: despacio, con valentía. —¿No es cierto que tu mal

humor y tu tristeza inmotivados —inmotivados, aparentemente—

proceden de tu falta de decisión para romper los lazos sutiles, pero

“concretos”, que te tendió —arteramente, con paliativos— tu

concupiscencia?

238. El examen general parece defensa. —El particular, ataque. —El

primero es la armadura. El segundo, espada toledana.

239. Una mirada al pasado. Y… ¿lamentarte? No: que es estéril. —

Aprender: que es fecundo.

240. Pide luces. —Insiste: hasta dar con la raíz para aplicarle esa

arma de combate que es el examen particular.

241. Con el examen particular has de ir derechamente a adquirir una

virtud determinada o a arrancar el defecto que te domina.

242. “Lo que debo a Dios, por cristiano: mi falta de correspondencia,

ante esa deuda, me ha hecho llorar de dolor: de dolor de Amor. “Mea

culpa!”” —Bueno es que vayas reconociendo tus deudas: pero no

olvides cómo se pagan: con lágrimas… y con obras.

243. “Qui fidelis est in minimo et in majori fidelis est” —quien es fiel en

lo poco también lo es en lo mucho. —Son palabras de San Lucas que

te señalan —haz examen— la raíz de tus descaminos.

244. Reacciona. —Oye lo que te dice el Espíritu Santo: “Si inimicus

meus maledixisset mihi, sustinuissem utique” —si mi enemigo me

ofende, no es extraño, y es más tolerable. Pero, tú… “tu vero homo

unanimis, dux meus, et notus meus, qui simul mecum dulces capiebas

CAMINO 33

cibos” —¡tú, mi amigo, mi apóstol, que te asientas a mi mesa y comes

conmigo dulces manjares!

245. En días de retiro tu examen debe tener más hondura y más

extensión que el tiempo habitual nocturno. —Si no, pierdes una gran

ocasión de rectificar.

246. Acaba siempre tu examen con un acto de Amor —dolor de

Amor—: por ti, por todos los pecados de los hombres… —Y considera

el cuidado paternal de Dios, que te quitó los obstáculos para que no

tropezases.

CAMINO 34

PROPÓSITOS

247. Concreta. —Que no sean tus propósitos luces de bengala que

brillan un instante para dejar como realidad amarga un palitroque

negro e inútil que se tira con desprecio.

248. ¡Eres tan joven! —Me pareces un barco que emprende la

marcha. —Esa ligera desviación de ahora, si no la corriges, hará que

al final no llegues a puerto.

249. Haz pocos propósitos. —Haz propósitos concretos. —Y

cúmplelos con la ayuda de Dios.

250. Me has dicho, y te escuché en silencio: “Sí: quiero ser santo.”

Aunque esta afirmación, tan difuminada, tan general, me parezca de

ordinario una tontería.

251. ¡Mañana!: alguna vez es prudencia; muchas veces es el adverbio

de los vencidos.

252. Haz este propósito determinado y firme: acordarte, cuando te den

honras y alabanzas, de aquello que te avergüenza y sonroja.

Esto es tuyo; la alabanza y la gloria, de Dios.

253. Pórtate bien “ahora”, sin acordarte de “ayer”, que ya pasó, y sin

preocuparte de “mañana”, que no sabes si llegará para ti.

254. ¡Ahora! Vuelve a tu vida noble ahora. —No te dejes engañar:

“ahora” no es demasiado pronto… ni demasiado tarde.

255. ¿Quieres que te diga todo lo que pienso de “tu camino”? —Pues,

mira: que si correspondes a la llamada, trabajarás por Cristo como el

que más: que si te haces hombre de oración, tendrás la

correspondencia de que hablo antes y buscarás, con hambre de

sacrificio, los trabajos más duros…

Y serás feliz aquí y felicísimo luego, en la Vida.

256. Esa llaga duele. —Pero está en vías de curación: sé consecuente

con tus propósitos. Y pronto el dolor será gozosa paz.

CAMINO 35

257. Estás como un saco de arena. —No haces nada de tu parte. Y

así no es extraño que comiences a sentir los síntomas de la tibieza. —

Reacciona.

CAMINO 36

ESCRÚPULOS

258. Rechaza esos escrúpulos que te quitan la paz. —No es de Dios

lo que roba la paz del alma.

Cuando Dios te visite sentirás la verdad de aquellos saludos: la paz os

doy…, la paz os dejo…, la paz sea con vosotros…, y esto, en medio de

la tribulación.

259. ¡Todavía los escrúpulos! —Habla con sencillez y claridad a tu

Director.

Obedece… y no empequeñezcas el Corazón amorosísimo del Señor.

260. Tristeza, apabullamiento. No me extraña: es la nube de polvo que

levantó tu caída. Pero, ¡basta!: ¿acaso el viento de la gracia no llevó

lejos esa nube?

Después, tu tristeza —si no la rechazas— bien podría ser la envoltura

de tu soberbia. —¿Es qué te creías perfecto e impecable?

261. Te prohíbo que pienses más en eso. —En cambio, bendice a

Dios, que volvió la vida a tu alma.

262. No pienses más en tu caída. —Ese pensamiento, además de losa

que te cubre y abruma, será fácilmente ocasión de próximas

tentaciones. —Cristo te perdonó: olvídate del hombre viejo.

263. No te desalientes. —Te he visto luchar…: tu derrota de hoy es

entrenamiento para la victoria definitiva.

264. Te has portado bien…, aunque hayas caído así de hondo. —Te

has portado bien, porque te humillaste, porque has rectificado, porque

te has llenado de esperanza, y la esperanza te trajo de nuevo al Amor.

—No pongas esa cara boba de pasmo: ¡te has portado bien! —Te

alzaste del suelo: “surge”, resonó de nuevo la voz poderosa, “et

ambula!”: ahora, ¡a trabajar!

CAMINO 37

PRESENCIA DE DIOS

265. Los hijos… ¡Cómo procuran comportarse dignamente cuando

están delante de sus padres!

Y los hijos de Reyes, delante de su padre el Rey, ¡cómo procuran

guardar la dignidad de la realeza!

Y tú… ¿no sabes que estás siempre delante del Gran Rey, tu Padre-

Dios?

266. No tomes una decisión sin detenerte a considerar el asunto

delante de Dios.

267. Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de

continuo. —Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan

las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro

lado.

Y está como un Padre amoroso —a cada uno de nosotros nos quiere

más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos—,

ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo… y perdonando.

¡Cuántas veces hemos hecho desarrugar el ceño de nuestros padres

diciéndoles, después de una travesura: ¡ya no lo haré más! —Quizá

aquel mismo día volvimos a caer de nuevo… Y nuestro padre, con

fingida dureza en la voz, la cara seria, nos reprende…, a la par que se

enternece su corazón, conocedor de nuestra flaqueza, pensando:

pobre chico, ¡qué esfuerzos hace para portarse bien!

Preciso es que nos empapemos, que nos saturemos de que Padre y

muy Padre nuestro es el Señor que está junto a nosotros y en los

cielos.

268. Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias,

muchas veces al día. —Porque te da esto y lo otro. —Porque te han

despreciado. —Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.

Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. —

Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. —

Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso…

Dale gracias por todo, porque todo es bueno.

269. No seas tan ciego o tan atolondrado que dejes de meterte dentro

de cada Sagrario cuando divises los muros o torres de las casas del

Señor. —Él te espera.

CAMINO 38

No seas tan ciego o tan atolondrado que dejes de rezar a María

Inmaculada una jaculatoria siquiera cuando pases junto a los lugares

donde sabes que se ofende a Cristo.

270. ¿No te alegra si has descubierto en tu camino habitual por las

calles de la urbe ¡otro Sagrario!?

271. Decía un alma de oración: en las intenciones, sea Jesús nuestro

fin; en los afectos, nuestro Amor; en la palabra, nuestro asunto; en las

acciones, nuestro modelo.

272. Emplea esas santas “industrias humanas” que te aconsejé para

no perder la presencia de Dios: jaculatorias, actos de Amor y

desagravio, comuniones espirituales, “miradas” a la imagen de

Nuestra Señora…

273. ¡Solo! —No estás solo. Te hacemos mucha compañía desde

lejos. —Además…, asentado en tu alma en gracia, el Espíritu Santo —

Dios contigo— va dando tono sobrenatural a todos tu pensamientos,

deseos y obras.

274. Padre —me decía aquel muchachote (¿qué habrá sido de él?),

buen estudiante de la Central—, pensaba en lo que usted me dijo…

¡que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, “engallado” el

cuerpo y soberbio por dentro… ¡hijo de Dios!”

Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la “soberbia”.

275. No dudo de tu rectitud. —Sé que obras en la presencia de Dios.

Pero, ¡hay un pero!: tus acciones las presencian o las pueden

presenciar hombres que juzguen humanamente… Y es preciso darles

buen ejemplo.

276. Si te acostumbras, siquiera una vez por semana, a buscar la

unión con María para ir a Jesús, verás cómo tienes más presencia de

Dios.

277. Me preguntas: ¿por qué esa Cruz de palo? —Y copio de una

carta: “Al levantar la vista del microscopio la mirada va a tropezar con

la Cruz negra y vacía. Esta Cruz sin Crucificado es un símbolo. Tiene

una significación que los demás no verán. Y el que, cansado, estaba a

CAMINO 39

punto de abandonar la tarea, vuelve a acercar los ojos al ocular y

sigue trabajando: porque la Cruz solitaria está pidiendo unas espaldas

que carguen con ella”.

278. Ten presencia de Dios y tendrás vida sobrenatural.

CAMINO 40

VIDA SOBRENATURAL

279. La gente tiene una visión plana, pegada a la tierra, de dos

dimensiones. —Cuando vivas vida sobrenatural obtendrás de Dios la

tercera dimensión: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el

volumen.

280. Si pierdes el sentido sobrenatural de tu vida, tu caridad será

filantropía; tu pureza, decencia; tu mortificación, simpleza; tu disciplina,

látigo, y todas tus obras, estériles.

281. El silencio es como el portero de la vida interior.

282. Paradoja: es más asequible ser santo que sabio, pero es más

fácil ser sabio que santo.

283. Distraerte. —¡Necesitas distraerte!…, abriendo mucho tus ojos

para que entren bien las imágenes de las cosas, o cerrándolos casi,

por exigencias de tu miopía…

¡Ciérralos del todo!: ten vida interior, y verás, con color y relieve

insospechados, las maravillas de un mundo mejor, de un mundo

nuevo: y tratarás a Dios…, y conocerás tu miseria…, y te endiosarás…

con un endiosamiento que, al acercarte a tu Padre, te hará más

hermano de tus hermanos los hombres.

284. Aspiración: Que sea yo bueno, y todos los demás mejores que

yo.

285. La conversión es cosa de un instante. —La santificación es obra

de toda la vida.

286. Nada hay mejor en el mundo que estar en gracia de Dios.

287. Pureza de intención. —La tendrás siempre, si, siempre y en todo,

sólo buscas agradar a Dios.

288. Métete en las llagas de Cristo Crucificado. Allí aprenderás a

guardar tus sentidos, tendrás vida interior, y ofrecerás al Padre de

continuo los dolores del Señor y los de María, para pagar por tus

deudas y por todas las deudas de los hombres.

CAMINO 41

289. Tu impaciencia santa, por servirle, no desagrada a Dios. —Pero

será estéril si no va acompañada de un efectivo mejoramiento en tu

conducta diaria.

290. Rectificar. —Cada día un poco. —Esta es tu labor constante si de

veras quieres hacerte santo.

291. Tienes obligación de santificarte. —Tú también. —¿Quién piensa

que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos?

A todos, sin excepción, dijo el Señor: “Sed perfectos, como mi Padre

Celestial es perfecto”.

292. Precisamente tu vida interior debe ser eso: comenzar… y

recomenzar.

293. En la vida interior, ¿has considerado despacio la hermosura de

“servir” con voluntariedad actual?

294. No se veían las plantas cubiertas por la nieve. —Y comentó,

gozoso, el labriego dueño del campo: “ahora crecen para adentro.”

—Pensé en ti: en tu forzosa inactividad…

—Dime: ¿creces también para adentro?

295. Si no eres señor de ti mismo, aunque seas poderoso, me causa

pena y risa tu señorío.

296. Es duro leer, en los Santos Evangelios, la pregunta de Pilato: “¿A

quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, que se llama

Cristo?” —Es más penoso oír la respuesta: “¡A Barrabás!”

Y más terrible todavía darme cuenta de que ¡muchas veces!, al

apartarme del camino, he dicho también “¡a Barrabás!”, y he añadido

“¿a Cristo?… “Crucifige eum!” —¡Crucifícalo!”

297. Todo eso, que te preocupa de momento, importa más o menos.

—Lo que importa absolutamente es que seas feliz, que te salves.

298. ¡Luces nuevas! —¡Qué alegría tienes por que el Señor te hizo

descubrir otro Mediterráneo!

CAMINO 42

—Aprovecha esos instantes: es la hora de romper a cantar un himno

de acción de gracias: y es también la hora de desempolvar rincones

de tu alma, de dejar alguna rutina, de obrar más sobrenaturalmente,

de evitar un posible escándalo en el prójimo…

—En una palabra: que tu agradecimiento se manifieste en un

propósito concreto.

299. Cristo ha muerto por ti. —Tú… ¿qué debes hacer por Cristo?

300. Tu experiencia personal —ese desabrimiento, esa inquietud, esa

amargura— te hace vivir la verdad de aquellas palabras de Jesús:

¡nadie puede servir a dos señores!

CAMINO 43

MÁS DE VIDA INTERIOR

301. Un secreto. —Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son

crisis de santos.

—Dios quiere un puñado de hombres “suyos” en cada actividad

humana. —Después… “pax Christi in regno Christi” —la paz de Cristo

en el reino de Cristo.

302. Tu Crucifijo. —Por cristiano, debieras llevar siempre contigo tu

Crucifijo. Y ponerlo sobre tu mesa de trabajo. Y besarlo antes de darte

al descanso y al despertar: y cuando se rebele contra tu alma el pobre

cuerpo, bésalo también.

303. Pierde el miedo a llamar al Señor por su nombre —Jesús— y a

decirle que le quieres.

304. Procura lograr diariamente unos minutos de esa bendita soledad

que tanta falta hace para tener en marcha la vida interior.

305. Me has escrito: “La sencillez es como la sal de la perfección. Y es

lo que a mí me falta. Quiero lograrla, con la ayuda de Él y de usted.”

—Ni la de Él ni la mía te faltará. —Pon los medios.

306. Que la vida del hombre sobre la tierra es milicia, lo dijo Job hace

muchos siglos.

—Todavía hay comodones que no se han enterado.

307. Ese modo sobrenatural de proceder es una verdadera táctica

militar. —Sostienes la guerra —las luchas diarias de tu vida interior—

en posiciones, que colocas lejos de los muros capitales de tu fortaleza.

Y el enemigo acude allí: a tu pequeña mortificación, a tu oración

habitual, a tu trabajo ordenado, a tu plan de vida: y es difícil que llegue

a acercarse hasta los torreones, flacos para el asalto, de tu castillo. —

Y si llega, llega sin eficacia.

308. Me escribes y copio: “Mi gozo y mi paz. Nunca podré tener

verdadera alegría si no tengo paz. ¿Y qué es la paz? La paz es algo

muy relacionado con la guerra. La paz es consecuencia de la victoria.

La paz exige de mí una continua lucha, sin lucha no podré tener paz”.

CAMINO 44

309. ¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! —

Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y,

en el divino, se perdona.

¡Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia!

310. “Induimini Dominum Jesum Christum” —revestíos de Nuestro

Señor Jesucristo, decía San Pablo a los Romanos. —En el

Sacramento de la Penitencia es donde tú y yo nos revestimos de

Jesucristo y de sus merecimientos.

311. ¡La guerra! —La guerra tiene una finalidad sobrenatural —me

dices— desconocida para el mundo: la guerra ha sido para nosotros…

—La guerra es el obstáculo máximo del camino fácil. —Pero

tendremos, al final, que amarla, como el religioso debe amar sus

disciplinas.

312. ¡Poder de tu nombre, Señor! —Encabecé mi carta, como suelo:

“Jesús te me guarde”.

—Y me escriben: “El ¡Jesús te me guarde! de su carta ya me ha

servido para librarme de una buena. Que Él les guarde también a

todos”.

313. “Ya que el Señor me ayuda con su acostumbrada generosidad,

procuraré corresponder con un “afinamiento” de mis modos”, me

dijiste. —Y yo no tuve nada que añadir.

314. Te escribí, y te decía: “me apoyo en ti: ¡tú verás qué hacemos…!”

—¡Qué íbamos a hacer, sino apoyarnos en el Otro!

315. Misionero. —Sueñas con ser misionero. Tienes vibraciones a lo

Xavier: y quieres conquistar para Cristo un imperio. —¿El Japón,

China, la India, Rusia…, los pueblos fríos del norte de Europa, o

América, o África, o Australia?

—Fomenta esos incendios en tu corazón, esas hambres de almas.

Pero no me olvides que eres más misionero “obedeciendo”. Lejos

geográficamente de esos campos de apostolado, trabajas “aquí” y

“allí”: ¿no sientes —¡como Xavier!— el brazo cansado después de

administrar a tantos el bautismo?

CAMINO 45

316. Me dices que sí, que quieres. —Bien, pero ¿quieres como un

avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un

ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer?

—¿No? —Entonces no quieres.

317. ¡Qué afán ponen los hombres en sus asuntos terrenos!: ilusiones

de honores, ambición de riquezas, preocupaciones de sensualidad. —

Ellos y ellas, ricos y pobres, viejos y hombres maduros y jóvenes y aun

niños: todos igual.

—Cuando tú y yo pongamos el mismo afán en los asuntos de nuestra

alma tendremos una fe viva y operativa: y no habrá obstáculo que no

venzamos en nuestras empresas de apostolado.

318. Para ti, que eres deportista, ¡qué buena razón es ésta del

Apóstol!: “Nescitis quod ii qui in stadio currunt omnes quidem currunt,

sed unus accipit bravium? Sic currite ut comprehendatis” —¿No sabéis

que los que corren en el estadio, aunque todos corren, uno sólo se

lleva el premio? Corred de tal manera que le ganéis.

319. Recógete. —Busca a Dios en ti y escúchale.

320. Fomenta esos pensamientos nobles, esos santos deseos

incipientes… —Un chispazo puede dar lugar a una hoguera.

321. Alma de apóstol: esa intimidad de Jesús contigo, ¡tan cerca de Él,

tantos años!, ¿no te dice nada?

322. Es verdad que a nuestro Sagrario le llamo siempre Betania… —

Hazte amigo de los amigos del Maestro: Lázaro, Marta, María. —Y

después ya no me preguntarás por qué llamo Betania a nuestro

Sagrario.

323. Tú sabes que hay “consejos evangélicos”. Seguirlos es una finura

de amor. —Dicen que es camino de pocos. —A veces, pienso que

podría ser camino de muchos.

324. “Quia hic homo coepit aedificare et non potuit consummare!” —

¡comenzó a edificar y no pudo terminar!

CAMINO 46

Triste comentario, que, si no quieres, no se hará de ti: porque tienes

todos los medios para coronar el edificio de tu santificación: la gracia

de Dios y tu voluntad.

CAMINO 47

TIBIEZA

325. Lucha contra esa flojedad que te hace perezoso y abandonado

en tu vida espiritual. —Mira que puede ser el principio de la tibieza…,

y, en frase de la Escritura, a los tibios los vomitará Dios.

326. Me duele ver el peligro de tibieza en que te encuentras cuando no

te veo ir seriamente a la perfección dentro de tu estado.

—Di conmigo: ¡no quiero tibieza!: “confige timore tuo carnes meas!” —

¡dame, Dios mío, un temor filial, que me haga reaccionar!

327. Ya sé que evitas los pecados mortales. —¡Quieres salvarte! —

Pero no te preocupa ese continuo caer deliberadamente en pecados

veniales, aunque sientes la llamada de Dios, para vencerte en cada

caso.

—Tu tibieza hace que tengas esa mala voluntad.

328. ¡Qué poco amor de Dios tienes cuando cedes sin lucha porque

no es pecado grave!

329. Los pecados veniales hacen mucho daño al alma. —Por eso,

“capite nobis vulpes parvulas, quae demoliuntur vineas”, dice el Señor

en el “Cantar de los Cantares”: cazad las pequeñas raposas que

destruyen la viña.

330. ¡Qué pena me das mientras no sientas dolor de tus pecados

veniales! —Porque, hasta entonces, no habrás comenzado a tener

verdadera vida interior.

331. Eres tibio si haces perezosamente y de mala gana las cosas que

se refieren al Señor; si buscas con cálculo o “cuquería” el modo de

disminuir tus deberes; si no piensas más que en ti y en tu comodidad;

si tus conversaciones son ociosas y vanas; si no aborreces el pecado

venial; si obras por motivos humanos.

CAMINO 48

ESTUDIO

332. Al que pueda ser sabio no le perdonamos que no lo sea.

333. Estudio. —Obediencia: “non multa, sed multum”.

334. Oras, te mortificas, trabajas en mil cosas de apostolado…, pero

no estudias. —No sirves entonces si no cambias.

El estudio, la formación profesional que sea, es obligación grave entre

nosotros.

335. Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es una hora de

oración.

336. Si has de servir a Dios con tu inteligencia, para ti estudiar es una

obligación grave.

337. Frecuentas los Sacramentos, haces oración, eres casto… y no

estudias… —No me digas que eres bueno: eres solamente

bondadoso.

338. Antes, como los conocimientos humanos —la ciencia— eran muy

limitados, parecía muy posible que un solo individuo sabio pudiera

hacer la defensa y apología de nuestra Santa Fe.

Hoy, con la extensión y la intensidad de la ciencia moderna, es preciso

que los apologistas se dividan el trabajo para defender en todos los

terrenos científicamente a la Iglesia.

—Tú… no te puedes desentender de esta obligación.

339. Libros: no los compres sin aconsejarte de personas cristianas,

doctas y discretas. —Podrías comprar una cosa inútil o perjudicial.

¡Cuántas veces creen llevar debajo del brazo un libro… y llevan una

carga de basura!

340. Estudia. —Estudia con empeño. —Si has de ser sal y luz,

necesitas ciencia, idoneidad.

¿O crees que por vago y comodón vas a recibir ciencia infusa?

341. Está bien que pongas ese empeño en el estudio, siempre que

pongas el mismo empeño en adquirir la vida interior.

CAMINO 49

342. No olvides que antes de enseñar hay que hacer. —”Coepit facere

et docere”, dice de Jesucristo la Escritura Santa: comenzó a hacer y a

enseñar.

—Primero, hacer. Para que tú y yo aprendamos.

343. Trabaja. —Cuando tengas la preocupación de una labor

profesional, mejorará la vida de tu alma: y serás más varonil, porque

abandonarás ese “espíritu de chinchorrería” que te consume.

344. Educador: el empeño innegable que pones en conocer y practicar

el mejor método para que tus alumnos adquieran la ciencia terrena

ponlo también en conocer y practicar la ascética cristiana, que es el

único método para que ellos y tú seáis mejores.

345. ¡Cultura, cultura! —Bueno: que nadie nos gane a ambicionarla y

poseerla.

—Pero, la cultura es medio y no fin.

346. Estudiante: fórmate en una piedad sólida y activa, destaca en el

estudio, siente anhelos firmes de apostolado profesional. —Y yo te

prometo, con ese vigor de tu formación religiosa y científica, prontas y

dilatadas expansiones.

347. Sólo te preocupas de edificar tu cultura. —Y es preciso edificar tu

alma. —Así trabajarás como debes, por Cristo: para que Él reine en el

mundo hace falta que haya quienes, con la vista en el cielo, se

dediquen prestigiosamente a todas las actividades humanas, y, desde

ellas, ejerciten calladamente —y eficazmente— un apostolado de

carácter profesional.

348. Tu desidia, tu dejadez, tu gandulería son cobardía y comodidad

—te lo arguye de continuo la conciencia—, pero “no son camino”.

349. Queda tranquilo si asentaste una opinión ortodoxa, aunque la

malicia del que te escuchó le lleve a escandalizarse. —Porque su

escándalo es farisaico.

350. No es suficiente que seas sabio, además de buen cristiano. —Si

no corriges las maneras bruscas de tu carácter, si haces incompatibles

CAMINO 50

tu celo y tu ciencia con la buena educación, no entiendo que puedas

ser santo. —Y, si eres sabio, aunque lo seas, deberías estar amarrado

a un pesebre, como un mulo.

351. Con ese aire de suficiencia resultas un tipo molesto y antipático,

te pones en ridículo, y, lo que es peor, quitas eficacia a tu trabajo de

apóstol.

No olvides que hasta las “medianías” pueden pecar por demasiado

sabias.

352. Tu misma inexperiencia te lleva a esa presunción, a esa vanidad,

a eso que tú crees que te da aire de importancia.

—Corrígete, por favor. Necio y todo, puedes llegar a ocupar cargos de

dirección (más de un caso se ha visto), y, si no te persuades de tu falta

de dotes, te negarás a escuchar a quienes tengan don de consejo. Y

causa miedo pensar el daño que hará tu desgobierno.

353. Aconfesionalismo. Neutralidad. —Viejos mitos que intentan

siempre remozarse.

¿Te has molestado en meditar lo absurdo que es dejar de ser católico,

al entrar en la Universidad o en la Asociación profesional o en la

Asamblea sabia o en el Parlamento, como quien deja el sombrero en

la puerta?

354. Aprovéchame el tiempo. —No te olvides de la higuera maldecida.

Ya hacía algo: echar hojas. Como tú…

—No me digas que tienes excusas. —No le valió a la higuera —narra

el Evangelista— no ser tiempo de higos, cuando el Señor los fue a

buscar en ella.

—Y estéril quedó para siempre.

355. Los que andan en negocios humanos dicen que el tiempo es oro.

—Me parece poco: para los que andamos en negocios de almas el

tiempo es ¡gloria!

356. No me explico que te llames cristiano y tengas esa vida de vago

inútil. —¿Olvidas la vida de trabajo de Cristo?

CAMINO 51

357. Todos los pecados —me has dicho— parece que están

esperando el primer rato de ocio. ¡El ocio mismo ya debe ser un

pecado!

—El que se entrega a trabajar por Cristo no ha de tener un momento

libre, porque el descanso no es no hacer nada: es distraernos en

actividades que exigen menos esfuerzo.

358. Estar ocioso es algo que no se comprende en un varón con alma

de apóstol.

359. Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional, y

habrás santificado el trabajo.

CAMINO 52

FORMACIÓN

360. ¡Cómo te reías, noblemente, cuando te aconsejé que pusieras tus

años mozos bajo la protección de San Rafael!: para que te lleve a un

matrimonio santo, como al joven Tobías, con una mujer buena y guapa

y rica —te dije, bromista.

Y luego, ¡qué pensativo te quedaste!, cuando seguí aconsejándote

que te pusieras también bajo el patrocinio de aquel apóstol

adolescente, Juan: por si el Señor te pedía más.

361. Para ti, que te quejas interiormente, porque te tratan con dureza,

y sientes el contraste de ese rigor con la conducta de los de tu sangre,

copio estos párrafos de la carta de un alférez médico: “Ante el

enfermo, cabe la actitud fría y calculadora, pero objetiva y útil para el

paciente, del profesional honrado. Y la ñoñería llorona de la familia. —

¿Qué sería de un puesto de socorro, durante un combate, cuando va

llegando el chorreo de heridos que se acumulan porque la evacuación

no es lo suficientemente rápida, si junto a cada camilla hubiese una

familia? Como para pasarse al enemigo”.

362. No necesito milagros: me sobra con los que hay en la Escritura.

—En cambio, me hace falta tu cumplimiento del deber, tu

correspondencia a la gracia.

363. Desilusionado. —Vienes alicaído. ¡Los hombres te acaban de dar

una lección! —Creían que no los necesitabas, y rezumaban

ofrecimientos. La posibilidad de que tuvieran que ayudarte

económicamente —unas pesetillas miserables— convirtió la amistad

en indiferencia.

—Confía sólo en Dios y en quienes, por Él, están unidos a ti.

364. ¡Ah, si te propusieras servir a Dios “seriamente”, con el mismo

empeño que pones en servir tu ambición, tus vanidades, tu

sensualidad!…

365. Si sientes impulsos de ser caudillo, tu aspiración será: con tus

hermanos, el último; con los demás, el primero.

366. Vamos a ver, ¿qué injuria se te hace a ti porque aquél o el otro

tengan más confianza con determinadas personas, a quienes

CAMINO 53

conocieron antes o por quienes sienten más afinidades de simpatía,

de profesión, de carácter?

—Sin embargo, entre los tuyos, evita cuidadosamente aun la

apariencia de una amistad particular.

367. El manjar más delicado y selecto, si lo come un cerdo (que así se

llama, sin perdón) se convierte, a lo más, ¡en carne de cerdo!

Seamos ángeles, para dignificar las ideas, al asimilarlas. —Cuando

menos, seamos hombres: para convertir los alimentos, siquiera, en

músculos nobles y bellos, o quizá en cerebro potente… capaz de

entender y adorar a Dios.

Pero… ¡no seamos bestias, como tantos y tantos!

368. ¿Te aburres? —Es que tienes los sentidos despiertos y el alma

dormida.

369. La caridad de Jesucristo te llevará a muchas concesiones…

nobilísimas. —Y la caridad de Jesucristo te llevará a muchas

intransigencias…, nobilísimas también.

370. Si no eres malo, y lo pareces, eres tonto. —Y esa tontería —

piedra de escándalo— es peor que la maldad.

371. Cuando bullen, “haciendo cabeza” de manifestaciones exteriores

de religiosidad, gentes profesionalmente mal conceptuadas, de seguro

que sentís ganas de decirles al oído: ¡Por favor, tengan la bondad de

ser menos católicos!

372. Si tienes un puesto oficial, tienes también unos derechos, que

nacen del ejercicio de ese cargo, y unos deberes.

—Te apartas de tu camino de apóstol, si, con ocasión —o con

excusa— de una obra de celo, dejas incumplidos los deberes del

cargo. Porque me perderás el prestigio profesional, que es

precisamente tu “anzuelo de pescador de hombres”.

373. Me gusta tu lema de apóstol: “Trabajar sin descanso”.

374. ¿Por qué esa precipitación? —No me digas que es actividad: es

atolondramiento.

CAMINO 54

375. Disipación. —Dejas que se abreven tus sentidos y potencias en

cualquier charca. —Así andas tú luego: sin fijeza, esparcida la

atención, dormida la voluntad y despierta la concupiscencia.

—Vuelve con seriedad a sujetarte a un plan, que te haga llevar vida de

cristiano, o nunca harás nada de provecho.

376. “¡Influye tanto el ambiente!”, me has dicho. —Y hube de

contestar: sin duda. Por eso es menester que sea tal vuestra

formación, que llevéis, con naturalidad, vuestro propio ambiente, para

dar “vuestro tono” a la sociedad con la que conviváis.

—Y, entonces, si has cogido este espíritu, estoy seguro de que me

dirás con el pasmo de los primeros discípulos al contemplar las

primicias de los milagros que se obraban por sus manos en nombre de

Cristo: “¡Influimos tanto en el ambiente!”

377. Y ¿cómo adquiriré “nuestra formación”, y cómo conservaré

“nuestro espíritu”? —Cumpliéndome las normas concretas que tu

Director te entregó y te explicó y te hizo amar: cúmplelas y serás

apóstol.

378. No seas pesimista. —¿No sabes que todo cuanto sucede o

puede suceder es para bien?

—Tu optimismo será necesaria consecuencia de tu Fe.

379. Naturalidad. —Que vuestra vida de caballeros cristianos, de

mujeres cristianas —vuestra sal y vuestra luz— fluya

espontáneamente, sin rarezas, ni ñoñerías: llevad siempre con

vosotros nuestro espíritu de sencillez.

380. “Y ¿en un ambiente paganizado o pagano, al chocar este

ambiente con mi vida, no parecerá postiza mi naturalidad?”, me

preguntas.

—Y te contesto: Chocará sin duda, la vida tuya con la de ellos: y ese

contraste, por confirmar con tus obras tu fe, es precisamente la

naturalidad que yo te pido.

381. No te importe si dicen que tienes espíritu de cuerpo. ¿Qué

quieren? ¿Un instrumento delicuescente, que se haga pedazos a la

hora de empuñarlo?

CAMINO 55

382. Al regalarte aquella Historia de Jesús, puse como dedicatoria:

“Que busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo”.

—Son tres etapas clarísimas. ¿Has intentado, por lo menos, vivir la

primera?

383. Si te ven flaquear… y eres jefe, no es extraño que se quebrante la

obediencia.

384. Confusionismo. —Supe que vacilaba la rectitud de tu criterio. Y,

para que me entendieras, te escribí: el diablo tiene la cara muy fea, y,

como sabe tanto, no se expone a que le veamos los cuernos. No va de

frente.

—Por eso, ¡cuántas veces viene con disfraz de nobleza y hasta de

espiritualidad!

385. Dice el Señor: “Un mandato nuevo os doy: que os améis los unos

a los otros. En esto conocerán que sois mis discípulos”.

—Y San Pablo: “Llevad unos la carga de los otros, y así cumpliréis la

ley de Cristo”.

—Yo no te digo nada.

386. No olvides, hijo, que para ti en la tierra sólo hay un mal, que

habrás de temer, y evitar con la gracia divina: el pecado.

CAMINO 56

EL PLANO DE TU SANTIDAD

387. El plano de santidad que nos pide el Señor, está determinado por

estos tres puntos:

La santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza.

388. Una cosa es la santa desvergüenza y otra la frescura laica.

389. La santa desvergüenza es una característica de la “vida de

infancia”. Al pequeño, no le preocupa nada. —Sus miserias, sus

naturales miserias, se ponen de relieve sencillamente, aunque todo el

mundo le contemple…

Esa desvergüenza, llevada a la vida sobrenatural, trae este raciocinio:

alabanza, menosprecio…: admiración, burla…: honor, deshonor…:

salud, enfermedad…: riqueza, pobreza…: hermosura, fealdad…

Bien; y eso… ¿qué?

390. Ríete del ridículo. —Desprecia el qué dirán. Ve y siente a Dios en

ti mismo y en lo que te rodea. —Así acabarás por conseguir la santa

desvergüenza que precisas, ¡oh paradoja!, para vivir con delicadeza

de caballero cristiano.

391. ¿Si tienes la santa desvergüenza, qué te importa del “qué habrán

dicho” o del “qué dirán”?

392. Convéncete de que el ridículo no existe para quien hace lo mejor.

393. Un hombre, un… caballero transigente, volvería a condenar a

muerte a Jesús.

394. La transigencia es señal cierta de no tener la verdad. —Cuando

un hombre transige en cosas de ideal, de honra o de Fe, ese hombre

es un… hombre sin ideal, sin honra y sin Fe.

395. Aquel hombre de Dios, curtido en la lucha, argumentaba así:

¿Que no transijo? ¡Claro!: porque estoy persuadido de la verdad de mi

ideal. En cambio, usted es muy transigente…: ¿le parece que dos y

dos sean tres y medio? —¿No?…, ¿ni por amistad cede en tan poca

cosa?

CAMINO 57

—¡Es que, por primera vez, se ha persuadido de tener la verdad… y se

ha pasado a mi partido!

396. La santa intransigencia no es intemperancia.

397. Sé intransigente en la doctrina y en la conducta. —Pero sé

blando en la forma. —Maza de acero poderosa, envuelta en funda

acolchada.

—Sé intransigente, pero no seas cerril.

398. La intransigencia no es intransigencia a secas: es “la santa

intransigencia”.

No olvidemos que también hay una “santa coacción”.

399. Si, por salvar una vida terrena, con aplauso de todos, empleamos

la fuerza para evitar que un hombre se suicide…, ¿no vamos a poder

emplear la misma coacción —la santa coacción— para salvar la Vida

(con mayúscula) de muchos que se obstinan en suicidar idiotamente

su alma?

400. ¡Cuántos crímenes se cometen en nombre de la justicia! —Si tú

vendieras armas de fuego y alguien te diera el precio de una de ellas,

para matar con esa arma a tu madre, ¿se la venderías?… Pues

¿acaso no te daba su justo precio?…

—Catedrático, periodista, político, hombre de diplomacia: meditad.

401. ¡Dios y audacia! —La audacia no es imprudencia. —La audacia

no es osadía.

402. No pidas a Jesús perdón tan sólo de tus culpas: no le ames con

tu corazón solamente…

Desagráviale por todas las ofensas que le han hecho, le hacen y le

harán…, ámale con toda la fuerza de todos los corazones de todos los

hombres que más le hayan querido.

Sé audaz: dile que estás más loco por Él que María Magdalena, más

que Teresa y Teresita…, más chiflado que Agustín y Domingo y

Francisco, más que Ignacio y Javier.

CAMINO 58

403. Ten todavía más audacia y, cuando necesites algo, partiendo

siempre del “Fiat”, no pidas: di “Jesús, quiero esto o lo otro”, porque

así piden los niños.

404. ¡Has fracasado! —Nosotros no fracasamos nunca. —Pusiste del

todo tu confianza en Dios. —No perdonaste, luego, ningún medio

humano.

Convéncete de esta verdad: el éxito tuyo —ahora y en esto— era

fracasar. —Da gracias al Señor y ¡a comenzar de nuevo!

405. ¿Que has fracasado? —Tú —estás bien convencido— no puedes

fracasar.

No has fracasado: has adquirido experiencia. —¡Adelante!

406. Aquello fue un fracaso, un desastre: porque perdiste nuestro

espíritu. —Ya sabes que, con miras sobrenaturales, el final (¿victoria?,

¿derrota?, ¡bah!) sólo tiene un nombre: éxito.

407. No confundamos los derechos del cargo con los de la persona. —

Aquéllos no pueden ser renunciados.

408. Santurrón es a santo, lo que beato a piadoso: su caricatura.

409. No pensemos que valdrá de algo nuestra aparente virtud de

santos, si no va unida a las corrientes virtudes de cristianos.

—Esto sería adornarse con espléndidas joyas sobre los paños

menores.

410. Que tu virtud no sea una virtud sonora.

411. Muchos falsos apóstoles, a pesar de ellos, hacen bien a la masa,

al pueblo, por la virtud misma de la doctrina de Jesús que predican,

aunque no la practiquen.

Pero no se compensa, con este bien, el mal enorme y efectivo que

producen matando almas de caudillos, de apóstoles, que se apartan,

asqueadas, de quienes no hacen lo que enseñan a los demás.

Por eso, si no quieren llevar una vida íntegra, no deben ponerse jamás

en primera fila, como jefes de grupo, ni ellos, ni ellas.

CAMINO 59

412. Que el fuego de tu Amor no sea un fuego fatuo. —Ilusión, mentira

de fuego, que ni prende en llamaradas lo que toca, ni da calor.

413. El “non serviam” de Satanás ha sido demasiado fecundo. —¿No

sientes el impulso generoso de decir cada día, con voluntad de oración

y de obras, un “serviam” —¡te serviré, te seré fiel!— que supere en

fecundidad a aquel clamor de rebeldía?

414. ¡Qué pena, un “hombre de Dios” pervertido! —Pero ¡cuánta más

pena, un “hombre de Dios” tibio y mundano!

415. No hagas mucho caso de lo que el mundo llama victorias o

derrotas. —¡Sale tantas veces derrotado el vencedor!

416. “Sine me nihil potestis facere!” Luz nueva, mejor, resplandores

nuevos, para mis ojos, de esa Luz Eterna, que es el Santo Evangelio.

—¿Pueden extrañarme “mis”… tonterías?

—Meta yo a Jesús en todas mis cosas. Y, entonces, no habrá

tonterías en mi conducta: y, si he de hablar con propiedad, no diré más

mis cosas, sino “nuestras cosas”.

CAMINO 60

AMOR DE DIOS

417. ¡No hay más amor que el Amor!

418. El secreto para dar relieve a lo más humilde, aun a lo más

humillante, es amar.

419. —Niño. —Enfermo. —Al escribir estas palabras, ¿no sentís la

tentación de ponerlas con mayúscula?

Es que, para un alma enamorada, los niños y los enfermos son Él.

420. ¡Qué poco es una vida, para ofrecerla a Dios!…

421. Un amigo es un tesoro. —Pues… ¡un Amigo!…, que donde está tu

tesoro allí está tu corazón.

422. Jesús es tu amigo. —El Amigo. —Con corazón de carne, como el

tuyo. —Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro…

—Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti.

423. Dios mío, te amo, pero… ¡enséñame a amar!

424. Castigar por Amor: este es el secreto para elevar a un plano

sobrenatural la pena impuesta a quienes la merezcan.

Por amor de Dios, a quien se ofende, sirva la pena de expiación: por

amor al prójimo por Dios, sirva la pena, jamás de venganza, sino de

medicina saludable.

425. ¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y… no me he vuelto

loco?

426. En Cristo tenemos todos los ideales: porque es Rey, es Amor, es

Dios.

427. Señor: que tenga peso y medida en todo… menos en el Amor.

428. Si el Amor, aun el amor humano, da tantos consuelos aquí, ¿qué

será el Amor en el cielo?

CAMINO 61

429. Todo lo que se hace por Amor adquiere hermosura y se

engrandece.

430. Jesús, que sea yo el último en todo… y el primero en el Amor.

431. No temas a la Justicia de Dios. —Tan admirable y tan amable es

en Dios la Justicia como la Misericordia: las dos son pruebas del

Amor.

432. Considera lo más hermoso y grande de la tierra…, lo que place al

entendimiento y a las otras potencias…, y lo que es recreo de la carne

y de los sentidos…

Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo

entero. —Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas…,

nada vale, es nada y menos que nada, al lado de ¡este Dios mío! —

¡tuyo!— tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho

esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso

nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa… y

en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía.

433. Vive de Amor y vencerás siempre —aunque seas vencido— en

las Navas y los Lepantos de tu lucha interior.

434. Deja que se vierta tu corazón en efusiones de Amor y de

agradecimiento al considerar cómo la gracia de Dios te saca libre cada

día de os lazos que te tiende el enemigo.

435. “Timor Domini sanctus”. —Santo es el temor de Dios. —Temor

que es veneración del hijo para su Padre, nunca temor servil, porque

tu Padre-Dios no es un tirano.

436. Dolor de Amor. —Porque Él es bueno. —Porque es tu Amigo,

que dio por ti su Vida. —Porque todo lo bueno que tienes es suyo. —

Porque le has ofendido tanto… Porque te ha perdonado… ¡Él!… ¡¡a ti!!

—Llora, hijo mío, de dolor de Amor.

437. ¡Si un hombre hubiera muerto por librarme de la muerte!…

—Murió Dios. Y me quedo indiferente.

CAMINO 62

438. ¡Loco! —Ya te vi —te creías solo en la capilla episcopal— poner

en cada cáliz y en cada patena, recién consagrados, un beso: para

que se lo encuentre Él, cuando por primera vez “baje” a esos vasos

eucarísticos.

439. No olvides que el Dolor es la piedra de toque del Amor.

CAMINO 63

CARIDAD

440. Cuando hayas terminado tu trabajo, haz el de tu hermano,

ayudándole, por Cristo, con tal delicadeza y naturalidad que ni el

favorecido se dé cuenta de que estás haciendo más de lo que en

justicia debes.

—¡Esto sí que es fina virtud de hijo de Dios!

441. Te duelen las faltas de caridad del prójimo para ti. ¿Cuánto

dolerán a Dios tus faltas de caridad —de Amor— para Él?

442. No admitas un mal pensamiento de nadie, aunque las palabras u

obras del interesado den pie para juzgar así razonablemente.

443. No hagas crítica negativa: cuando no puedes alabar, cállate.

444. Nunca hables mal de tu hermano, aunque tengas sobrados

motivos. —Ve primero al Sagrario, y luego ve al Sacerdote, tu padre, y

desahoga también tu pena con él.

—Y con nadie más.

445. La murmuración es roña que ensucia y entorpece el apostolado.

—Va contra la caridad, resta fuerzas, quita la paz, y hace perder la

unión con Dios.

446. Si eres tan miserable, ¿cómo te extraña que los demás tengan

miserias?

447. Después de ver en qué se emplean, ¡íntegras!, muchas vidas

(lengua, lengua, lengua con todas sus consecuencias), me parece

más necesario y más amable el silencio. —Y entiendo muy bien que

pidas cuenta, Señor, de la palabra ociosa.

448. Es más fácil decir que hacer. —Tú…, que tienes esa lengua

tajante —de hacha—, ¿has probado alguna vez, por casualidad

siquiera, a hacer “bien” lo que, según tu “autorizada” opinión, hacen

los otros menos bien?

449. Eso se llama: susurración, murmuración, trapisonda, enredo,

chisme, cuento, insidia…, ¿calumnia?, ¿vileza?

CAMINO 64

—Es difícil que la “función de criterio”, de quien no tiene por qué

ejercitarla, no acabe en “faena de comadres”.

450. ¡Cuánto duele a Dios y cuánto daña a muchas almas —y cuánto

puede santificar a otras— la injusticia de los “justos”!

451. No queramos juzgar. —Cada uno ve la cosas desde su punto de

vista… y con su entendimiento, bien limitado casi siempre, y oscuros o

nebulosos, con tinieblas de apasionamiento, sus ojos, muchas veces.

Además, lo mismo que la de esos pintores modernistas, es la visión de

ciertas personas tan subjetiva y tan enfermiza, que trazan unos rasgos

arbitrarios asegurándonos que son nuestro retrato, nuestra conducta…

¡Qué poco valen los juicios de los hombres! —No juzguéis sin tamizar

vuestro juicio en la oración.

452. Esfuérzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te

ofendan, desde el primer instante, ya que, por grande que sea el

perjuicio o la ofensa que te hagan, más te ha perdonado Dios a ti.

453. ¿Murmuras? —Pierdes, entonces, el buen espíritu y, si no

aprendes a callar, cada palabra es un paso que te acerca a la puerta

de salida de esa empresa apostólica en la que trabajas.

454. No juzguéis sin oír a las dos partes. —Muy fácilmente, aun las

personas que se tienen por piadosas, se olvidan de esta norma de

prudencia elemental.

455. ¿Sabes el daño que puedes ocasionar al tirar lejos una piedra si

tienes los ojos vendados?

—Tampoco sabes el perjuicio que puedes producir, a veces grave, al

lanzar frases de murmuración, que te parecen levísimas, porque tienes

los ojos vendados por la desaprensión o por el acaloramiento.

456. Hacer crítica, destruir, no es difícil: el último peón de albañilería

sabe hincar su herramienta en la piedra noble y bella de una catedral.

—Construir: ésta es la labor que requiere maestros.

457. ¿Quién eres tú para juzgar el acierto del superior? —¿No ves que

él tiene más elementos de juicio que tú; más experiencia; más rectos,

sabios y desapasionados consejeros; y, sobre todo, más gracia, una

CAMINO 65

gracia especial, gracia de estado, que es luz y ayuda poderosa de

Dios?

458. Esos choques con el egoísmo del mundo te harán estimar en

más la caridad fraternal de los tuyos.

459. Tu caridad es… presuntuosa. —Desde lejos, atraes: tienes luz. —

De cerca, repeles: te falta calor. —¡Qué lástima!

460. “Frater qui adjuvatur a fratre quasi civitas firma” —El hermano

ayudado por su hermano es tan fuerte como una ciudad amurallada.

—Piensa un rato y decídete a vivir la fraternidad que siempre te

recomiendo.

461. Si no te veo practicar la bendita fraternidad, que de continuo te

predico, te recordaré aquellas palabras entrañables de San Juan:

“Filioli mei, non diligamus verbo neque lingua, sed opere et veritate” —

Hijitos míos, no amemos con la palabra o con la lengua, sino con

obras y de verdad.

462. ¡Poder de la caridad! —Vuestra mutua flaqueza es también apoyo

que os sostiene derechos en el cumplimiento del deber si vivís vuestra

fraternidad bendita: como mutuamente se sostienen, apoyándose, los

naipes.

463. Más que en “dar”, la caridad está en “comprender”. —Por eso

busca una excusa para tu prójimo —las hay siempre—, si tienes el

deber de juzgar.

464. ¿Sabes que aquella persona está en peligro para su alma? —

Desde lejos, con tu vida de unión, puedes serle ayuda eficaz. —¡Hala,

pues!, y no te intranquilices.

465. Esas desazones que sientes por tus hermanos me parecen bien:

son prueba de vuestra mutua caridad. —Procura, sin embargo, que tus

desazones no degeneren en inquietud.

466. De ordinario, la gente es muy poco generosa con su dinero —me

escribes—. Conversación, entusiasmos bulliciosos, promesas, planes.

—A la hora del sacrificio, son pocos los que “arriman el hombro”. Y, si

CAMINO 66

dan, ha de ser con una diversión interpuesta —baile, tómbola, cine,

velada— o anuncio y lista de donativos en la prensa.

—Triste es el cuadro, pero tiene excepciones: sé tú también de los que

no dejan que su mano izquierda, cuando dan limosna, sepa lo que

hace la derecha.

467. Libros. —Extendí la mano, como un pobrecito de Cristo, y pedí

libros. ¡Libros!, que son alimento, para la inteligencia católica,

apostólica y romana de muchos jóvenes universitarios.

—Extendí la mano, como un pobrecito de Cristo… ¡y me llevé cada

chasco!

—¿Por qué no entienden, Jesús, la honda caridad cristiana de esa

limosna, más eficaz que dar pan de buen trigo?

468. Eres excesivamente candoroso. —¡Que son pocos los que

practican la caridad! —Que tener caridad no es dar ropa vieja o

monedas de cobre…

—Y me cuentas tu caso y tu desilusión.

—Sólo se me ocurre esto: vamos tú y yo a dar y a darnos sin

tacañería. Y evitaremos que quienes nos traten adquieran tu triste

experiencia.

469. “Saludad a todos los santos. Todos los santos os saludan. A

todos los santos que viven en Éfeso. A todos los santos en Cristo

Jesús, que están en Filipos.” —¿Verdad que es conmovedor ese

apelativo —¡santos!— que empleaban los primeros fieles cristianos

para denominarse entre sí?

—Aprende a tratar a tus hermanos.

CAMINO 67

LOS MEDIOS

470. Pero… ¿y los medios? —Son los mismos de Pedro y de Pablo, de

Domingo y Francisco, de Ignacio y Javier: el Crucifijo y el Evangelio…

—¿Acaso te parecen pequeños?

471. En las empresas de apostolado, está bien —es un deber— que

consideres tus medios terrenos (2 + 2 = 4), pero no olvides ¡nunca!

que has de contar, por fortuna, con otro sumando: Dios + 2 + 2…

472. Sirve a tu Dios con rectitud, séle fiel… y no te preocupes de nada:

porque es una gran verdad que “si buscas el reino de Dios y su

justicia, Él te dará lo demás —lo material, los medios— por añadidura.”

473. Echa lejos de ti esa desesperanza que te produce el

conocimiento de tu miseria. —Es verdad: por tu prestigio económico,

eres un cero…, por tu prestigio social, otro cero…, y otro por tus

virtudes, y otro por tu talento…

Pero, a la izquierda de esas negaciones, está Cristo… Y ¡qué cifra

inconmensurable resulta!

474. Que eres… nadie. —Que otros han levantado y levantan ahora

maravillas de organización, de prensa, de propaganda. —¿Que tienen

todos los medios, mientras tú no tienes ninguno?… Bien: acuérdate de

Ignacio:

Ignorante, entre los doctores de Alcalá. —Pobre, pobrísimo, entre los

estudiantes de París. —Perseguido, calumniado…

Es el camino: ama y cree y ¡sufre!: tu Amor y tu Fe y tu Cruz son los

medios infalibles para poner por obra y para eternizar las ansias de

apostolado que llevas en tu corazón.

475. Te reconoces miserable. Y lo eres. —A pesar de todo —más aún:

por eso— te buscó Dios.

—Siempre emplea instrumentos desproporcionados: para que se vea

que la “obra” es suya.

—A ti sólo te pide docilidad.

476. Cuando te “entregues” a Dios no habrá dificultad que pueda

remover tu optimismo.

CAMINO 68

477. ¿Por qué dejas esos rincones en tu corazón? —Mientras no te

des tú del todo, es inútil que pretendas llevarle a otro.

—Pobre instrumento eres.

478. Pero, ¡a estas alturas!, ¿va a resultar que necesitas la

aprobación, el calor, los consuelos de los poderosos, para seguir

haciendo lo que Dios quiere?

—Los poderosos suelen ser volubles, y tú has de ser constante. Sé

agradecido, si te ayudan. Y continúa, imperturbable, si te desprecian.

479. No hagas caso. —Siempre los “prudentes” han llamado locuras a

las obras de Dios.

—¡Adelante, audacia!

480. ¿Ves? Un hilo y otro y muchos, bien trenzados, forman esa

maroma capaz de alzar pesos enormes.

—Tú y tus hermanos, unidas vuestras voluntades para cumplir la de

Dios, seréis capaces de superar todos los obstáculos.

481. Cuando sólo se busca a Dios, bien se puede poner en práctica,

para sacar adelante obras de celo, aquel principio que asentaba un

buen amigo nuestro: “Se gasta lo que se deba, aunque se deba lo que

se gaste”.

482. ¿Qué importa que tengas en contra al mundo entero con todos

sus poderes? Tú… ¡adelante!

—Repite las palabras del salmo: “El Señor es mi luz y mi salud, ¿a

quién temeré?… “Si consistant adversum me castra, non timebit cor

meum” —Aunque me vea cercado de enemigos, no flaqueará mi

corazón.”

483. ¡Animo! Tú… puedes. —¿Ves lo que hizo la gracia de Dios con

aquel Pedro dormilón, negador y cobarde…, con aquel Pablo

perseguidor, odiador y pertinaz?

484. Sé instrumento: de oro o de acero, de platino o de hierro…,

grande o chico, delicado o tosco…

—Todos son útiles: cada uno tiene su misión propia. Como en lo

material: ¿quién se atreverá a decir que es menos útil el serrucho del

carpintero que las pinzas del cirujano?

CAMINO 69

—Tu deber es ser instrumento.

485. Bien. ¿Y qué? —No entiendo cómo te puedes retraer de esa

labor de almas —si no es por oculta soberbia: te crees perfecto—,

porque el fuego de Dios que te atrajo, además de la luz y del calor que

te entusiasman, dé a veces el humo de la flaqueza de los

instrumentos.

486. Trabajo… hay. —Los instrumentos no pueden estar mohosos. —

Normas hay también para evitar el moho y la herrumbre. —Basta

ponerlas en práctica.

487. No te desvele el conflicto económico que se avecina a tu

empresa de apostolado. —Aumenta la confianza en Dios, haz

humanamente lo que puedas, y ¡verás qué pronto el dinero deja de ser

conflicto!

488. No dejes de hacer las cosas por falta de instrumentos: se

comienza como se puede. —Después, la función crea el órgano.

Algunos, que no valían, resultan aptos. Con los demás se hace una

operación quirúrgica, aunque duela —¡buenos “operadores” fueron los

santos!—, y se sigue adelante.

489. Fe viva y penetrante. Como la fe de Pedro. —Cuando la tengas

—lo ha dicho Él— apartarás los montes, los obstáculos, humanamente

insuperables, que se opongan a tus empresas de apóstol.

490. Rectitud de corazón y buena voluntad: con estos dos elementos y

la mirada puesta en cumplir lo que Dios quiere, verás hechos realidad

tus ensueños de amor y saciadas tus hambres de almas.

491. “Nonne hic est fabri filius? Nonne hic est faber, filius Mariae?” —

¿Acaso éste no es hijo del artesano? ¿No es el artesano hijo de

María?

—Esto, que dijeron de Jesús, es muy posible que lo digan de ti, con un

poco de pasmo y otro poco de burla, cuando “definitivamente” quieras

cumplir la Voluntad de Dios, ser instrumento: Pero, ¿no es éste

aquél?…

—Calla. Y que tus obras confirmen tu misión.

CAMINO 70

LA VIRGEN

492. El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva

las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza.

493. Ama a la Señora. Y Ella te obtendrá gracia abundante para

vencer en esta lucha cotidiana. —Y no servirán de nada al maldito

esas cosas perversas, que suben y suben, hirviendo dentro de ti,

hasta querer anegar con su podredumbre bienoliente los grandes

ideales, los mandatos sublimes que Cristo mismo ha puesto en tu

corazón. —”Serviam!”

494. Sé de María y serás nuestro.

495. A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María.

496. ¡Cómo gusta a los hombres que les recuerden su parentesco con

personajes de la literatura, de la política, de la milicia, de la Iglesia!…

—Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole:

Dios te salve, María, hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre

de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo…

¡Más que tú, sólo Dios!

497. Di: Madre mía —tuya, porque eres suyo por muchos títulos—,

que tu amor me ate a la Cruz de tu Hijo: que no me falte la Fe, ni la

valentía, ni la audacia, para cumplir la voluntad de nuestro Jesús.

498. Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie.

—No desconfíes. —Por el contrario, llama a tu Madre Santa María,

con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma.

499. María Santísima, Madre de Dios, pasa inadvertida, como una

más entre las mujeres de su pueblo.

—Aprende de Ella a vivir con “naturalidad”.

500. Lleva sobre tu pecho el santo escapulario del Carmen. —Pocas

devociones —hay muchas y muy buenas devociones marianas—

tienen tanto arraigo entre los fieles, y tantas bendiciones de los

Pontífices. —Además, ¡es tan maternal ese privilegio sabatino!

CAMINO 71

501. Cuando te preguntaron qué imagen de la Señora te daba más

devoción, y contestaste —como quien lo tiene bien experimentado—

que todas, comprendí que eras un buen hijo: por eso te parecen bien

—me enamoran, dijiste— todos los retratos de tu Madre.

502. María, Maestra de oración. —Mira cómo pide a su Hijo, en Caná.

Y cómo insiste, sin desanimarse, con perseverancia. —Y cómo logra.

—Aprende.

503. Soledad de María. ¡Sola! —Llora, en desamparo.

—Tú y yo debemos acompañar a la Señora, y llorar también: porque a

Jesús le cosieron al madero, con clavos, nuestras miserias.

504. La Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, aquietará tu

corazón, cuando te haga sentir que es de carne, si acudes a Ella con

confianza.

505. El amor a la Señora es prueba de buen espíritu, en las obras y en

las personas singulares.

—Desconfía de la empresa que no tenga esa señal.

506. La Virgen Dolorosa. Cuando la contemples, ve su Corazón: es

una Madre con dos hijos, frente a frente: Él… y tú.

507. ¡Qué humildad, la de mi Madre Santa María! —No la veréis entre

las palmas de Jerusalén, ni —fuera de las primicias de Caná— a la

hora de los grandes milagros.

—Pero no huye del desprecio del Gólgota: allí está, “juxta crucem

Jesu” —junto a la cruz de Jesús, su Madre.

508. Admira la reciedumbre de Santa María: al pie de la Cruz, con el

mayor dolor humano —no hay dolor como su dolor—, llena de

fortaleza.

—Y pídele de esa reciedumbre, para que sepas también estar junto a

la Cruz.

509. ¡María, Maestra del sacrificio escondido y silencioso!

—Vedla, casi siempre oculta, colaborar con el Hijo: sabe y calla.

CAMINO 72

510. ¿Veis con qué sencillez? —”Ecce ancilla!…” —Y el Verbo se hizo

carne.

—Así obraron los santos: sin espectáculo. Si lo hubo, fue a pesar de

ellos.

511. “Ne timeas, Maria!” —¡No temas, María!… —Se turbó la Señora

ante el Arcángel.

—¡Para que yo quiera echar por la borda esos detalles de modestia,

que son salvaguarda de mi pureza!

512. ¡Oh Madre, Madre!: con esa palabra tuya —”fiat”— nos has

hecho hermanos de Dios y herederos de su gloria. —¡Bendita seas!

513. Antes, solo, no podías… —Ahora, has acudido a la Señora, y, con

Ella, ¡qué fácil!

514. Confía. —Vuelve. —Invoca a la Señora y serás fiel.

515. ¿Que por momentos te faltan las fuerzas? —¿Por qué no se lo

dices a tu Madre: “consolatrix afflictorum, auxilium christianorum…,

Spes nostra, Regina apostolorum”?

516. ¡Madre! —Llámala fuerte, fuerte. —Te escucha, te ve en peligro

quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el

consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás

reconfortado para la nueva lucha.

CAMINO 73

LA IGLESIA

517. “Et unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam!…” —

Me explico esa pausa tuya, cuando rezas, saboreando: creo en la

Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica…

518. ¡Qué alegría, poder decir con todas las veras de mi alma: amo a

mi Madre la Iglesia santa!

519. Ese grito —”serviam!”— es voluntad de “servir” fidelísimamente,

aun a costa de la hacienda, de la honra y de la vida, a la Iglesia de

Dios.

520. Católico, Apostólico, ¡Romano! —Me gusta que seas muy

romano. Y que tengas deseos de hacer tu “romería”, “videre Petrum”,

para ver a Pedro.

521. ¡Qué bondad la de Cristo al dejar a su Iglesia los Sacramentos!

—Son remedio para cada necesidad.

—Venéralos y queda, al Señor y a su Iglesia, muy agradecido.

522. Ten veneración y respeto por la Santa Liturgia de la Iglesia y por

sus ceremonias particulares. —Cúmplelas fielmente. —¿No ves que

los pobrecitos hombres necesitamos que hasta lo más grande y noble

entre por los sentidos?

523. Canta la Iglesia —se ha dicho— porque hablar no sería bastante

para su plegaria. —Tú, cristiano —y cristiano escogido—, debes

aprender a cantar litúrgicamente.

524. ¡Hay que romper a cantar!, decía un alma enamorada, después

de ver las maravillas que el Señor obraba por su ministerio.

—Y yo te repito el consejo: ¡canta! Que se desborde en armonías tu

agradecido entusiasmo por tu Dios.

525. Ser “católico” es amar a la Patria, sin ceder a nadie mejora en

ese amor. Y, a la vez, tener por míos los afanes nobles de todos los

países. ¡Cuántas glorias de Francia son glorias mías! Y, lo mismo,

muchos motivos de orgullo de alemanes, de italianos, de ingleses…,

de americanos y asiáticos y africanos son también mi orgullo.

CAMINO 74

—¡Católico!: corazón grande, espíritu abierto.

526. Si no tienes veneración suma por el estado sacerdotal y el

religioso, no es cierto que ames a la Iglesia de Dios.

527. Aquella mujer que en casa de Simón el leproso, en Betania, unge

con rico perfume la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber de ser

espléndidos en el culto de Dios.

—Todo el lujo, la majestad y la belleza me parecen poco.

—Y contra los que atacan la riqueza de vasos sagrados, ornamentos y

retablos, se oye la alabanza de Jesús: “opus enim bonum operata est

in me” —una buena obra ha hecho conmigo.

CAMINO 75

SANTA MISA

528. Una característica muy importante del varón apostólico es amar

la Misa.

529. La Misa es larga, dices, y añado yo: porque tu amor es corto.

530. ¿No es raro que muchos cristianos, pausados y hasta solemnes

para la vida de relación (no tienen prisa), para sus poco activas

actuaciones profesionales, para la mesa y para el descanso (tampoco

tienen prisa), se sientan urgidos y urjan al Sacerdote, en su afán de

recortar, de apresurar el tiempo dedicado al Sacrificio Santísimo del

Altar?

531. “¡Tratádmelo bien, tratádmelo bien!”, decía, entre lágrimas, un

anciano Prelado a los nuevos Sacerdotes que acababa de ordenar.

—¡Señor!: ¡Quién me diera voces y autoridad para clamar de este

modo al oído y al corazón de muchos cristianos, de muchos!

532. ¡Cómo lloró, al pie del altar, aquel joven Sacerdote santo que

mereció martirio, porque se acordaba de un alma que se acercó en

pecado mortal a recibir a Cristo!

—¿Así le desagravias tú?

533. Humildad de Jesús: en Belén, en Nazaret, en el Calvario… —

Pero más humillación y más anonadamiento en la Hostia Santísima:

más que en el establo, y que en Nazaret y que en la Cruz.

Por eso, ¡qué obligado estoy a amar la Misa! (“Nuestra” Misa, Jesús…)

534. ¡Cuántos años comulgando a diario! —Otro sería santo —me has

dicho—, y yo ¡siempre igual!

—Hijo —te he respondido—, sigue con la diaria Comunión, y piensa:

¿qué sería yo, si no hubiera comulgado?

535. Comunión, unión, comunicación, confidencia: Palabra, Pan,

Amor.

536. Comulga. —No es falta de respeto. —Comulga hoy

precisamente, cuando acabas de salir de aquel lazo.

CAMINO 76

—¿Olvidas que dijo Jesús: no es necesario el médico a los sanos, sino

a los enfermos?

537. Cuando te acercas al Sagrario piensa que ¡Él!… te espera desde

hace veinte siglos.

538. Ahí lo tienes: es Rey de Reyes y Señor de Señores. —Está

escondido en el Pan.

Se humilló hasta esos extremos por amor a ti.

539. Se quedó para ti. —No es reverencia dejar de comulgar, si estás

bien dispuesto. —Irreverencia es sólo recibirlo indignamente.

540. ¡Qué fuente de gracias es la Comunión espiritual! —Practícala

frecuentemente y tendrás más presencia de Dios y más unión con Él

en las obras.

541. Hay una urbanidad de la piedad. —Apréndela. —Dan pena esos

hombres “piadosos”, que no saben asistir a Misa —aunque la oigan a

diario—, ni santiguarse —hacen unos raros garabatos, llenos de

precipitación—, ni hincar la rodilla ante el Sagrario —sus

genuflexiones ridículas parecen una burla—, ni inclinar

reverentemente la cabeza ante una imagen de la Señora.

542. No me pongáis al culto imágenes “de serie”: prefiero un Santo

Cristo de hierro tosco a esos Crucifijos de pasta repintada que parecen

hechos de azúcar.

543. Me viste celebrar la Santa Misa sobre un altar desnudo —mesa y

ara—, sin retablo. El Crucifijo, grande. Los candeleros recios, con

hachones de cera, que se escalonan: más altos, junto a la cruz.

Frontal del color del día. Casulla amplia. Severo de líneas, ancha la

copa y rico el cáliz. Ausente la luz eléctrica, que no echamos en falta.

—Y te costó trabajo salir del oratorio: se estaba bien allí. ¿Ves cómo

lleva a Dios, cómo acerca a Dios el rigor de la liturgia?

CAMINO 77

COMUNIÓN DE LOS SANTOS

544. Comunión de los Santos. —¿Cómo te lo diría? —¿Ves lo que son

las transfusiones de sangre para el cuerpo? Pues así viene a ser la

Comunión de los Santos para el alma.

545. Vivid una particular Comunión de los Santos: y cada uno sentirá,

a la hora de la lucha interior, lo mismo que a la hora del trabajo

profesional, la alegría y la fuerza de no estar solo.

546. Hijo: ¡qué bien viviste la Comunión de los Santos, cuando me

escribías: “ayer “sentí” que pedía usted por mí”!

547. Otro que sabe de esa “comunicación” de bienes sobrenaturales,

me dice: “la carta me ha hecho mucho bien: ¡se conoce que viene

impregnada de las oraciones de todos!… y yo necesito mucho que

recen por mí.”

548. Si sientes la Comunión de los Santos —si la vives—, serás

gustosamente hombre penitente. —Y entenderás que la penitencia es

“gaudium, etsi laboriosum” —alegría, aunque trabajosa: y te sentirás

“aliado” de todas las almas penitentes que han sido, son y serán.

549. Tendrás más facilidad para cumplir tu deber al pensar en la

ayuda que te prestan tus hermanos y en la que dejas de prestarles, si

no eres fiel.

550. “Ideo omnia sustineo propter electos” —todo lo sufro, por los

escogidos, “ut et ipsi salutem consequantur” —para que ellos

obtengan la salvación, “quae est in Christo Jesu” —que está en Cristo

Jesús.

—¡Buen modo de vivir la Comunión de los Santos!

—Pide al Señor que te dé ese espíritu de San Pablo.

CAMINO 78

DEVOCIONES

551. Huyamos de la “rutina” como del mismo demonio. —El gran

medio para no caer en ese abismo, sepulcro de la verdadera piedad,

es la continua presencia de Dios.

552. Ten pocas devociones particulares, pero constantes.

553. No olvides tus oraciones de niño, aprendidas quizá de labios de

tu madre. —Recítalas cada día con sencillez, como entonces.

554. No dejes la Visita al Santísimo. —Luego de la oración vocal que

acostumbres, di a Jesús, realmente presente en el Sagrario, las

preocupaciones de la jornada. —Y tendrás luces y ánimo para tu vida

de cristiano.

555. ¡Verdaderamente es amable la Santa Humanidad de nuestro

Dios! —Te “metiste” en la Llaga santísima de la mano derecha de tu

Señor, y me preguntaste: “Si una Herida de Cristo limpia, sana,

aquieta, fortalece y enciende y enamora, ¿qué no harán las cinco,

abiertas en el madero?”

556. El Vía Crucis. —¡Esta sí que es devoción recia y jugosa! Ojalá te

habitúes a repasar esos catorce puntos de la Pasión y Muerte del

Señor, los viernes. —Yo te aseguro que sacarás fortaleza para toda la

semana.

557. Devoción de Navidad. —No me sonrío cuando te veo componer

las montañas de corcho del Nacimiento y colocar las ingenuas figuras

de barro alrededor del Portal. —Nunca me has parecido más hombre

que ahora, que pareces un niño.

558. El Santo Rosario es arma poderosa. Empléala con confianza y te

maravillarás del resultado.

559. San José, Padre de Cristo, es también tu Padre y tu Señor. —

Acude a él.

560. Nuestro Padre y Señor San José es Maestro de la vida interior. —

Ponte bajo su patrocinio y sentirás la eficacia de su poder.

CAMINO 79

561. De San José dice Santa Teresa, en el libro de su vida: “Quien no

hallare Maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por

maestro, y no errará en el camino”. —El consejo viene de alma

experimentada. Síguelo.

562. Ten confianza con tu Ángel Custodio. —Trátalo como un

entrañable amigo —lo es— y él sabrá hacerte mil servicios en los

asuntos ordinarios de cada día.

563. Gánate al Ángel Custodio de aquel a quien quieras traer a tú

apostolado. —Es siempre un gran “cómplice”.

564. Si tuvieras presentes a tu Ángel y a los Custodios de tus prójimos

evitarías muchas tonterías que se deslizan en la conversación.

565. Te pasmas porque tu Ángel Custodio te ha hecho servicios

patentes. —Y no debías pasmarte: para eso le colocó el Señor junto a

ti.

566. ¿Que hay en ese ambiente muchas ocasiones de torcerse? —

Bueno. Pero, ¿acaso no hay también Custodios?

567. Acude a tu Custodio, a la hora de la prueba, y te amparará contra

el demonio y te traerá santas inspiraciones.

568. Gustosamente harían su oficio los Santos Ángeles Custodios con

aquella alma que les decía: “Ángeles Santos, yo os invoco, como la

Esposa del Cantar de los Cantares, “ut nuntietis ei quia amore

langueo” —para que le digáis que muero de Amor”.

569. Sé que te doy una alegría copiándote esta oración a los Santos

Ángeles Custodios de nuestros Sagrarios:

Oh Espíritus Angélicos que custodiáis nuestros Tabernáculos, donde

reposa la prenda adorable de la Sagrada Eucaristía, defendedla de las

profanaciones y conservadla a nuestro amor.

570. Bebe en la fuente clara de los “Hechos de los Apóstoles”: En el

capítulo XII, Pedro, por ministerio de Ángeles libre de la cárcel, se

encamina a casa de la madre de Marcos. —No quieren creer a la

CAMINO 80

criadita, que afirma que está Pedro a la puerta. “Angelus ejus est!” —

¡será su Ángel!, decían.

—Mira con qué confianza trataban a sus Custodios los primeros

cristianos.

—¿Y tú?

571. Las ánimas benditas del purgatorio. —Por caridad, por justicia, y

por un egoísmo disculpable —¡pueden tanto delante de Dios!— tenlas

muy en cuenta en tus sacrificios y en tu oración.

Ojalá, cuando las nombres, puedas decir: “Mis buenas amigas las

almas del purgatorio…”

572. Me dices que por qué te recomiendo siempre, con tanto empeño,

el uso diario del agua bendita. —Muchas razones te podría dar. Te

bastará, de seguro, esta de la Santa de Ávila: “De ninguna cosa huyen

más los demonios, para no tornar, que del agua bendita”.

573. Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi

corazón.

574. ¿Quién te ha dicho que hacer novenas no es varonil? —Varoniles

serán esas devociones, cuando las ejercite un varón…, con espíritu de

oración y de penitencia.

CAMINO 81

FE

575. Algunos pasan por la vida como por un túnel, y no se explican el

esplendor y la seguridad y el calor del sol de la fe.

576. ¡Con qué infame lucidez arguye Satanás contra nuestra Fe

Católica!

Pero, digámosle siempre, sin entrar en discusiones: yo soy hijo de la

Iglesia.

577. Sientes una fe gigante… —El que te da esa fe, te dará los

medios.

578. Te lo dice san Pablo, alma de apóstol: “Justus ex fide vivit.” —El

justo vive de la fe.

—¿Qué haces que dejas que se apague ese fuego?

579. Fe. —Da pena ver de qué abundante manera la tienen en su

boca muchos cristianos, y con qué poca abundancia la ponen en sus

obras.

—No parece sino que es virtud para predicarla, y no para practicarla.

580. Pide humildemente al Señor que te aumente la fe. —Y luego, con

nuevas luces, juzgarás bien las diferencias entre las sendas del

mundo y tu camino de apóstol.

581. ¡Con qué humildad y con qué sencillez cuentan los evangelistas

hechos que ponen de manifiesto la fe floja y vacilante de los

Apóstoles!

—Para que tú y yo no perdamos la esperanza de llegar a tener la fe

inconmovible y recia que luego tuvieron aquellos primeros.

582. ¡Qué hermosa es nuestra Fe Católica! —Da solución a todas

nuestras ansiedades, y aquieta el entendimiento y llena de esperanza

el corazón.

583. No soy “milagrero”. —Te dije que me sobran milagros en el Santo

Evangelio para asegurar fuertemente mi fe. —Pero me dan pena esos

cristianos —incluso piadosos, “¡apostólicos!”— que se sonríen cuando

oyen hablar de caminos extraordinarios, de sucesos sobrenaturales.

CAMINO 82

—Siento deseos de decirles: sí, ahora hay también milagros: ¡nosotros

los haríamos si tuviéramos fe!

584. Enciende tu fe. —No es Cristo una figura que pasó. No es un

recuerdo que se pierde en la historia.

¡Vive!: “Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!” —dice San

Pablo— ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre!

585. “Si habueritis fidem, sicut granum sinapis!” —¡Si tuvierais fe tan

grande como un granito de mostaza!…

—¡Qué promesas encierra esa exclamación del Maestro!

586. Dios es el de siempre. —Hombres de fe hacen falta: y se

renovarán los prodigios que leemos en la Santa Escritura.

—”Ecce non est abbreviata manus Domini” —¡El brazo de Dios, su

poder, no se ha empequeñecido!

587. No tienen fe. —Pero tienen supersticiones. Risa y vergüenza nos

dio aquel poderoso que perdía su tranquilidad al oír una determinada

palabra, de suyo indiferente e inofensiva —que era, para él, de mal

agüero— o al ver girar la silla sobre una pata.

588. “Omnia possibilia sunt credenti” —Todo es posible para el que

cree. —Son palabras de Cristo.

—¿Qué haces, que no le dices con los apóstoles: “adauge nobis

fidem!” —¡auméntame la fe!?

CAMINO 83

HUMILDAD

589. Cuando percibas los aplausos del triunfo, que suenen también en

tus oídos las risas que provocaste con tus fracasos.

590. No quieras ser como aquella veleta dorada del gran edificio: por

mucho que brille y por alta que esté, no importa para la solidez de la

obra.

—Ojalá seas como un viejo sillar oculto en los cimientos, bajo tierra,

donde nadie te vea: por ti no se derrumbará la casa.

591. Cuanto más me exalten, Jesús mío, humíllame más en mi

corazón, haciéndome saber lo que he sido y lo que seré, si tú me

dejas.

592. No olvides que eres… el depósito de la basura. —Por eso, si

acaso el Jardinero divino echa mano de ti, y te friega y te limpia… y te

llena de magníficas flores…, ni el aroma ni el color, que embellecen tu

fealdad, han de ponerte orgulloso.

—Humíllate: ¿no sabes que eres el cacharro de los desperdicios?

593. Cuando te veas como eres, ha de parecerte natural que te

desprecien.

594. No eres humilde cuando te humillas, sino cuando te humillan y lo

llevas por Cristo.

595. Si te conocieras, te gozarías en el desprecio, y lloraría tu corazón

ante la exaltación y la alabanza.

596. No te duela que vean tus faltas; la ofensa de Dios y la

desedificación que puedas ocasionar, eso te ha de doler.

—Por lo demás, que sepan cómo eres y te desprecien. —No te cause

pena ser nada, porque así Jesús tiene que ponerlo todo en ti.

597. Si obraras conforme a los impulsos que sientes en tu corazón y a

los que la razón te dicta, estarías de continuo con la boca en tierra, en

postración, como un gusano sucio, feo y despreciable… delante de

¡ese Dios!, que tanto te va aguantando.

CAMINO 84

598. ¡Qué grande es el valor de la humildad! —”Quia respexit

humilitatem…” Por encima de la fe, de la caridad, de la pureza

inmaculada, reza el himno gozoso de nuestra Madre en la casa de

Zacarías:

“Porque vio mi humildad, he aquí que, por esto, me llamarán

bienaventurada todas las generaciones”.

599. Eres polvo sucio y caído. —Aunque el soplo del Espíritu Santo te

levante sobre las cosas todas de la tierra y haga que brille como oro,

al reflejar en las alturas con tu miseria los rayos soberanos del Sol de

Justicia, no olvides la pobreza de tu condición.

Un instante de soberbia te volvería al suelo, y dejarías de ser luz para

ser lodo.

600. ¿Tú…, soberbia? —¿De qué?

601. ¿Soberbia? —¿Por qué?… Dentro de poco —años, días— serás

un montón de carroña hedionda: gusanos, licores malolientes, trapos

sucios de la mortaja…, y nadie, en la tierra, se acordará de ti.

602. Tú, sabio, renombrado, elocuente, poderoso: si no eres humilde,

nada vales. —Corta, arranca ese “yo”, que tienes en grado superlativo

—Dios te ayudará—, y entonces podrás comenzar a trabajar por

Cristo, en el último lugar de su ejército de apóstoles.

603. Esa falsa humildad es comodidad: así, tan humildico, vas

haciendo dejación de derechos… que son deberes.

604. Reconoce humildemente tu flaqueza para poder decir con el

Apóstol: “cum enim infirmor, tunc potens sum” —porque cuando soy

débil, entonces soy fuerte.

605. Padre: ¿cómo puede usted aguantar esta basura? —me dijiste—,

luego de una confesión contrita.

—Callé, pensando que si tu humildad te lleva a sentirte eso —basura:

¡un montón de basura!—, aún podremos hacer de toda tu miseria algo

grande.

606. Mira qué humilde es nuestro Jesús: ¡un borrico fue su trono en

Jerusalén!…

CAMINO 85

607. La humildad es otro buen camino para llegar a la paz interior. —

“Él” lo ha dicho: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de

corazón… y encontraréis paz para vuestras almas”.

608. No es falta de humildad que conozcas el adelanto de tu alma. —

Así lo puedes agradecer a Dios.

—Pero no olvides que eres un pobrecito, que viste un buen traje…

prestado.

609. El propio conocimiento nos lleva como de la mano a la humildad.

610. Tu reciedumbre, para defender el espíritu y las normas del

apostolado en que trabajas, no debe flaquear por falsa humildad. —

Esa reciedumbre no es soberbia: es virtud cardinal de fortaleza.

611. Por soberbia. —Ya te ibas creyendo capaz de todo, tú solo. —Te

dejó un instante, y fuiste de cabeza. —Sé humilde y su apoyo

extraordinario no te faltará.

612. Ya puedes desechar esos pensamientos de orgullo: eres lo que el

pincel en manos del artista. —Y nada más.

—Dime para qué sirve un pincel, si no deja hacer al pintor.

613. Para que seas humilde, tú, tan vacío y tan pagado de ti mismo, te

basta considerar aquellas palabras de Isaías: eres “gota de agua o de

rocío que cae en la tierra, y apenas se echa de ver”.

CAMINO 86

OBEDIENCIA

614. En los trabajos de apostolado no hay desobediencia pequeña.

615. Templa tu voluntad, viriliza tu voluntad: que sea, con la gracia de

Dios, como un espolón de acero.

—Sólo teniendo una fuerte voluntad sabrás no tenerla para obedecer.

616. Por esa tardanza, por esa pasividad, por esa resistencia tuya

para obedecer, ¡cómo se resiente el apostolado y cómo se goza el

enemigo!

617. Obedeced, como en manos del artista obedece un instrumento —

que no se para a considerar por qué hace esto o lo otro—, seguros de

que nunca se os mandará cosa que no sea buena y para toda la gloria

de Dios.

618. El enemigo: ¿obedecerás… hasta en ese detalle “ridículo”? —Tú,

con la gracia de Dios: obedeceré… hasta en ese detalle “heroico”.

619. Iniciativas. —Tenlas, en tu apostolado, dentro de los términos del

mandato que te otorguen.

—Si se salen de estos límites o tienes duda, consulta al superior, sin

comunicar antes a nadie tus pensamientos.

—Nunca olvides que eres solamente ejecutor.

620. Si la obediencia no te da paz, es que eres soberbio.

621. ¡Qué lástima que quien hace cabeza no te dé ejemplo!… —Pero,

¿acaso le obedeces por sus condiciones personales?… ¿O el “obedite

praepositis vestris” —”obedeced a vuestros superiores”, de San Pablo,

lo traduces, para tu comodidad, con una interpolación tuya que venga

a decir…, siempre que el superior tenga virtudes a mi gusto?

622. ¡Qué bien has entendido la obediencia cuando me has escrito:

“obedecer siempre es ser mártir sin morir”!

623. Te mandan una cosa que crees estéril y difícil. —Hazla. —Y

verás que es fácil y fecunda.

CAMINO 87

624. Jerarquía. —Cada pieza en su lugar. —¿Qué quedaría de un

cuadro de Velázquez si cada color se fuera por su sitio, cada hilo de la

tela se soltase, cada trozo de madera del bastidor se separase de los

otros?

625. Tu obediencia no merece ese nombre si no estás decidido a

echar por tierra tu labor personal más floreciente, cuando quien puede

lo disponga así.

626. ¿Verdad, Señor, que te daba consuelo grande aquella “sutileza”

del hombrón-niño que, al sentir el desconcierto que produce obedecer

en cosa molesta y de suyo repugnante, te decía bajito: ¡Jesús, que

haga buena cara!?

627. Tu obediencia debe ser muda. ¡Esa lengua!

628. Ahora, que te cuesta obedecer, acuérdate de tu Señor, “factus

obediens usque ad mortem, mortem autem crucis” —¡obediente hasta

la muerte, y muerte de cruz!

629. ¡Oh poder de la obediencia! —El lago de Genesaret negaba sus

peces a las redes de Pedro. Toda una noche en vano.

—Ahora, obediente, volvió la red al agua y pescaron “piscium

multitudinem copiosam” —una gran cantidad de peces.

—Créeme: el milagro se repite cada día.

CAMINO 88

POBREZA

630. No lo olvides: aquel tiene más que necesita menos. —No te crees

necesidades.

631. Despégate de los bienes del mundo. —Ama y practica la pobreza

de espíritu: conténtate con lo que basta para pasar la vida sobria y

templadamente.

—Si no, nunca serás apóstol.

632. No consiste la verdadera pobreza en no tener, sino en estar

desprendido: en renunciar voluntariamente al dominio sobre las cosas.

—Por eso hay pobres que realmente son ricos. Y al revés.

633. Si eres hombre de Dios, pon en despreciar las riquezas el mismo

empeño que ponen los hombres del mundo en poseerlas.

634. ¡Tanta afición a las cosas de la tierra! —Pronto se te irán de las

manos, que no bajan con el rico al sepulcro sus riquezas.

635. No tienes espíritu de pobreza si, puesto a escoger de modo que

la elección pase inadvertida, no escoges para ti lo peor.

636. “Divitiae, si affluant, nolite cor apponere” —Si vienen a tus manos

las riquezas, no pongas en ellas tu corazón. —Anímate a emplearlas

generosamente. Y, si fuera preciso, heroicamente.

—Sé pobre de espíritu.

637. No amas la pobreza, si no amas lo que la pobreza lleva consigo.

638. ¡Cuántos recursos santos tiene la pobreza! —¿Te acuerdas? Tú

le diste, en horas de agobio económico para aquella empresa

apostólica, hasta el último céntimo de que disponías.

—Y te dijo —Sacerdote de Dios—: “yo te daré también todo lo que

tengo”. —Tú, de rodillas. Y… “la bendición de Dios Omnipotente,

Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ti y permanezca

siempre”, se oyó.

—Aún te dura la persuasión de que quedaste bien pagado.

CAMINO 89

DISCRECIÓN

639. De callar no te arrepentirás nunca: de hablar, muchas veces.

640. ¿Cómo te atreves a encarecer que te guarden el secreto…, si

esta advertencia es la señal de que no has sabido guardarlo tú?

641. Discreción no es misterio, ni secreteo. —Es, sencillamente,

naturalidad.

642. Discreción es… delicadeza. —¿No sientes una inquietud, un

malestar íntimo, cuando los asuntos —nobles y corrientes— de tu

familia salen del calor del hogar a la indiferencia o a la curiosidad de la

plaza pública?

643. No pongas fácilmente de manifiesto la intimidad de tu apostolado:

¿no ves que el mundo está lleno de egoístas incomprensiones?

644. Calla: No olvides que tu ideal es como una lucecica recién

encendida. —Puede bastar un soplo para apagarla en tu corazón.

645. ¡Qué fecundo es el silencio! —Todas las energías que me

pierdes, con tus faltas de discreción, son energías que restas a la

eficacia de tu trabajo.

—Sé discreto.

646. Si fueras más discreto no te lamentarías interiormente del mal

sabor de boca que te hace sufrir después de muchas de tus

conversaciones.

647. No pretendas que te “comprendan”. —Esa incomprensión es

providencial: para que tu sacrificio pase oculto.

648. Si callas lograrás más eficacia en tus empresas de apóstol —¡a

cuántos se les va “la fuerza” por la boca!— y te evitarás muchos

peligros de vanagloria.

649. ¡Siempre el espectáculo! —Me pides fotografías, gráficos,

estadísticas.

CAMINO 90

—No te envío ese material, porque —me parece muy respetable la

opinión contraria— creería luego que hacía una labor con vistas a

encaramarme en la tierra…, y donde quiero encaramarme es en el

cielo.

650. Hay mucha gente —santa— que no entiende tu camino. —No te

empeñes en hacérselo comprender: perderás el tiempo y darás lugar a

indiscreciones.

651. “No se puede ser raíz y copa, sino siendo savia, espíritu, cosa

que va por dentro”.

—El amigo tuyo que escribió esas palabras sabía que eras

noblemente ambicioso. —Y te enseñó el camino: la discreción, el

sacrificio, ¡ir por dentro!

652. Discreción, virtud de pocos. —¿Quién calumnió a la mujer

diciendo que la discreción no es virtud de mujeres?

—¡Cuántos hombres, bien barbados, tienen que aprender!

653. ¡Qué ejemplo de discreción nos da la Madre de Dios! Ni a San

José comunica el misterio.

—Pide a la Señora la discreción que te falta.

654. Ha afilado tu lengua el despecho. ¡Calla!

655. Nunca te habré ponderado con bastante encarecimiento la

importancia de la discreción.

—Si no es el filo de tu arma de combate, te diré que es la

empuñadura.

656. Calla siempre cuando sientas dentro de ti el bullir de la

indignación. —Y esto, aunque estés justísimamente airado.

—Porque, a pesar de tu discreción, en esos instantes siempre dices

más de lo que quisieras.

CAMINO 91

ALEGRÍA

657. La verdadera virtud no es triste y antipática, sino amablemente

alegre.

658. Si salen las cosas bien, alegrémonos, bendiciendo a Dios que

pone el incremento. —¿Salen mal? —Alegrémonos, bendiciendo a

Dios que nos hace participar de su dulce Cruz.

659. La alegría que debes tener no es esa que podríamos llamar

fisiológica, de animal sano, sino otra sobrenatural, que procede de

abandonar todo y abandonarte en los brazos amorosos de nuestro

Padre-Dios.

660. Nunca te desanimes si eres apóstol. —No hay contradicción que

no puedas superar. —¿Por qué estás triste?

661. Caras largas…, modales bruscos…, facha ridícula…, aire

antipático: ¿Así esperas animar a los demás a seguir a Cristo?

662. ¿No hay alegría? —Piensa: hay un obstáculo entre Dios y yo. —

Casi siempre acertarás.

663. Para poner remedio a tu tristeza me pides un consejo. —Voy a

darte una receta que viene de buena mano: del apóstol Santiago.

—”Tristatur aliquis vestrum?” —¿Estás triste, hijo mío? —”Oret!” —

¡Haz oración! —Prueba a ver.

664. No estés triste. —Ten una visión más… “nuestra” —más

cristiana— de las cosas.

665. Quiero que estés siempre contento, porque la alegría es parte

integrante de tu camino. —Pide esa misma alegría sobrenatural para

todos.

666. “Laetetur cor quaerentium Dominum” —Alégrese el corazón de

los que buscan al Señor.

—Luz, para que investigues en los motivos de tu tristeza.

CAMINO 92

OTRAS VIRTUDES

667. Los actos de Fe, Esperanza y Amor son válvulas por donde se

expansiona el fuego de las almas que viven vida de Dios.

668. Hazlo todo con desinterés, por puro Amor, como si no hubiera

premio ni castigo. —Pero fomenta en tu corazón la gloriosa esperanza

del cielo.

669. Está bien que sirvas a Dios como un hijo, sin paga,

generosamente… —Pero no te preocupes si alguna vez piensas en el

premio.

670. Dice Jesús: “y cualquiera que deje casa o hermanos o hermanas

o padre o madre o esposa o hijos o heredades por causa de mi

nombre, recibirá cien veces más y poseerá la vida eterna”.

—¡A ver si encuentras, en la tierra, quien pague con tanta

generosidad!

671. Jesús… callado. —”Jesus autem tacebat”. —¿Por qué hablas tú,

para consolarte o para sincerarte?

Calla. —Busca la alegría en los desprecios: siempre te harán menos

de los que mereces.

—Puedes, tú, acaso, preguntar: “Quid enim mali feci?” —¿qué mal he

hecho?

672. Está seguro de que eres hombre de Dios si llevas con alegría y

silencio la injusticia.

673. Hermosa contestación la que dio aquel varón venerable al joven

que se quejaba de la injusticia sufrida:

“¿Te molesta? —le decía—, pues, ¡no quieras ser bueno!…”

674. Nunca des tu parecer si no te lo piden, aunque pienses que esta

opinión tuya es la más acertada.

675. Es verdad que fue pecador. —Pero no formes sobre él ese juicio

inconmovible. —Ten entrañas de piedad, y no olvides que aún puede

ser un Agustín, mientras tú no pasas de mediocre.

CAMINO 93

676. Todas las cosas de este mundo no son más que tierra. —Ponlas

en un montón bajo tus pies, y estarás más cerca del cielo.

677. Oro, plata, joyas…, tierra, montones de estiércol. —Goces,

placeres sensuales, satisfacción de apetitos…, como una bestia, como

un mulo, como un cerdo, como un gallo, como un toro.

Honores, distinciones, títulos…, cosas de aire, hinchazones de

soberbia, mentiras, nada.

678. No pongas tus amores aquí abajo. —Son amores egoístas… Los

que amas se apartarán de ti, con miedo y asco, a las pocas horas de

llamarte Dios a su presencia. —Otros son los amores que perduran.

679. La gula es un vicio feo. —¿No te da un poquito de risa y otro

poquito de asco ver a esos señores graves, sentados alrededor de la

mesa, serios, con aire de rito, metiendo grasas en el tubo digestivo,

como si aquello fuera “un fin”?

680. En la mesa, no hables de la comida: eso es una ordinariez,

impropia de ti. —Habla de algo noble —del alma o del entendimiento—

, y enaltecerás ese deber.

681. El día que te levantes de la mesa sin haber hecho una pequeña

mortificación has comido como un pagano.

682. De ordinario comes más de lo que necesitas. —Y esa hartura,

que muchas veces te produce pesadez y molestia física, te inhabilita

para saborear los bienes sobrenaturales y entorpece tu entendimiento.

¡Qué buena virtud, aun para la tierra, es la templanza!

683. Te veo, caballero cristiano —dices que lo eres—, besando una

imagen, mascullando una oración vocal, clamando contra los que

atacan a la Iglesia de Dios…, y hasta frecuentando los Santos

Sacramentos.

Pero no te veo hacer un sacrificio, ni prescindir de ciertas

conversaciones… mundanas (podría, con razón, aplicarles otro

calificativo), ni ser generoso con los de abajo… ¡ni con esa Iglesia de

Cristo!, ni soportar una flaqueza de tu hermano, ni abatir tu soberbia

por el bien común, ni deshacerte de tu firme envoltura de egoísmo,

ni… ¡tantas cosas más!

CAMINO 94

Te veo… —No te veo… —Y tú… ¿dices que eres caballero cristiano?

—¡Qué pobre concepto tienes de Cristo!

684. Tu talento, tu simpatía, tus condiciones… se pierden: no te dejan

aprovecharlas. —Piensa bien estas palabras de un autor espiritual:

“No se pierde el incienso que se ofrece a Dios. —Más honrado es el

Señor con el abatimiento de tus talentos que con el vano uso de ellos”.

CAMINO 95

TRIBULACIONES

685. El vendaval de la persecución es bueno. —¿Qué se pierde?… No

se pierde lo que está perdido. —Cuando no se arranca el árbol de

cuajo —y el árbol de la Iglesia no hay viento ni huracán que pueda

arrancarlo— solamente se caen las ramas secas… Y esas, bien caídas

están.

686. Conforme: aquella persona ha sido mala contigo. —Pero, ¿no

has sido tú peor con Dios?

687. Jesús: por dondequiera que has pasado no quedó un corazón

indiferente. —O se te ama o se te odia.

Cuando un varón-apóstol te sigue, cumpliendo su deber, ¿podrá

extrañarme —¡si es otro Cristo!— que levante parecidos murmullos de

aversión o de afecto?

688. Otra vez…: Que han dicho, que han escrito…: En favor, en

contra…: Con buena, y con menos buena voluntad…: Reticencias y

calumnias, panegíricos y exaltaciones…: sandeces y aciertos…

—¡Tonto, tontísimo!: ¿Qué te importa, cuando vas derecho a tu fin,

cabeza y corazón borrachos de Dios, el clamor del viento o el cantar

de la chicharra, o el mugido o el gruñido o el relincho?…

Además… es inevitable: no pretendas poner puertas al campo.

689. Se han desatado las lenguas y has sufrido desaires que te han

herido más porque no los esperabas.

Tu reacción sobrenatural debe ser perdonar —y aun pedir perdón— y

aprovechar la experiencia para despegarte de las criaturas.

690. Cuando venga el sufrimiento, el desprecio…, la Cruz, has de

considerar: ¿qué es esto para lo que yo merezco?

691. ¿Estás sufriendo una gran tribulación? —¿Tienes

contradicciones? Di, muy despacio, como paladeándola, esta oración

recia y viril:

“Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima

y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. —Amén. —

Amén.”

Yo te aseguro que alcanzarás la paz.

CAMINO 96

692. Sufres en esta vida de aquí…, que es un sueño… corto. —

Alégrate: porque te quiere mucho tu Padre-Dios, y, si no pones

obstáculos, tras este sueño malo, te dará un buen despertar.

693. Te duele que no te agradezcan aquel favor. —Respóndeme a

estas dos preguntas: ¿tan agradecido eres tú con Cristo Jesús?…

¿has sido capaz de hacer ese favor, buscando el agradecimiento en la

tierra?

694. No sé por qué te asustas. —Siempre fueron poco razonables los

enemigos de Cristo.

Resucitado Lázaro, debieron rendirse y confesar la divinidad de Jesús.

—Pues, no: ¡matemos al que da la vida!, dijeron.

Y hoy, como ayer.

695. En las horas de lucha y contradicción, cuando quizá “los buenos”

llenen de obstáculos tu camino, alza tu corazón de apóstol: oye a

Jesús que habla del grano de mostaza y de la levadura. —Y dile:

“edissere nobis parabolam” —explícame la parábola.

Y sentirás el gozo de contemplar la victoria futura: aves del cielo, en el

cobijo de tu apostolado, ahora incipiente; y toda la masa fermentada.

696. Si recibes la tribulación con ánimo encogido pierdes la alegría y la

paz, y te expones a no sacar provecho espiritual de aquel trance.

697. Los acontecimientos públicos te han metido en un encierro

voluntario, peor quizá, por sus circunstancias, que el encierro de una

prisión. —Has sufrido un eclipse de tu personalidad.

No encuentras campo: egoísmos, curiosidades, incomprensiones y

susurración. —Bueno; ¿y qué? ¿Olvidas tu voluntad libérrima y tu

poder de “niño”? —La falta de hojas y de flores (de acción externa) no

excluye la multiplicación y la actividad de las raíces (vida interior).

Trabaja: ya cambiará el rumbo de las cosas, y darás más frutos que

antes, y más sabrosos.

698. ¿Te riñen? —No te enfades, como te aconseja tu soberbia. —

Piensa: ¡qué caridad tienen conmigo! ¡Lo que se habrán callado!

CAMINO 97

699. Cruz, trabajos, tribulaciones: los tendrás mientras vivas. —Por

ese camino fue Cristo, y no es el discípulo más que el Maestro.

700. Conforme: hay mucha lucha de fuera y esto te exime, en parte. —

Pero también hay complicidad dentro —mira despacio— y ahí no veo

eximente.

701. ¿No has oído de labios del Maestro la parábola de la vid y los

sarmientos? —Consuélate: te exige, porque eres sarmiento que da

fruto… Y te poda, “ut fructum plus afferas” —para que des más fruto.

¡Claro!: duele ese cortar, ese arrancar. Pero, luego, ¡qué lozanía en

los frutos, qué madurez en las obras!

702. Estás intranquilo. —Mira: pase lo que pase en tu vida interior o en

el mundo que te rodea nunca olvides que la importancia de los

sucesos o de las personas es muy relativa. —Calma: deja que corra el

tiempo; y, después, viendo de lejos y sin pasión los acontecimientos y

las gentes adquirirás la perspectiva, pondrás cada cosa en su lugar y

con su verdadero tamaño.

Si obras de este modo serás más justo y te ahorrarás muchas

preocupaciones.

703. Una mala noche, en una mala posada. —Así dicen que definió

esta vida terrena la Madre Teresa de Jesús. —¿No es verdad que es

comparación certera?

704. Una visita al monasterio famoso. —Aquella señora extranjera

sintió apiadársele las entrañas al considerar la pobreza del edificio:

“¿Deben llevar ustedes una vida muy dura, no?” Y el monje,

satisfecho, se limitó a contestar: “Tú lo quisiste, fraile mostén; tú lo

quisiste, tú te lo ten”.

Esto, que gozosamente oí decir a ese santo varón, tengo que decírtelo

a ti con pena, cuando me cuentas que no eres feliz.

705. ¿Inquietarte? —Jamás: que eso es perder la paz.

706. Decaimiento físico. —Estás… derrumbado. —Descansa. Para esa

actividad exterior. —Consulta al médico. Obedece, y despreocúpate.

Pronto volverás a tu vida y mejorarás, si eres fiel, tus apostolados.

CAMINO 98

LUCHA INTERIOR

707. No te turbes si al considerar las maravillas del mundo

sobrenatural sientes la otra voz —íntima, insinuante— del hombre

viejo.

Es “el cuerpo de muerte”, que clama por sus fueros perdidos… Te

basta la gracia: sé fiel y vencerás.

708. El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que,

aprovechándose de la debilidad del salvaje que llevas dentro, quieren

que, a cambio del pobre espejuelo de un placer —que nada vale—, les

entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados

en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro

de tu eternidad.

709. ¿Oyes? —En otro estado, en otro lugar, en otro grado y oficio

harías mucho mayor bien. —¡Para hacer lo que haces no hace falta

talento!…

Pues yo te digo: donde te han puesto agradas a Dios…, y eso que

venías pensando es claramente sugestión infernal.

710. Te apuras y entristeces porque tus Comuniones son frías, llenas

de aridez. —Cuando vas al Sacramento, dime: ¿te buscas a ti o

buscas a Jesús? —Si te buscas a ti, motivo tienes para entristecerte…

Pero si —como debes— buscas a Cristo, ¿quieres señal más segura

que la Cruz para saber que le has encontrado?

711. Otra caída… y ¡qué caída!… ¿Desesperarte?… No: humillarte y

acudir, por María, tu Madre, al Amor Misericordioso de Jesús. —Un

“miserere” y ¡arriba ese corazón! —A comenzar de nuevo.

712. ¡Muy honda es tu caída! —Comienza los cimientos desde ahí

abajo. —Sé humilde. —”Cor contritum et humiliatum, Deus, non

despicies”. —No despreciará Dios un corazón contrito y humillado.

713. Tú no vas contra Dios. —Tus caídas son de fragilidad. —

Conforme: pero ¡son tan frecuentes esas fragilidades! —no sabes

evitarlas— que, si no quieres que te tenga por malo, habré de tenerte

por malo y por tonto.

CAMINO 99

714. Un querer sin querer es el tuyo, mientras no quites decididamente

la ocasión. —No te quieras engañar diciéndome que eres débil. Eres…

cobarde, que no es lo mismo.

715. Esa trepidación de tu espíritu, la tentación, que te envuelve, es

como una venda sobre los ojos de tu alma.

Estás a oscuras. —No te empeñes en andar solo, porque, solo,

caerás. —Ve a tu Director —a tu superior— y él hará que oigas

aquellas palabras de Rafael Arcángel a Tobías:

“Forti animo esto, in proximo est ut a Deo cureris” —Ten ánimo, que

pronto te curará Dios. —Sé obediente, y caerán las escamas, caerá la

venda de tus ojos, y Dios te llenará de gracia y de paz.

716. ¡No sé vencerme!, me escribes con desaliento. —Y te contesto:

Pero, ¿acaso has intentado poner los medios?

717. ¡Bienaventuradas malaventuras de la tierra! —Pobreza, lágrimas,

odios, injusticia, deshonra… Todo lo podrás en Aquel que te

confortará.

718. Sufres… y no querrías quejarte. —No importa que te quejes —es

la reacción natural de la pobre carne nuestra—, mientras tu voluntad

quiere en ti, ahora y siempre, lo que quiera Dios.

719. Nunca te desesperes. Muerto y corrompido estaba Lázaro: “jam

foetet, quatriduanus est enim” —hiede, porque hace cuatro días que

está enterrado, dice Marta a Jesús.

Si oyes la inspiración de Dios y la sigues —”Lazare, veni foras!” —

¡Lázaro, sal afuera!—, volverás a la Vida.

720. ¡Que cuesta! —Ya lo sé. Pero, ¡adelante!: nadie será premiado —

y ¡qué premio!— sino el que pelee con bravura.

721. Si se tambalea tu edificio espiritual, si todo te parece estar en el

aire…, apóyate en la confianza filial en Jesús y en María, piedra firme y

segura sobre la que debiste edificar desde el principio.

722. La prueba esta vez es larga. —Quizá —y sin quizá— no la

llevaste bien hasta aquí… porque aún buscabas consuelos humanos.

CAMINO 100

—Y tu Padre-Dios los arrancó de cuajo para que no tengas más

asidero que Él.

723. ¿Que te da todo igual? —No quieras engañarte. Ahora mismo, si

yo te preguntara por personas y por empresas, en las que por Dios

metiste tu alma, habrías de contestarme, ¡briosamente!, con el interés

de quien habla de cosa propia.

No te da todo igual: es que no eres incansable…, y necesitas más

tiempo para ti: tiempo que será también para tus obras, porque, a

última hora, tú eres el instrumento.

724. Me dices que tienes en tu pecho fuego y agua, frío y calor,

pasioncillas y Dios…: una vela encendida a San Miguel, y otra al

diablo.

Tranquilízate: mientras quieras luchar no hay dos velas encendidas en

tu pecho, sino una, la del Arcángel.

725. El enemigo casi siempre procede así con las almas que le van a

resistir: hipócritamente, suavemente: motivos… ¡espirituales!: no llamar

la atención… —Y luego, cuando parece no haber remedio (lo hay),

descaradamente…, por si logra una desesperación a lo Judas, sin

arrepentimiento.

726. Al perder aquellos consuelos humanos te has quedado con una

sensación de soledad, como pendiente de un hilillo sobre el vacío de

negro abismo. —Y tu clamor, tus gritos de auxilio, parece que no los

escucha nadie.

Bien merecido tienes ese desamparo. —Sé humilde, no te busques a

ti, ni busques tu comodidad: ama la Cruz —soportarla es poco— y el

Señor oirá tu oración. —Y se encalmarán tus sentidos. —Y tu corazón

volverá a cerrarse. —Y tendrás paz.

727. En carne viva. —Así te encuentras. Todo te hace sufrir en las

potencias y en los sentidos. Y todo te es tentación…

Sé humilde —insisto—: verás qué pronto te sacan de ese estado: y el

dolor se trocará en gozo: y la tentación, en segura firmeza.

Pero, mientras, aviva tu fe; llénate de esperanza; y haz continuos

actos de Amor, aunque pienses que son sólo de boca.

728. Toda nuestra fortaleza es prestada.

CAMINO 101

729. ¡Oh, Dios mío: cada día estoy menos seguro de mí y más seguro

de Ti!

730. Si no le dejas, Él no te dejará.

731. Espéralo todo de Jesús: tú no tienes nada, no vales nada, no

puedes nada. —Él obrará, si en Él te abandonas.

732. ¡Oh, Jesús! —Descanso en Ti.

733. Confía siempre en tu Dios. —Él no pierde batallas.

CAMINO 102

POSTRIMERÍAS

734. “Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas”. —Luego, ¿el

hombre pecador tiene su hora? —Sí…, ¡y Dios su eternidad!

735. Si eres apóstol, la muerte será para ti una buena amiga que te

facilita el camino.

736. ¿Has visto, en una tarde triste de otoño, caer las hojas muertas?

Así caen cada día las almas en la eternidad: un día, la hoja caída

serás tú.

737. ¿No has oído con qué tono de tristeza se lamentan los mundanos

de que “cada día que pasa es morir un poco”?

Pues, yo te digo: alégrate, alma de apóstol, porque cada día que pasa

te aproxima a la Vida.

738. A los “otros”, la muerte les para y sobrecoge. —A nosotros, la

muerte —la Vida— nos anima y nos impulsa.

Para ellos es el fin: para nosotros, el principio.

739. No tengas miedo a la muerte. —Acéptala, desde ahora,

generosamente…, cuando Dios quiera…, como Dios quiera…, donde

Dios quiera. —No lo dudes: vendrá en el tiempo, en el lugar y del

modo que más convenga…, enviada por tu Padre-Dios. —¡Bienvenida

sea nuestra hermana la muerte!

740. ¿Qué pieza del mundo se desquiciará si yo falto, si muero?

741. ¿Ves cómo se deshace materialmente, en humores que apestan,

el cadáver de la persona querida? —Pues, ¡eso es un cuerpo

hermoso! —Contémplalo y saca consecuencias.

742. Aquellos cuadros de Valdés Leal, con tanta carroña distinguida —

obispos, calatravos— en viva podredumbre, me parece imposible que

no te muevan.

Pero ¿y el gemido del duque de Gandía: no más servir a señor que se

me pueda morir?

CAMINO 103

743. Me hablas de morir “heroicamente”. —¿No crees que es más

“heroico” morir inadvertido en una buena cama, como un burgués…,

pero de mal de Amor?

744. Tú —si eres apóstol— no has de morir. —Cambiarás de casa, y

nada más.

745. “Ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”, rezamos en el

Credo. —Ojalá no me pierdas de vista ese juicio y esa justicia y… a

ese Juez.

746. ¿No brilla en tu alma el deseo de que tu Padre-Dios se ponga

contento cuando te tenga que juzgar?

747. Hay mucha propensión en las almas mundanas a recordar la

Misericordia del Señor. —Y así se animan a seguir adelante en sus

desvaríos.

Es verdad que Dios Nuestro Señor es infinitamente misericordioso,

pero también es infinitamente justo: y hay un juicio, y Él es el Juez.

748. Anímate. —¿No sabes que dice San Pablo, a los de Corinto, que

“cada uno recibirá su propio salario, a medida de su trabajo”?

749. Hay infierno. —Una afirmación que, para ti, tiene visos de

perogrullada. —Te la voy a repetir: ¡hay infierno!

Hazme tú eco, oportunamente, al oído de aquel compañero… y de

aquel otro.

750. Óyeme, hombre metido en la ciencia hasta las cejas: tu ciencia

no me puede negar la verdad de las actividades diabólicas. Mi Madre,

la Santa Iglesia —durante muchos años: y es también una laudable

devoción privada— ha hecho que los Sacerdotes al pie del altar

invoquen cada día a San Miguel, “contra nequitiam et insidias diaboli”

—contra la maldad y las insidias del enemigo.

751. El cielo: “ni ojo alguno vio, ni oreja oyó, ni pasaron a hombre por

pensamiento las cosas que tiene Dios preparadas para aquellos que le

aman”.

¿No te empujan a luchar esas revelaciones del apóstol?

CAMINO 104

752. Siempre. —¡Para siempre! —Palabras manoseadas por el afán

humano de prolongar —de eternizar— lo que es gustoso.

Palabras mentirosas, en la tierra, donde todo se acaba.

753. Esto de aquí es un continuo acabarse: aún no empieza el placer y

ya se termina.

CAMINO 105

LA VOLUNTAD DE DIOS

754. Esta es la llave para abrir la puerta y entrar en el Reino de los

Cielos: “qui facit voluntatem Patris mei qui in coelis est, ipse intrabit in

regnum coelorum” —el que hace la voluntad de mi Padre…, ¡ése

entrará!

755. De que tú y yo nos portemos como Dios quiere —no lo olvides—

dependen muchas cosas grandes.

756. Nosotros somos piedras, sillares, que se mueven, que sienten,

que tienen una libérrima voluntad.

Dios mismo es el cantero que nos quita las esquinas, arreglándonos,

modificándonos, según Él desea, a golpe de martillo y de cincel.

No queramos apartarnos, no queramos esquivar su Voluntad, porque,

de cualquier modo, no podremos evitar los golpes. —Sufriremos más e

inútilmente, y, en lugar de la piedra pulida y dispuesta para edificar,

seremos un montón informe de grava que pisarán las gentes con

desprecio.

757. ¿Resignación?… ¿Conformidad?… ¡Querer la Voluntad de Dios!

758. La aceptación rendida de la Voluntad de Dios trae

necesariamente el gozo y la paz: la felicidad en la Cruz. —Entonces se

ve que el yugo de Cristo es suave y que su carga no es pesada.

759. ¡Paz, paz!, me dices. —La paz es… para los hombres de “buena”

voluntad.

760. Un razonamiento que lleva a la paz y que el Espíritu Santo da

hecho a los que quieren la Voluntad de Dios: “Dominus regit me, et

nihil mihi deerit” —el Señor me gobierna, nada me faltará.

¿Qué puede inquietar a un alma que repita de verdad esas palabras?

761. Hombre libre, sujétate a voluntaria servidumbre para que Jesús

no tenga que decir por ti aquello que cuentan que dijo por otros a la

Madre Teresa: “Teresa, yo quise… Pero los hombres no han querido”.

762. Acto de identificación con la Voluntad de Dios:

¿Lo quieres, Señor?… ¡Yo también lo quiero!

CAMINO 106

763. No dudes: deja que salga del corazón a los labios un “Fiat” —

¡hágase!… —que sea la coronación del sacrificio.

764. Cuanto más cerca está de Dios el apóstol, se siente más

universal: se agranda el corazón para que quepan todos y todo en los

deseos de poner el universo a los pies de Jesús.

765. Más quiero tu Voluntad, Dios mío, que no cumpliéndola —si

pudiera ser tal disparate—, la misma gloria.

766. El abandono en la Voluntad de Dios es el secreto para ser feliz en

la tierra. —Di, pues: “meus cibus est, ut faciam voluntatem ejus” —mi

alimento es hacer su Voluntad.

767. Ese abandono es precisamente la condición que te hace falta

para no perder en lo sucesivo tu paz.

768. El “gaudium cum pace” —la alegría y la paz— es fruto seguro y

sabroso del abandono.

769. La indiferencia no es tener el corazón seco… como Jesús no lo

tuvo.

770. No eres menos feliz porque te falta que si te sobrara.

771. Dios exalta a quienes cumplen su Voluntad en lo mismo en que

los humilló.

772. Pregúntate muchas veces al día: ¿hago en este momento lo que

debo hacer?

773. Jesús, lo que tú “quieras”… yo lo amo.

774. Escalones: Resignarse con la Voluntad de Dios: Conformarse con

la Voluntad de Dios: Querer la Voluntad de Dios: Amar la Voluntad de

Dios.

775. Señor, si es tu Voluntad, haz de mi pobre carne un Crucifijo.

CAMINO 107

776. No caigas en un círculo vicioso: tú piensas: cuando se arregle

esto así o del otro modo seré muy generoso con mi Dios.

¿Acaso Jesús no está esperando que seas generoso sin reservas

para arreglar Él las cosas mejor de lo que imaginas?

Propósito firme, lógica consecuencia: en cada instante de cada día

trataré de cumplir con generosidad la Voluntad de Dios.

777. Tu propia voluntad, tu propio juicio: eso es lo que te inquieta.

778. Es cuestión de segundos… Piensa antes de comenzar cualquier

negocio: ¿Qué quiere Dios de mí en este asunto?

Y, con la gracia divina, ¡hazlo!

CAMINO 108

LA GLORIA DE DIOS

779. Es bueno dar gloria a Dios, sin tomarse anticipos (mujer, hijos,

honores…) de esa gloria, de que gozaremos plenamente con Él en la

Vida…

Además, Él es generoso… Da el ciento por uno: y esto es verdad

hasta en los hijos. —Muchos se privan de ellos por su gloria, y tienen

miles de hijos de su espíritu. —Hijos, como nosotros lo somos del

Padre nuestro, que está en los cielos.

780. “Deo omnis gloria”. —Para Dios toda la gloria. —Es una

confesión categórica de nuestra nada. Él, Jesús, lo es todo. Nosotros,

sin Él, nada valemos: nada.

Nuestra vanagloria sería eso: gloria vana; sería un robo sacrílego; el

“yo” no debe aparecer en ninguna parte.

781. Sin mí nada podéis hacer, ha dicho el Señor. —Y lo ha dicho,

para que tú y yo no nos apuntemos éxitos que son suyos. —”Sine me,

nihil!…”

782. ¿Cómo te atreves a emplear ese chispazo del entendimiento

divino, que es tu razón, en otra cosa que no sea dar gloria a tu Señor?

783. Si la vida no tuviera por fin dar gloria a Dios, sería despreciable,

más aún: aborrecible.

784. Da “toda” la gloria a Dios. —”Exprime” con tu voluntad, ayudado

por la gracia, cada una de tus acciones, para que en ellas no quede

nada que huela a humana soberbia, a complacencia de tu “yo”.

785. “Deus meus es tu, et confitebor tibi: Deus meus es tu, et exaltabo

te”. —Tú eres mi Dios, y te confesaré: Tú eres mi Dios, y te exaltaré.

—Hermoso programa…, para un apóstol de tu talla.

786. Que ningún afecto te ate a la tierra, fuera del deseo divinísimo de

dar gloria a Cristo y, por Él y con Él y en Él, al Padre y al Espíritu

Santo.

787. Rectifica, rectifica. —¡Tendría tan poca gracia que ese

vencimiento fuera estéril porque te has movido por miras humanas!

CAMINO 109

788. Pureza de intención. —Las sugestiones de la soberbia y los

ímpetus de la carne los conoces pronto… y peleas y, con la gracia,

vences.

Pero los motivos que te llevan a obrar, aun en las acciones más

santas, no te parecen claros… y sientes una voz allá dentro que te

hace ver razones humanas…, con tal sutileza, que se infiltra en tu alma

la intranquilidad de pensar que no trabajas como debes hacerlo —por

puro Amor, sola y exclusivamente por dar a Dios toda su gloria.

Reacciona en seguida cada vez y di: “Señor, para mí nada quiero. —

Todo para tu gloria y por Amor”.

789. Sin duda que has purificado bien tu intención, cuando has dicho:

renuncio desde ahora a toda gratitud y pago humanos.

CAMINO 110

PROSELITISMO

790. ¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor

vuestro: ¡locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón…

y muchas veces lo envilecen…, dejad eso y venid con nosotros tras el

Amor?

791. Te falta “vibración”. —Esa es la causa de que arrastres a tan

pocos. —Parece como si no estuvieras muy persuadido de lo que

ganas al dejar por Cristo esas cosas de la tierra.

Compara: ¡el ciento por uno y la vida eterna! —¿Te parece pequeño el

“negocio”?

792. “Duc in altum”. —¡Mar adentro! —Rechaza el pesimismo que te

hace cobarde. “Et laxate retia vestra in capturam” —y echa tus redes

para pescar.

¿No ves que puedes decir, como Pedro: “in nomine tuo, laxabo rete”

—Jesús, en tu nombre, buscaré almas?

793. Proselitismo. —Es la señal cierta del celo verdadero.

794. Sembrar. —Salió el sembrador… Siembra a voleo, alma de

apóstol. —El viento de la gracia arrastrará tu semilla si el surco donde

cayó no es digno… Siembra, y está cierto de que la simiente arraigará

y dará su fruto.

795. Con el buen ejemplo se siembra buena semilla; y la caridad

obliga a sembrar a todos.

796. Pequeño amor es el tuyo si no sientes el celo por la salvación de

todas las almas. —Pobre amor es el tuyo si no tienes ansias de pegar

tu locura a otros apóstoles.

797. Sabes que tu camino no es claro. —Y que no lo es porque al no

seguir de cerca a Jesús te quedas en tinieblas. —¿A qué esperas para

decidirte?

798. ¿Razones?… ¿Qué razones daría el pobre Ignacio al sabio

Xavier?

CAMINO 111

799. Lo que a ti te maravilla a mí me parece razonable. —¿Que te ha

ido a buscar Dios en el ejercicio de tu profesión?

Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago,

junto a las redes: a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores…

Y, ¡asómbrate!, a Pablo, en su afán de acabar con la semilla de los

cristianos.

800. La mies es mucha y pocos los operarios. —”Rogate ergo!” —

Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe operarios a su campo.

La oración es el medio más eficaz de proselitismo.

801. Aún resuena en el mundo aquel grito divino: “Fuego he venido a

traer a la tierra, ¿y qué quiero sino que se encienda?” —Y ya ves: casi

todo está apagado…

¿No te animas a propagar el incendio?

802. Querrías atraer a tu apostolado a aquel hombre sabio, a aquel

otro poderoso, a aquel lleno de prudencia y virtudes.

Ora, ofrece sacrificios y trabájalos con tu ejemplo y con tu palabra. —

¡No vienen! —No pierdas la paz: es que no hacen falta.

¿Crees que no había contemporáneos de Pedro, sabios, y poderosos,

y prudentes, y virtuosos, fuera del apostolado de los primeros doce?

803. Me han dicho que tienes “gracia”, “gancho”, para atraer almas a

tu camino.

Agradécele a Dios ese don: ¡ser instrumento para buscar

instrumentos!

804. Ayúdame a clamar: ¡Jesús, almas!… ¡Almas de apóstol!: son para

ti, para tu gloria.

Verás como acaba por escucharnos.

805. Oye: ahí… ¿no habrá uno… o dos, que nos entiendan bien?

806. Dile, a… ése, que necesito cincuenta hombres que amen a

Jesucristo sobre todas las cosas.

807. Me dices, de ese amigo tuyo, que frecuenta sacramentos, que es

de vida limpia y buen estudiante. —Pero que no “encaja”: si le hablas

de sacrificio y apostolado, se entristece y se te va.

CAMINO 112

No te preocupe. —No es un fracaso de tu celo: es, a la letra, la escena

que narra el Evangelista: “si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto

tienes, y dáselo a los pobres” (sacrificio)… “y ven después y sígueme”

(apostolado).

El adolescente “abiit tristis” —se retiró también entristecido: no quiso

corresponder a la gracia.

808. “Una buena noticia: un nuevo loco…, para el manicomio”. —Y

todo es alborozo en la carta del “pescador”.

¡Que Dios llene de eficacia tus redes!

809. Proselitismo. —¿Quién no tiene hambre de perpetuar su

apostolado?

810. Ese afán de proselitismo que te come las entrañas es señal cierta

de tu entregamiento.

811. ¿Te acuerdas? —Hacíamos tú y yo nuestra oración, cuando caía

la tarde. Cerca se escuchaba el rumor del agua. —Y, en la quietud de

la ciudad castellana, oíamos también voces distintas que hablaban en

cien lenguas, gritándonos angustiosamente que aún no conocen a

Cristo.

Besaste el Crucifijo, sin recatarte, y le pediste ser apóstol de

apóstoles.

812. Me explico que quieras tanto a tu Patria y a los tuyos y que, a

pesar de esas ataduras, aguardes con impaciencia el momento de

cruzar tierras y mares —¡ir lejos!— porque te desvela el afán de mies.

CAMINO 113

COSAS PEQUEÑAS

813. Hacedlo todo por Amor. —Así no hay cosas pequeñas: todo es

grande. —La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es

heroísmo.

814. Un pequeño acto, hecho por Amor, ¡cuánto vale!

815. ¿Quieres de verdad ser santo? —Cumple el pequeño deber de

cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces.

816. Has errado el camino si desprecias las cosas pequeñas.

817. La santidad “grande” está en cumplir los “deberes pequeños” de

cada instante.

818. Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas.

819. Porque fuiste “in pauca fidelis” —fiel en lo poco—, entra en el

gozo de tu Señor. —Son palabras de Cristo. —”In pauca fidelis!…” —

¿Desdeñarás ahora las cosas pequeñas si se promete la gloria a

quienes las guardan?

820. No juzgues por la pequeñez de los comienzos: una vez me

hicieron notar que no se distinguen por el tamaño las simientes que

darán hierbas anuales de las que van a producir árboles centenarios.

821. No me olvides que en la tierra todo lo grande ha comenzado

siendo pequeño. —Lo que nace grande es monstruoso y muere.

822. Me dices: cuando se presente la ocasión de hacer algo grande…

¡entonces! —¿Entonces? ¿Pretendes hacerme creer, y creer tú

seriamente, que podrás vencer en la Olimpiada sobrenatural, sin la

diaria preparación, sin entrenamiento?

823. ¿Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza

imponente? —Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. —Y sacos de

cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del

conjunto. —Y trozos de hierro. —Y obreros que trabajan, día a día, las

mismas horas…

CAMINO 114

¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?… —¡A

fuerza de cosas pequeñas!

824. ¿No has visto en qué “pequeñeces” está el amor humano? —

Pues también en “pequeñeces” está el Amor divino.

825. Sigue en el cumplimiento exacto de las obligaciones de ahora. —

Ese trabajo —humilde, monótono, pequeño— es oración cuajada en

obras que te dispone a recibir la gracia de la otra labor —grande,

ancha y honda— con que sueñas.

826. Todo aquello en que intervenimos los pobrecitos hombres —

hasta la santidad— es un tejido de pequeñas menudencias, que —

según la rectitud de intención— pueden formar un tapiz espléndido de

heroísmo o de bajeza, de virtudes o de pecados.

Las gestas relatan siempre aventuras gigantescas, pero mezcladas

con detalles caseros del héroe. —Ojalá tengas siempre en mucho —

¡línea recta!— las cosas pequeñas.

827. ¿Te has parado a considerar la suma enorme que pueden llegar

a ser “muchos pocos”?

828. Ha sido dura la experiencia: no olvides la lección. —Tus grandes

cobardías de ahora son —está claro— paralelas a tus pequeñas

cobardías diarias.

“No has podido” vencer en lo grande, “porque no quisiste” vencer en

las cosas pequeñas.

829. ¿No has visto las lumbres de la mirada de Jesús cuando la pobre

viuda deja en el templo su pequeña limosna? —Dale tú lo que puedas

dar: no está el mérito en lo poco ni en lo mucho, sino en la voluntad

con que lo des.

830. No me seas… tonto: es verdad que haces el papel —a lo más—

de un pequeño tornillo en esa gran empresa de Cristo.

Pero, ¿sabes lo que supone que el tornillo no apriete bastante o salte

de su sitio?: se aflojarán piezas de más tamaño o caerán melladas las

ruedas.

Se habrá entorpecido el trabajo. —Quizá se inutilizará toda la

maquinaria.

CAMINO 115

¡Qué grande cosa es ser un pequeño tornillo!

CAMINO 116

TÁCTICA

831. Eres, entre los tuyos —alma de apóstol—, la piedra caída en el

lago. —Produce, con tu ejemplo y tu palabra un primer círculo… y éste,

otro… y otro, y otro… Cada vez más ancho.

¿Comprendes ahora la grandeza de tu misión?

832. ¡Qué afán hay en el mundo por salirse de su sitio! —¿Qué

pasaría si cada hueso, cada músculo del cuerpo humano quisiera

ocupar puesto distinto del que le pertenece?

No es otra la razón del malestar del mundo. —Persevera en tu lugar,

hijo mío: desde ahí ¡cuánto podrás trabajar por el reinado efectivo de

Nuestro Señor!

833. ¡Caudillos!… Viriliza tu voluntad para que Dios te haga caudillo.

¿No ves cómo proceden las malditas sociedades secretas? Nunca han

ganado a las masas. —En sus antros forman unos cuantos hombresdemonios

que se agitan y revuelven a las muchedumbres,

alocándolas, para hacerlas ir tras ellos, al precipicio de todos los

desórdenes… y al infierno. —Ellos llevan una simiente maldecida.

Si tú quieres…, llevarás la Palabra de Dios, bendita mil y mil veces,

que no puede faltar. Si eres generoso…, si correspondes, con tu

santificación personal, obtendrás la de los demás: el reinado de Cristo:

que “omnes cum Petro ad Jesum per Mariam”.

834. ¿Hay locura más grande que echar a voleo el trigo dorado en la

tierra para que se pudra? —Sin esa generosa locura no habría

cosecha.

Hijo: ¿cómo andamos de generosidad?

835. ¿Brillar como una estrella…, ansia de altura y de lumbre

encendida en el cielo?

Mejor: quemar, como una antorcha, escondido, pegando tu fuego a

todo lo que tocas. —Este es tu apostolado: para eso estás en la tierra.

836. Servir de altavoz al enemigo es una idiotez soberana; y, si el

enemigo es enemigo de Dios, es un gran pecado. —Por eso, en el

terreno profesional, nunca alabaré la ciencia de quien se sirve de ella

como cátedra para atacar a la Iglesia.

CAMINO 117

837. ¡Galopar, galopar!… ¡Hacer, hacer!… Fiebre, locura de moverse…

Maravillosos edificios materiales…

Espiritualmente: tablas de cajón, percalinas, cartones repintados…

¡galopar!, ¡hacer! —Y mucha gente corriendo: ir y venir.

Es que trabajan con vistas al momento de ahora: “están” siempre “en

presente”. —Tú… has de ver las cosas con ojos de eternidad,

“teniendo en presente” el final y el pasado…

Quietud. —Paz. —Vida intensa dentro de ti. Sin galopar, sin la locura

de cambiar de sitio, desde el lugar que en la vida te corresponde,

como una poderosa máquina de electricidad espiritual, ¡a cuántos

darás luz y energía!…, sin perder tu vigor y tu luz.

838. No tengas enemigos. —Ten solamente amigos: amigos… de la

derecha —si te hicieron o quisieron hacerte bien— y… de la izquierda

—si te han perjudicado o intentaron perjudicarte—.

839. No cuentes hechos de “tu” apostolado como no sea para

provecho del prójimo.

840. Que pase inadvertida vuestra condición como pasó la de Jesús

durante treinta años.

841. José de Arimatea y Nicodemus visitan a Jesús ocultamente a la

hora normal y a la hora de triunfo.

Pero son valientes declarando ante la autoridad su amor a Cristo —

“audacter”— con audacia, a la hora de la cobardía. —Aprende.

842. No os preocupe si por vuestras obras “os conocen”. —Es el buen

olor de Cristo. —Además, trabajando siempre exclusivamente por Él,

alegraos de que se cumplan aquellas palabras de la Escritura: “Que

vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre que está en

los cielos”.

843. “Non manifeste, sed quasi in occulto” —no con publicidad, sino

ocultamente: así va Jesús a la fiesta de los Tabernáculos.

Así irá, camino de Emaús, con Cleofás y su compañero. —Así le ve,

resucitado, María Magdala.

Y así —”non tamen cognoverunt discipuli quia Jesus est” —los

discípulos no conocieron que era Él —así acudió a la pesca milagrosa

que nos cuenta San Juan.

CAMINO 118

Y más oculto aún, por Amor a los hombres, está en la Hostia.

844. ¿Levantar magníficos edificios?… ¿Construir palacios

suntuosos?… Que los levanten… Que los construyan…

¡Almas! —¡Vivificar almas…, para aquellos edificios… y para estos

palacios!

¡Qué hermosas casas nos preparan!

845. ¡Cómo me has hecho reír y cómo me has hecho pensar al

decirme esta perogrullada!: yo… siempre meto los clavos por la punta.

846. De acuerdo: mejor labor haces con esa conversación familiar o

con aquella confidencia aislada que perorando —¡espectáculo,

espectáculo!— en sitio público ante millares de personas.

Sin embargo, cuando hay que perorar, perora.

847. El esfuerzo de cada uno de vosotros, aislado, resulta ineficaz. —

Si os une la caridad de Cristo, os maravillará la eficacia.

848. Quieres ser mártir. —Yo te pondré un martirio al alcance de la

mano: ser apóstol y no llamarte apóstol, ser misionero —con misión—

y no llamarte misionero, ser hombre de Dios y parecer hombre de

mundo: ¡pasar oculto!

849. ¡Hombre! Ponle en ridículo. —Dile que está pasado de moda:

parece mentira que aún haya gente empeñada en creer que es buen

medio de locomoción la diligencia… —Esto, para los que renuevan

volterianismos de peluca empolvada, o liberalismos desacreditados del

XIX.

850. ¡Qué conversaciones! ¡Qué bajeza y qué… asco! —Y has de

convivir con ellos, en la oficina, en la universidad, en el quirófano…, en

el mundo.

Si pides por favor que callen, se te burlan. —Si haces mala cara,

insisten. —Si te vas, continúan.

La solución es ésta: primero, encomendarles a Dios y reparar;

después…, dar la cara varonilmente y emplear “el apostolado de la

mala lengua”. —Cuando te vea ya te diré al oído un repertorio.

851. Encaucemos las “imprudencias providenciales” de la juventud.

CAMINO 119

CAMINO 120

INFANCIA ESPIRITUAL

852. Procura conocer la “vía de infancia espiritual”, sin “forzarte” a

seguir ese camino. —Deja obrar al Espíritu Santo.

853. Camino de infancia. —Abandono. —Niñez espiritual. —Todo esto

no es una bobería, sino una fuerte y sólida vida cristiana.

854. En la vida espiritual de infancia las cosas que dicen o hacen los

“niños” nunca son niñerías y puerilidades.

855. La infancia espiritual no es memez espiritual, ni “blandenguería”:

es camino cuerdo y recio que, por su difícil facilidad, el alma ha de

comenzar y seguir llevada de la mano de Dios.

856. La infancia espiritual exige la sumisión del entendimiento, más

difícil que la sumisión de la voluntad. —Para sujetar el entendimiento

se precisa, además de la gracia de Dios, un continuo ejercicio de la

voluntad, que niega, como niega a la carne, una y otra vez y siempre,

dándose, por consecuencia, la paradoja de que quien sigue el

“Caminito de infancia”, para hacerse niño, necesita robustecer y

virilizar su voluntad.

857. Ser pequeño: las grandes audacias son siempre de los niños. —

¿Quién pide… la luna? —¿Quién no repara en peligros para conseguir

su deseo?

“Poned” en un niño “así”, mucha gracia de Dios, el deseo de hacer su

Voluntad (de Dios), mucho amor a Jesús, toda la ciencia humana que

su capacidad le permita adquirir… y tendréis retratado el carácter de

los apóstoles de ahora, tal como indudablemente Dios los quiere.

858. Sé niño. —Más aún. —Pero no te me plantes en la “edad del

pavo”: ¿Has visto algo más tonto que un chiquillo “hombreando”, o un

hombre “niñoide”?

Niño, con Dios: y, por serlo, hombre muy viril en todo lo demás. —¡Ah!:

y deja esas mañas de perro faldero.

859. A veces nos sentimos inclinados a hacer pequeñas niñadas. —

Son pequeñas obras de maravilla delante de Dios, y, mientras no se

CAMINO 121

introduzca la rutina, serán desde luego esas obras fecundas, como

fecundo es siempre el Amor.

860. Delante de Dios, que es Eterno, tú eres un niño más chico que,

delante de ti, un pequeño de dos años.

Y, además de niño, eres hijo de Dios. —No lo olvides.

861. Niño, enciéndete en deseos de reparar las enormidades de tu

vida de adulto.

862. Niño bobo: el día que ocultes algo de tu alma al Director, has

dejado de ser niño, porque habrás perdido la sencillez.

863. Niño, cuando lo seas de verdad, serás omnipotente.

864. Siendo niños no tendréis penas: los niños olvidan en seguida los

disgustos para volver a sus juegos ordinarios. —Por eso, con el

abandono, no habréis de preocuparos, ya que descansaréis en el

Padre.

865. Niño, ofrécele cada día… hasta tus fragilidades.

866. Niño bueno: ofrécele el trabajo de aquellos obreros que no le

conocen; ofrécele la alegría natural de los pobres chiquitines que

frecuentan las escuelas malvadas…

867. Los niños no tienen nada suyo, todo es de sus padres…, y tu

Padre sabe siempre muy bien cómo gobierna el patrimonio.

868. Sé pequeño, muy pequeño. —No tengas más que dos años de

edad, tres a lo sumo. —Porque los niños mayores son unos pícaros

que ya quieren engañar a sus padres con inverosímiles mentiras.

Es que tienen la maldad, el “fomes” del pecado, pero les falta la

experiencia del mal, que les dará la ciencia de pecar, para cubrir con

apariencia de verdad lo falso de sus engaños.

Han perdido la sencillez, y la sencillez es indispensable para ser

chicos delante de Dios.

869. Pero ¡niño!, ¿por qué te empeñas en andar con zancos?

CAMINO 122

870. No quieras ser mayor. —Niño, niño siempre, aunque te mueras

de viejo. —Cuando un niño tropieza y cae, a nadie choca…: su padre

se apresura a levantarle.

Cuando el que tropieza y cae es mayor, el primer movimiento es de

risa. —A veces, pasado ese primer ímpetu, lo ridículo da lugar a la

piedad. —Pero los mayores se han de levantar solos.

Tu triste experiencia cotidiana está llena de tropiezos y caídas. ¿Qué

sería de ti si no fueras cada vez más niño?

No quieras ser mayor. —Niño, y que, cuando tropieces, te levante la

mano tu Padre-Dios.

871. Niño, el abandono exige docilidad.

872. No olvides que el Señor tiene predilección por los niños y por los

que se hacen como niños.

873. Paradojas de un alma pequeña. —Cuando Jesús te envíe

sucesos que el mundo llama buenos, llora en tu corazón,

considerando la bondad de Él y la malicia tuya: cuando Jesús te envíe

sucesos que la gente califica de malos, alégrate en tu corazón, porque

Él te da siempre lo que conviene y entonces es la hermosa hora de

querer la Cruz.

874. Niño audaz, grita: ¡Qué amor el de Teresa! —¡Qué celo el de

Xavier! —¡Qué varón más admirable San Pablo! —¡Ah, Jesús, pues

yo… te quiero más que Pablo, Xavier y Teresa!

CAMINO 123

VIDA DE INFANCIA

875. No olvides, niño bobo, que el Amor te ha hecho omnipotente.

876. Niño: no pierdas tu amorosa costumbre de “asaltar” Sagrarios.

877. Cuando te llamo “niño bueno” no pienses que te imagino

encogido, apocado. —Si no eres varonil y… normal, en lugar de ser un

apóstol serás una caricatura que dé risa.

878. Niño bueno: dile a Jesús muchas veces al día: te amo, te amo, te

amo…

879. Cuando te apuren tus miserias no quieras entristecerte. —

Gloríate en tus enfermedades, como San Pablo, porque a los niños se

les permite, sin temor al ridículo, imitar a los grandes.

880. Que tus faltas e imperfecciones, y aun tus caídas graves, no te

aparten de Dios. —El niño débil, si es discreto, procura estar cerca de

su padre.

881. No te apures, si te enfadas, cuando haces esas pequeñas cosas

que Él te pide. —Ya llegarás a sonreír…

¿No ves con qué mala gana da el niño sencillo a su padre, que le

prueba, la golosina que tenía en sus manos? —Pero, se la da: ha

vencido el amor.

882. Cuando quieres hacer las cosas bien, muy bien, resulta que las

haces peor. —Humíllate delante de Jesús, diciéndole: ¿has visto cómo

todo lo hago mal? —Pues, si no me ayudas mucho, ¡aún lo haré peor!

Ten compasión de tu niño: mira que quiero escribir cada día una gran

plana en el libro de mi vida… Pero, ¡soy tan rudo!, que si el Maestro no

me lleva la mano, en lugar de palotes esbeltos salen de mi pluma

cosas retorcidas y borrones que no pueden enseñarse a nadie.

Desde ahora, Jesús, escribiremos siempre entre los dos.

883. Reconozco mi torpeza, Amor mío, que es tanta…, tanta, que

hasta cuando quiero acariciar hago daño. —Suaviza las maneras de

mi alma: dame, quiero que me des, dentro de la recia virilidad de la

CAMINO 124

vida de infancia, esa delicadeza y mimo que los niños tienen para

tratar, con íntima efusión de Amor, a sus padres.

884. Estás lleno de miserias. —Cada día las ves más claras. —Pero

no te asusten. —Él sabe bien que no puedes dar más fruto.

Tus caídas involuntarias —caídas de niño— hacen que tu Padre-Dios

tenga más cuidado y que tu Madre María no te suelte de su mano

amorosa: aprovéchate, y, al cogerte el Señor a diario del suelo,

abrázale con todas tus fuerzas y pon tu cabeza miserable sobre su

pecho abierto, para que acaben de enloquecerte los latidos de su

Corazón amabilísimo.

885. Un pinchazo. —Y otro. Y otro. —¡Súfrelos, hombre! ¿No ves que

eres tan chico que solamente puedes ofrecer en tu vida —en tu

caminito— esas pequeñas cruces?

Además, fíjate: una cruz sobre otra —un pinchazo…, y otro…, ¡qué

gran montón!

Al final, niño, has sabido hacer una cosa grandísima: Amar.

886. Cuando un alma de niño hace presentes al Señor sus deseos de

indulto, debe estar segura de que verá pronto cumplidos esos deseos:

Jesús arrancará del alma la cola inmunda, que arrastra por sus

miserias pasadas; quitará el peso muerto, resto de todas las

impurezas, que le hace pegarse al suelo; echará lejos del niño todo el

lastre terreno de su corazón para que suba hasta la Majestad de Dios,

a fundirse en la llamarada viva de Amor, que es Él.

887. Ese descorazonamiento que te producen tus faltas de

generosidad, tus caídas, tus retrocesos —quizá sólo aparentes— te da

la impresión muchas veces de que has roto algo de subido valor (tu

santificación).

No te apures: lleva a la vida sobrenatural el modo discreto que para

resolver conflicto semejante emplean los niños sencillos.

Han roto —por fragilidad, casi siempre— un objeto muy estimado por

su padre. —Lo sienten, quizá lloran, pero van a consolar su pena con

el dueño de la cosa inutilizada por su torpeza…, y el padre olvida el

valor —aunque sea grande— del objeto destruido, y, lleno de ternura,

no sólo perdona, sino que consuela y anima al chiquitín. —Aprende.

888. Que vuestra oración sea viril. —Ser niño no es ser afeminado.

CAMINO 125

889. Para el que ama a Jesús, la oración, aun la oración con

sequedad, es la dulzura que pone siempre fin a las penas: se va a la

oración con el ansia con que el niño va al azúcar, después de tomar la

pócima amarga.

890. Te distraes en la oración. —Procura evitar las distracciones, pero

no te preocupes, si, a pesar de todo, sigues distraído.

¿No ves cómo, en la vida natural, hasta los niños más discretos se

entretienen y divierten con lo que les rodea, sin atender muchas veces

los razonamientos de su padre? —Esto no implica falta de amor, ni de

respeto: es la miseria y pequeñez propias del hijo.

Pues, mira: tú eres un niño delante de Dios.

891. Cuando hagas oración haz circular las ideas inoportunas, como si

fueras un guardia del tráfico: para eso tienes la voluntad enérgica que

te corresponde por tu vida de niño. —Detén, a veces, aquel

pensamiento para encomendar a los protagonistas del recuerdo

inoportuno.

¡Hala!, adelante… Así, hasta que dé la hora. —Cuando tu oración por

este estilo te parezca inútil, alégrate y cree que has sabido agradar a

Jesús.

892. ¡Qué buena cosa es ser niño! —Cuando un hombre solicita un

favor, es menester que a la solicitud acompañe la hoja de sus méritos.

Cuando el que pide es un chiquitín —como los niños no tienen

méritos—, basta con que diga: soy hijo de Fulano.

¡Ah, Señor! —díselo ¡con toda tu alma!—, yo soy… ¡hijo de Dios!

893. Perseverar. —Un niño que llama a una puerta, llama una y dos

veces, y muchas veces…, y fuerte y largamente, ¡con desvergüenza! Y

quien sale a abrir ofendido, se desarma ante la sencillez de la criaturita

inoportuna… —Así tú con Dios.

894. ¿Has presenciado el agradecimiento de los niños? —Imítalos

diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso:

“¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno!…”

Esa frase, bien sentida, es camino de infancia, que te llevará a la paz,

con peso y medida de risas y llantos, y sin peso y medida de Amor.

CAMINO 126

895. El trabajo rinde tu cuerpo, y no puedes hacer oración. Estás

siempre en la presencia de tu Padre. —Si no le hablas, mírale de

cuando en cuando como un niño chiquitín… y Él te sonreirá.

896. ¿Que en el hacimiento de gracias después de la Comunión lo

primero que acude a tus labios, sin poderlo remediar, es la petición…:

Jesús, dame esto: Jesús, esa alma: Jesús, aquella empresa?

No te preocupes ni te violentes: ¿no ves cómo, siendo el padre bueno

y el hijo niño sencillo y audaz, el pequeñín mete las manos en el

bolsillo de su padre, en busca de golosinas, antes de darle el beso de

bienvenida? —Entonces…

897. Nuestra voluntad, con la gracia, es omnipotente delante de Dios.

—Así, a la vista de tantas ofensas para el Señor, si decimos a Jesús

con voluntad eficaz, al ir en el tranvía por ejemplo: “Dios mío, querría

hacer tantos actos de amor y de desagravio como vueltas da cada

rueda de este coche”, en aquel mismo instante delante de Jesús

realmente le hemos amado y desagraviado según era nuestro deseo.

Esta “bobería” no se sale de la infancia espiritual: es el diálogo eterno

entre el niño inocente y el padre chiflado por su hijo:

—¿Cuánto me quieres? ¡Dilo! —Y el pequeñín silabea: ¡Mu-chos millo-

nes!

898. Si tienes “vida de infancia”, por ser niño, has de ser

espiritualmente goloso. —Acuérdate, como los de tu edad, de las

cosas buenas que guarda tu Madre.

Y esto muchas veces al día. —Es cuestión de segundos… María…

Jesús… el Sagrario… la Comunión… el Amor… el sufrimiento… las

ánimas benditas del purgatorio… los que pelean: el Papa, los

sacerdotes… los fieles… tu alma… las almas de los tuyos… los Ángeles

Custodios… los pecadores…

899. ¡Cuánto te cuesta esa pequeña mortificación! —Luchas. —

Parece como si te dijeran: ¿por qué has de ser tan fiel al plan de vida,

al reloj? —Mira: ¿has visto con qué facilidad se engaña a los

chiquitines? —No quieren tomar la medicina amarga, pero… ¡anda! —

les dicen—, esta cucharadita, por papá; esta otra por tu abuelita… Y

así, hasta que han ingerido toda la dosis.

Lo mismo tú: un cuarto de hora más de cilicio por las ánimas del

purgatorio; cinco minutos más por tus padres; otros cinco por tus

CAMINO 127

hermanos de apostolado… Hasta que cumplas el tiempo que te señala

tu horario.

Hecha de este modo tu mortificación, ¡cuánto vale!

900. No estás solo. —Lleva con alegría la tribulación. —No sientes en

tu mano, pobre niño, la mano de tu Madre: es verdad. —Pero… ¿has

visto a las madres de la tierra, con los brazos extendidos, seguir a sus

pequeños, cuando se aventuran, temblorosos, a dar sin ayuda de

nadie los primeros pasos? —No estás solo: María está junto a ti.

901. Jesús: nunca te pagaré, aunque muriera de Amor, la gracia que

has derrochado para hacerme pequeño.

CAMINO 128

LLAMAMIENTO

902. ¿Por qué no te entregas a Dios de una vez…, de verdad…

¡ahora!?

903. Si ves claramente tu camino, síguelo. —¿Cómo no desechas la

cobardía que te detiene?

904. “Id, predicad el Evangelio… Yo estaré con vosotros…” —Esto ha

dicho Jesús… y te lo ha dicho a ti.

905. El fervor patriótico —laudable— lleva a muchos hombres a hacer

de su vida un “servicio”, una “milicia”. —No me olvides que Cristo tiene

también “milicias” y gente escogida a su “servicio”.

906. “Et regni ejus non erit finis”. —¡Su Reino no tendrá fin!

¿No te da alegría trabajar por un reinado así?

907. “Nesciebatis quia in his quae Patris mei sunt oportet me esse?” —

¿No sabíais que yo debo emplearme en las cosas que miran al

servicio de mi Padre?

Respuesta de Jesús adolescente. Y respuesta a una madre como su

Madre, que hace tres días que va en su busca, creyéndole perdido. —

Respuesta que tiene por complemento aquellas palabras de Cristo,

que transcribe San Mateo: “El que ama a su padre o a su madre más

que a mí, no es digno de mí”.

908. Es demasiada simplicidad la tuya cuando juzgas el valor de las

empresas de apostolado por lo que de ellas se ve. —Con ese criterio

habrías de preferir un quintal de carbón a un puñado de diamantes.

909. Ahora, que te entregaste, pídele una vida nueva, un “resello”:

para dar firmeza a la autenticidad de tu misión de hombre de Dios.

910. Eso —tu ideal, tu vocación— es… una locura. —Y los otros —tus

amigos, tus hermanos— unos locos…

¿No has oído este grito alguna vez muy dentro de ti? —Contesta, con

decisión, que agradeces a Dios el honor de pertenecer al “manicomio”.

CAMINO 129

911. Me escribes: “el deseo tan grande que todos tenemos de que

“esto” marche y se dilate parece que se va a convertir en impaciencia.

¿Cuándo salta, cuándo rompe…, cuándo veremos nuestro al mundo?”

Y añades: “el deseo no será inútil si lo desfogamos en “coaccionar”, en

importunar al Señor: entonces tendremos un tiempo formidablemente

ganado”.

912. Me explico el sufrimiento tuyo cuando en medio de tu forzosa

inactividad consideras la tarea que falta por hacer. —No te cabe el

corazón en el planeta, y tiene que amoldarse… a una labor oficial

minúscula.

Pero, ¿para cuándo dejamos el “fiat”?…

913. No lo dudes: tu vocación es la gracia mayor que el Señor ha

podido hacerte. —Agradécesela.

914. ¡Qué pena dan esas muchedumbres —altas y bajas y de en

medio— sin ideal! —Causan la impresión de que no saben que tienen

alma: son… manada, rebaño…, piara.

Jesús: nosotros, con la ayuda de tu Amor Misericordioso,

convertiremos la manada en mesnada, el rebaño en ejército…, y de la

piara extraeremos, purificados, a quienes ya no quieran ser inmundos.

915. Las obras de Dios no son palanca, ni peldaño.

916. Señor, haznos locos, con esa locura pegadiza que atraiga a

muchos a tu apostolado.

917. “Nonne cor nostrum ardens erat in nobis, dum loqueretur in via?”

—¿Acaso nuestro corazón no ardía en nosotros cuando nos hablaba

en el camino?

Estas palabras de los discípulos de Emaús debían salir espontáneas,

si eres apóstol, de labios de tus compañeros de profesión, después de

encontrarte a ti en el camino de su vida.

918. Ve al apostolado a darlo todo, y no a buscar nada terreno.

919. Al quererte apóstol, te ha recordado el Señor, para que nunca lo

olvides, que eres “hijo de Dios”.

CAMINO 130

920. Cada uno de vosotros ha de procurar ser un apóstol de

apóstoles.

921. Tú eres sal, alma de apóstol. —”Bonum est sal” —la sal es

buena, se lee en el Santo Evangelio, “si autem sal evanuerit” —pero si

la sal se desvirtúa…, nada vale, ni para la tierra, ni para el estiércol; se

arroja fuera como inútil.

Tú eres sal, alma de apóstol. —Pero, si te desvirtúas…

922. Hijo mío: si amas tu apostolado, está seguro de que amas a Dios.

923. El día que “sientas” bien tu apostolado, ese apostolado será para

ti una coraza donde se embotarán todas las asechanzas de tus

enemigos de la tierra y del infierno.

924. Pide siempre tu perseverancia y la de tus compañeros de

apostolado, porque nuestro adversario, el demonio, de sobra conoce

que sois sus grandes enemigos…, y una caída en vuestras filas

¡cuánto le satisface!

925. Como los religiosos observantes tienen afán por saber de qué

manera vivían los primeros de su orden o congregación, para

acomodarse ellos a aquella conducta, así tú —caballero cristiano—

procura conocer e imitar la vida de los discípulos de Jesús, que

trataron a Pedro y a Pablo y a Juan, y casi fueron testigos de la Muerte

y Resurrección del Maestro.

926. Me preguntas…, y te contesto: tu perfección está en vivir

perfectamente en aquel lugar, oficio y grado en que Dios, por medio de

la autoridad, te coloque.

927. Orad los unos por los otros. —¿Que aquél flaquea?… —¿Que el

otro?…

Seguid orando, sin perder la paz. —¿Que se van? ¿Que se pierden?…

¡El Señor os tiene contados desde la eternidad!

928. Tienes razón. —Desde la cumbre —me escribes— en todo lo que

se divisa —y es un radio de muchos kilómetros—, no se percibe ni una

llanura: tras de cada montaña, otra. Si en algún sitio parece suavizarse

CAMINO 131

el paisaje, al levantarse la niebla, aparece una sierra que estaba

oculta.

Así es, así tiene que ser el horizonte de tu apostolado: es preciso

atravesar el mundo. Pero no hay caminos hechos para vosotros… Los

haréis, a través de las montañas, al golpe de vuestras pisadas.

CAMINO 132

EL APOSTOL

929. ¿La Cruz sobre tu pecho?… —Bien. Pero… la Cruz sobre tus

hombros, la Cruz en tu carne, la Cruz en tu inteligencia. —Así vivirás

por Cristo, con Cristo y en Cristo: solamente así serás apóstol.

930. Alma de apóstol: primero, tú. —Ha dicho el Señor, por San

Mateo: “Muchos me dirán en el día del juicio: ¡Señor, Señor!, ¿pues no

hemos profetizado en tu nombre y lanzado en tu nombre los demonios

y hecho muchos milagros? Entonces yo les protestaré: jamás os he

conocido por míos; apartaos de mí, operarios de la maldad”.

No suceda —dice San Pablo— que habiendo predicado a los otros, yo

vaya a ser reprobado.

931. El genio militar de San Ignacio nos presenta al demonio que hace

un llamamiento de innumerables diablos y los esparce por estados,

provincias, ciudades y lugares, tras de haberles hecho “un sermón”, en

el que les amonesta para echar hierros y cadenas, no dejando a nadie

en particular sin atadura…

Me dijiste que querías ser caudillo: y… ¿para qué sirve un caudillo

aherrojado?

932. Mira: los apóstoles, con todas sus miserias patentes e

innegables, eran sinceros, sencillos…, transparentes.

Tú también tienes miserias patentes e innegables. —Ojalá no te falte

sencillez.

933. Cuentan de un alma que, al decir al Señor en la oración “Jesús,

te amo”, oyó esta respuesta del cielo: “Obras son amores y no buenas

razones”.

Piensa si acaso tú no mereces también ese cariñoso reproche.

934. El celo es una chifladura divina de apóstol, que te deseo, y tiene

estos síntomas: hambre de tratar al Maestro; preocupación constante

por las almas; perseverancia, que nada hace desfallecer.

935. No te duermas sobre los laureles. —Si, humanamente hablando,

esa postura es incómoda y poco gallarda, ¿qué sucederá cuando los

laureles —como ahora— no sean tuyos, sino de Dios?

CAMINO 133

936. Al apostolado vas a someterte, a anonadarte: no a imponer tu

criterio personal.

937. Nunca seáis hombres o mujeres de acción larga y oración corta.

938. Procura vivir de tal manera que sepas, voluntariamente, privarte

de la comodidad y bienestar que verías mal en los hábitos de otro

hombre de Dios.

Mira que eres el grano de trigo del que habla el Evangelio. —Si no te

entierras y mueres, no habrá fruto.

939. Sed hombres y mujeres del mundo, pero no seáis hombres o

mujeres mundanos.

940. No olvides que la unidad es síntoma de vida: desunirse es

putrefacción, señal cierta de ser un cadáver.

941. Obedecer…, camino seguro. —Obedecer ciegamente al

superior…, camino de santidad. —Obedecer en tu apostolado…, el

único camino: porque, en una obra de Dios, el espíritu ha de ser

obedecer o marcharse.

942. Ten presente, hijo mío, que no eres solamente un alma que se

une a otras almas para hacer una cosa buena.

Esto es mucho…, pero es poco. —Eres el Apóstol que cumple un

mandato imperativo de Cristo.

943. Que, tratándote, no se pueda exclamar lo que, con bastante

razón, gritaba una determinada persona: “Estoy de honrados hasta

aquí…” Y se tocaba en lo alto de la cabeza.

944. Has de prestar Amor de Dios y celo por las almas a otros, para

que éstos a su vez enciendan a muchos más que están en un tercer

plano, y cada uno de estos últimos a sus compañeros de profesión.

¡Cuántas calorías espirituales necesitas! —Y ¡qué responsabilidad tan

grande si te enfrías!, y —no lo quiero pensar— ¡qué crimen tan

horroroso si dieras mal ejemplo!

945. Es mala disposición oír la palabra de Dios con espíritu crítico.

CAMINO 134

946. Si queréis entregaros a Dios en el mundo, antes que sabios —

ellas no hace falta que sean sabias: basta que sean discretas— habéis

de ser espirituales, muy unidos al Señor por la oración: habéis de

llevar un manto invisible que cubra todos y cada uno de vuestros

sentidos y potencias: orar, orar y orar; expiar, expiar y expiar.

947. Te pasmaba que aprobara la falta de “uniformidad” en ese

apostolado donde tú trabajas. Y te dije:

Unidad y variedad. —Habéis de ser tan varios, como variados son los

santos del cielo, que cada uno tiene sus notas personales

especialísimas. —Y, también, tan conformes unos con otros como los

santos, que no serían santos si cada uno de ellos no se hubiera

identificado con Cristo.

948. Tu, hijo predilecto de Dios, siente y vive la fraternidad, pero sin

familiaridades.

949. Aspirar a tener cargos en las empresas de apostolado es cosa

inútil en esta vida, y para la otra Vida es un peligro.

Si Dios lo quiere, ya te llamarán. —Y entonces deberás aceptar. —

Pero no olvides que en todos los sitios puedes y debes santificarte,

porque a eso has ido.

950. Si piensas que al trabajar por Cristo los cargos son algo más que

cargas, ¡cuántas amarguras te esperan!

951. Hacer cabeza en una obra de apostolado es tanto como estar

dispuesto a sufrirlo todo, de todos, con infinita caridad.

952. En el trabajo apostólico no se ha de perdonar la desobediencia, ni

la doblez. —Ten en cuenta que sencillez no es imprudencia, ni

indiscreción.

953. Tienes obligación de pedir y sacrificarte por la persona e

intenciones de “quien hace Cabeza” en tu empresa de apostolado. —

Si eres remiso en el cumplimiento de este deber, me haces pensar

que te falta entusiasmo por tu camino.

CAMINO 135

954. Extrema el respeto al superior cuando te consulte y hayas de

contradecir sus opiniones. —Y nunca le contradigas delante de

quienes le estén sujetos, aunque no lleve razón.

955. En tu empresa de apostolado no temas a los enemigos de fuera,

por grande que sea su poder. —Este es el enemigo imponente: tu falta

de “filiación” y tu falta de “fraternidad”.

956. Entiendo bien que te diviertan los desprecios que te hacen —

aunque vengan de enemigos poderosos—, mientras sientas la unión

con tu Dios y con tus hermanos de apostolado. —¿A ti, qué?

957. Con frecuencia comparo la labor de apostolado con una máquina:

ruedas dentadas, émbolos, válvulas, tornillos…

Pues, la caridad —tu caridad— es el lubricante.

958. Deja ese “aire de suficiencia” que aísla de la tuya a las almas que

se te acercan. —Escucha. Y habla con sencillez: sólo así crecerá en

extensión y fecundidad tu trabajo de apóstol.

959. El desprecio y la persecución son benditas pruebas de la

predilección divina, pero no hay prueba y señal de predilección más

hermosa que ésta: pasar ocultos.

CAMINO 136

EL APOSTOLADO

960. Así como el clamor del océano se compone del ruido de cada una

de las olas, así la santidad de vuestro apostolado se compone de las

virtudes personales de cada uno de vosotros.

961. Es preciso que seas “hombre de Dios”, hombre de vida interior,

hombre de oración y de sacrificio. —Tu apostolado debe ser una

superabundancia de tu vida “para adentro”.

962. Unidad. —Unidad y sujeción. ¿Para qué quiero yo las piezas

sueltas de un reloj, aunque sean primorosas, si no me dan la hora?

963. No me hagáis “capillitas” dentro de vuestro trabajo. —Sería

empequeñecer los apostolados: porque, si la “capillita” llega, ¡por fin!,

al gobierno de una empresa universal… ¡qué pronto la empresa

universal acaba en capillita!

964. Me decías, con desconsuelo: ¡hay muchos caminos! —Debe

haberlos: para que todas las almas puedan encontrar el suyo, en esa

variedad admirable.

¿Confusionismo? —Escoge de una vez para siempre: y la confusión

se convertirá en seguridad.

965. Alégrate, si ves que otros trabajan en buenos apostolados. —Y

pide, para ellos, gracia de Dios abundante y correspondencia a esa

gracia.

Después, tú, a tu camino: persuádete de que no tienes otro.

966. Es mal espíritu el tuyo si te duele que otros trabajen por Cristo sin

contar con tu labor. —Acuérdate de este pasaje de San Marcos:

“Maestro: hemos visto a uno que andaba lanzando demonios en tu

nombre, que no es de nuestra compañía, y se lo prohibimos. No hay

para qué prohibírselo, respondió Jesús, puesto que ninguno que haga

milagros en mi nombre, podrá luego hablar mal de mí. Que quien no

es contrario vuestro, de vuestro partido es”.

967. Es inútil que te afanes en tantas obras exteriores si te falta Amor.

—Es como coser con una aguja sin hilo.

CAMINO 137

¡Qué pena, si al final hubieras hecho “tu” apostolado y no “su”

Apostolado!

968. Gozosamente te bendigo, hijo, por esa fe en tu misión de apóstol

que te llevó a escribir: “No cabe duda: el porvenir es seguro, quizá a

pesar de nosotros. Pero es menester que seamos una sola cosa con

la Cabeza —”ut omnes unum sint!”—, por la oración y por el sacrificio”.

969. Los que, dejando la acción para otros, oran y sufren, no brillarán

aquí, pero ¡cómo lucirá su corona en el Reino de la Vida! —¡Bendito

sea el “apostolado del sufrimiento”!

970. Es verdad que he llamado a tu apostolado discreto, “silenciosa y

operativa misión”. —Y no tengo nada que rectificar.

971. Me parece tan bien tu devoción por los primeros cristianos, que

haré lo posible por fomentarla, para que ejercites —como ellos—, cada

día con más entusiasmo, ese Apostolado eficaz de discreción y de

confidencia.

972. Cuando pongas por obra tu “apostolado de discreción y

confidencia”, no me digas que no sabes qué decir. —Porque —te diré

con el salmo— “Dominus dabit verbum evangelizantibus virtute multa”

—el Señor pone en boca de sus apóstoles palabras llenas de eficacia.

973. Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que

vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar

oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor

universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle

insospechados horizontes de celo… Todo eso es “apostolado de la

confidencia”.

974. “Apostolado del almuerzo”: es la vieja hospitalidad de los

Patriarcas, con el calor fraternal de Betania. —Cuando se ejercita,

parece que se entrevé a Jesús, que preside, como en casa de Lázaro.

975. Urge recristianizar las fiestas y costumbres populares. —Urge

evitar que los espectáculos públicos se vean en esta disyuntiva: o

ñoños o paganos.

CAMINO 138

Pide al Señor que haya quien trabaje en esa labor de urgencia, que

podemos llamar “apostolado de la diversión”.

976. Del “apostolado epistolar” me haces un buen panegírico. —

Escribes: “No sé cómo emborronar papel hablando de cosas que

puedan ser útiles al que recibe la carta. Cuando empiezo, le digo a mi

Custodio que si escribo es con el fin de que sirva para algo. Y, aunque

no diga más que bobadas, nadie puede quitarme —ni quitarle— el rato

que he pasado pidiendo lo que sé que más necesita el alma a quien va

dirigida mi carta”.

977. “La carta me cogió en unos días tristes, sin motivo alguno, y me

animó extraordinariamente su lectura, sintiendo cómo trabajan los

demás”. —Y otro: “Me ayudan sus cartas y las noticias de mis

hermanos, como un sueño feliz ante la realidad de todo lo que

palpamos…” —Y otro: “¡Qué alegría recibir esas cartas y saberme

amigo de esos amigos!” —Y otro y mil: “Recibí carta de X. y me

avergüenza pensar en mi falta de espíritu comparado con ellos”.

¿Verdad que es eficaz el “apostolado epistolar”?

978. “Venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum” —venid

detrás de mí, y os haré pescadores de hombres. —No sin misterio

emplea el Señor estas palabras: a los hombres —como a los peces—

hay que cogerlos por la cabeza.

¡Qué hondura evangélica tiene el “apostolado de la inteligencia”!

979. Es condición humana tener en poco lo que poco cuesta. —Esa es

la razón de que te aconseje el “apostolado de no dar”.

Nunca dejes de cobrar lo que sea equitativo y razonable por el

ejercicio de tu profesión, si tu profesión es el instrumento de tu

apostolado.

980. “¿Acaso no tenemos facultad de llevar en los viajes alguna mujer

hermana en Jesucristo, para que nos asista, como hacen los demás

apóstoles y los parientes del Señor y el mismo Pedro?”

Esto dice San Pablo en su primera epístola a los Corintios: —No es

posible desdeñar la colaboración de “la mujer en el apostolado”.

981. “Algún tiempo después —se lee en el capítulo VIII de San

Lucas— andaba Jesús por las ciudades y aldeas predicando, y

CAMINO 139

anunciando el reino de Dios, acompañado de los doce y de algunas

mujeres, que habían sido libradas de los espíritus malignos y curadas

de varias enfermedades, de María, por sobrenombre Magdalena, de la

cual había echado siete demonios, y de Juana, mujer de Cusa,

mayordomo del rey Herodes, y de Susana y de otras que le asistían

con sus bienes”.

Copio. Y pido a Dios que, si alguna mujer me lee, se llene de una

santa envidia, llena de eficacia.

982. Más recia la mujer que el hombre, y más fiel, a la hora del dolor.

—¡María de Magdala y María Cleofás y Salomé!

Con un grupo de mujeres valientes, como ésas, bien unidas a la

Virgen Dolorosa, ¡qué labor de almas se haría en el mundo!

CAMINO 140

PERSEVERANCIA

983. Comenzar es de todos; perseverar, de santos.

Que tu perseverancia no sea consecuencia ciega del primer impulso,

obra de la inercia: que sea una perseverancia reflexiva.

984. Dile: “ecce ego quia vocasti me!” —¡aquí me tienes, porque me

has llamado!

985. Te apartaste del camino, y no volvías porque te daba vergüenza.

—Es más lógico que te diera vergüenza no rectificar.

986. “La verdad es que no hace falta ser ningún héroe —me

confiesas— para, sin rarezas ni gazmoñerías, saber aislarse lo que

sea necesario según los casos…, y perseverar”. —Y añades: “mientras

cumpla las normas que me dio, no me preocupan los enredos y

jerigonzas del ambiente: lo que me asustaría es tener miedo a esas

pequeñeces.” —Magnífico.

987. Fomenta y preserva ese ideal nobilísimo que acaba de nacer en

ti. —Mira que se abren muchas flores en la primavera, y son pocas las

que cuajan en fruto.

988. El desaliento es enemigo de tu perseverancia. —Si no luchas

contra el desaliento, llegarás al pesimismo, primero, y a la tibieza,

después. —Sé optimista.

989. Vamos: Después de tanto “¡Cruz, Señor, Cruz!”, se ve que

querías una cruz a tu gusto.

990. Constancia, que nada desconcierte. —Te hace falta. Pídela al

Señor y haz lo que puedas por obtenerla: porque es un gran medio

para que no te separes del fecundo camino que has emprendido.

991. No puedes “subir”. —No es extraño: ¡aquella caída!…

Persevera y “subirás”. —Recuerda lo que dice un autor espiritual: tu

pobre alma es pájaro, que todavía lleva pegadas con barro sus alas.

Hacen falta soles de cielo y esfuerzos personales, pequeños y

constantes, para arrancar esas inclinaciones, esas imaginaciones, ese

decaimiento: ese barro pegadizo de tus alas.

CAMINO 141

Y te verás libre. —Si perseveras, “subirás”.

992. Da gracias a Dios, que te ayudó, y gózate en tu victoria. —¡Qué

alegría más honda, esa que siente tu alma, después de haber

correspondido!

993. Discurres… bien, fríamente: ¡cuántos motivos para abandonar la

tarea! —Y alguno, al parecer, capital.

Veo, sin duda, que tienes razones. —Pero no tienes razón.

994. “Se me ha pasado el entusiasmo”, me has escrito. —Tú no has

de trabajar por entusiasmo, sino por Amor: con conciencia del deber,

que es abnegación.

995. Inconmovible: así has de ser. —Si hacen vacilar tu perseverancia

las miserias ajenas o las propias, formo un triste concepto de tu ideal.

Decídete de una vez para siempre.

996. Tienes una pobre idea de tu camino, cuando, al sentirte frío,

crees que lo has perdido: es la hora de la prueba; por eso te han

quitado los consuelos sensibles.

997. Ausencia, aislamiento: pruebas para la perseverancia. —Santa

Misa, oración, sacramentos, sacrificios: ¡comunión de los santos!:

armas para vencer en la prueba.

998. ¡Bendita perseverancia la del borrico de noria! —Siempre al

mismo paso. Siempre las mismas vueltas. —Un día y otro: todos

iguales.

Sin eso, no habría madurez en los frutos, ni lozanía en el huerto, ni

tendría aromas el jardín.

Lleva este pensamiento a tu vida interior.

999. ¿Que cuál es el secreto de la perseverancia?

El Amor. —Enamórate, y no “le” dejarás.

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