El álamo

¿Recuerden al Álamo? ¡Para nada!

The Alamo (El Álamo), una nueva película que costó $107 millones, se estrenó el 9 de abril. Relata el sitio del Álamo de 1836 por 4,000 soldados mexicanos y su defensa durante la guerra de Independencia de Texas. En la batalla todos los 182 defensores del Álamo cayeron muertos y, desde ese entonces, “¡Recuerden el Álamo!” es una exhortación a la venganza contra los enemigos de Estados Unidos.

La propaganda de la película promete captar “La increíble verdadera historia de dos lados que lucharon por sus creencias, protegieron lo que amaban y le dieron al mundo un legado inolvidable”.

¡Mentiras!

Lo que la película hace es encubrir la verdadera historia del Álamo. Después de verla un maestro dijo que si uno no sabe la historia de Texas, la película no le dice por qué se libró la “guerra de independencia”. Y eso es a propósito, pues la verdadera historia condena a los “defensores” del Álamo y muestra que su causa no es nada que se debe glorificar ni honrar.

Una guerra por la esclavitud y el robo

Hace 300 años el imperio español se apoderó de Texas y lo gobernaba desde ciudad de México.

En 1718, los colonos españoles establecieron un fuerte y una misión católica en lo que hoy es San Antonio y lo llamaron el Álamo. Era parte de un plan para “civilizar a los indios y apoderarse del nuevo mundo”.

Pero los españoles no pudieron ante la feroz resistencia de los amerindios, especialmente de los comanches, y de los 25 cuarteles que establecieron en Texas en el siglo 18 solo pudieron defender tres; uno de ellos fue el Álamo.

La invasión ilegal de Texas por angloamericanos empezó a principios del siglo 19. Los esclavistas de los estados del Sur de Estados Unidos querían más terrenos y codiciaban el norte de México (ahora el suroeste de Estados Unidos). Los capitalistas del Norte también codiciaban esa región para extender el comercio al oeste y apoderarse de los recursos minerales.

Ante la amenaza estadounidense, España trató de controlar la inmigración angloamericana. Cuando México se independizó de España en 1821, el nuevo gobierno siguió permitiendo que los angloamericanos se asentaran en Texas. Les ofrecían terrenos con tal de que se volvieran ciudadanos mexicanos y católicos. En 1835 Texas tenía una población de 35,000 habitantes; había un tejano (mexicano nacido en Texas) por cada seis angloamericanos.

Cuando el gobierno mexicano abolió la esclavitud, los esclavistas del Sur y sus aliados lanzaron una guerra reaccionaria para apoderarse de Texas. Prometieron terrenos a los mercenarios que ayudaran en la conquista.

Esas fuerzas se apoderaron del Álamo.

El 6 de marzo de 1836, el ejército mexicano, con el general (y presidente) Antonio López de Santa Anna a la cabeza, reconquistó el Álamo en una batalla que dejó muertos a todos los 182 defensores. Todos, menos nueve, eran invasores angloamericanos. Unos, como el mercenario Davy Crockett (especulador de tierras) acababa de llegar a Texas. Jim Bowie (otro “héroe” del Álamo) era esclavista y traficante de esclavos. El comandante de los angloamericanos era el coronel Travis, un mercenario.

Seis semanas después las fuerzas angloamericanas sorprendieron al ejército mexicano en la batalla de San Jacinto. En esa batalla gritaban “¡Recuerden el Álamo!” para justificar una sangrienta revancha y masacre. Al general Santa Anna lo tomaron preso y, a cambio de perdonarle la vida, lo obligaron a firmar un tratado que reconocía la independencia de Texas.

Una de las primeras medidas de la “República de Texas” fue legalizar la esclavitud. En 1845 se hizo parte de Estados Unidos como estado esclavista y poco tiempo después se integró a la Confederación de los estados del Sur durante la guerra de Secesión.

Criarse a la sombra del Álamo

De niño, en la primaria, en los años 50 y 60, cuando todavía no se conocían las palabras chicano, mexico-americano, hispano o latino, nos llamaban “meskins”, greasers, wetbacks, spics, beaners y pepper bellies.

Recuerdo que cada aniversario nos refregaban el grito del Álamo. Odiaba la primavera cuando se acercaba la fecha y nos hacían vestir de soldados mexicanos para representar la batalla del Álamo o la de San Jacinto. Recuerdo que nos decían que los sanguinarios mexicanos “asesinaron en el Álamo a nuestros heroicos y valientes defensores de la libertad y la democracia”.

Como alguien que ha vivido todo eso, quiero decir que todos esos hijueputas –Davy Crockett, Jim Bowie, William Barrett Travis y los demás– tuvieron una muerte muy merecida. Eran mercenarios profesionales que mataban amerindios, traficaban esclavos e invadieron a Texas para arrebatárselo a México y convertirlo en estado esclavista. ¡La guerra de México contra ellos fue una guerra justa!

En 1960, cuando estaba en el tercer grado, la escuela entera fue a la racista película The Alamo con John Wayne. Todas las mentiras que nos decían sobre la historia de Texas nos hacían sentir vergüenza de no ser anglos, y la película reforzó todo eso. En esos años era prohibido hablar español en público y a los niños que lo hacían los castigaban. No mucho antes en los parques había avisos que decían: “Prohibidos los perros y los mexicanos”.

Mi papá se crió en Galveston, a unos 75 kilómetros de Houston en la costa del Golfo. Él me decía que cuando la familia viajaba a Houston, nunca paraban para comer, comprar gasolina o usar el baño en los pueblitos de la carretera. Mi papá fue el primero de su familia en estudiar en la universidad y lo hizo con una beca por boxeo. Cuando se graduó, y mientras esperaba entrar al ejército de oficial, él y mi mamá fueron a vivir en Houston. Cuando quisieron alquilar un apartamento cerca del parque Moody, que ahora es latino pero que entonces era blanco, el administrador les dijo: “No alquilamos a mexicanos”.

Así que cuando nos piden que honremos el Álamo, ¡¿qué es lo que quieren que honremos?!

En el Álamo hay una placa que lo describe como un santuario “a la memoria sagrada de los héroes que se inmolaron en este lugar sagrado”.

Pero honrar el Álamo es glorificar un santuario a la guerra, rapiña y conquista de Estados Unidos, el robo de la mitad del territorio mexicano y la opresión de los chicanos. ¿Qué otra cosa significa el grito de guerra “Recuerden el Álamo” sino la matanza de mexicanos y chicanos?

Honrar el Álamo significa glorificar el exterminio de los lipan apaches, aranamas, karankawas, tonkawas, kohanis, cocos, bidais, nacisis, koasatis, eyeishes, nabedachies, nacogdoches, kichais, hainais, anadarkos, yowanes, tawakonis, wacos, caddos, kickapoos, kiowas, kiowa apaches, tawehashes, comanches y muchos, muchos pueblos más. A todos esos pueblos los aniquilaron y borraron del planeta cuando Texas obtuvo su independencia. ¿Vamos a glorificar eso?

¡Glorificar esa supuesta “lucha valiente por la libertad” es glorificar una guerra para comprar y vender negros como mercancía! Es glorificar el arresto y ejecución de más de cien esclavos en 1835 por planear una fuga, precisamente cuando los esclavistas planeaban su levantamiento contra México. Es glorificar el sistema de segregación llamado Jim Crow, el terror del Ku Klux Klan y el linchamiento de un sinnúmero de negros en Texas.

Es glorificar el asesinato de aproximadamente 5,000 mexicanos y chicanos en el valle del río Bravo en pogromos durante la I Guerra Mundial.

Es glorificar y defender un sinnúmero de crímenes y opresiones, que no han cesado hasta la fecha, como el asesinato en 1977 de José Campos Torres, un veterano de Vietnam a quien seis policías de Houston ahogaron en un pantano de Houston para ver, como dijeron, “si el mojado sabe nadar”.

Honrar el Álamo significa honrar esa historia de opresión.

Pero eso no es todo; también significa honrar los crímenes que este sistema está preparando.

Película post 11 de septiembre

Con la versión del Álamo de 1960 ya bastaba; ¿por qué hacer otra película?

Porque como dijo Michael Eisner (de estudios Disney) al anunciar el plan de rehacerla, esta película “captará el patriotismo post 11 de septiembre”.

“Recuerden el Álamo” siempre ha sido un grito de batalla de conquista y saqueo. Los imperialistas yanquis quieren popularizar ese grito de batalla y ese tipo de héroes hoy, precisamente por lo que están haciendo en todo el mundo.

El Álamo se presenta como una lucha por la libertad, y “recuerden el Álamo” es una consigna revanchista. La intención es que haga eco hoy, cuando presentan las guerras de Irak y Afganistán como “guerras de liberación”, y cuando “recuerden el 11 de septiembre” supuestamente debe justificar cualquier cosa que el gobierno quiera hacer.

Pero ya sabemos lo que esa liberación y democracia significan para los oprimidos: horrores en aquellos años y horrores hoy.

Recuerdan a todo el mundo quién conquistó el Álamo

Hay otra razón por la que promueven el Álamo.

En Texas hay racistas armados que se la pasan tomando cerveza Lone Star (y tienen padrinos como George W. Bush y Tom Delay).

Pero el Texas de 2004 no es el mismo de 1960.

La población del Suroeste ha cambiado mucho. Houston ahora tiene una población de dos millones de habitantes: 37% latinos y 25% negros. Además hay salvadoreños, guatemaltecos, palestinos, libaneses y otros árabes, chinos, vietnamitas, coreanos, iraníes, pakistaníes, hindúes, etc.

Hoy en Texas el nombre más común para un niño es José.

Hoy la mayoría de la población de Texas no es blanca y, por lo general, es muy pobre y muy oprimida. Persiste la guerra en la frontera contra los inmigrantes. Hay más jóvenes negros en la prisión que en la universidad.

Por todo eso es muy importante para la clase dominante de este país recordarle a todo el mundo que se propone dominar y controlar lugares como Texas y la frontera que crearon mediante una guerra.

Los cambios que se han operado en el Suroeste preocupan a la clase dominante. Samuel P. Huntington, un ideólogo del imperio de la Universidad Harvard, dice en su nuevo libro: “La creciente inmigración de hispanos amenaza con dividir a Estados Unidos en dos pueblos, dos culturas y dos idiomas. A diferencia de los inmigrantes anteriores, los mexicanos y otros latinos no se asimilan a la cultura general y, de Los Ángeles a Miami, prefieren sus propias comunidades políticas y lingüísticas y rechazan los valores anglo- protestantes que construyeron el sueño americano. Estados Unidos ignora ese desafío por su cuenta y riesgo”.

Hoy, una película sobre el Álamo se propone decirles a los mexicanos y a otros inmigrantes de esta región que “recuerden su lugar”: pueblos conquistados y oprimidos.

Basta repasar la historia (¡y no me refiero al cuento que cuenta la película!) para ver que la clase dominante sí tiene de qué preocuparse. En el pasado ha habido rebeliones y luchas armadas de los oprimidos en la región. Los amerindios nunca dejaron de luchar en defensa de sus tierras y de la vida. En los 1850 y 1870, así como durante la I Guerra Mundial, los mexicanos y chicanos del valle del río Bravo organizaron rebeliones armadas, y atacaron trenes, puentes y fincas. Las operaciones militares durante la I Guerra Mundial se basaron en el Plan de San Diego, que proclamó independencia de la “tiranía yanqui” y exhortó a un levantamiento del “Ejército Libertador de las Razas y Pueblos” compuesto de mexicanos, negros, japoneses y amerindios. El plan proponía formar una república independiente con los estados de Texas, Nuevo México, Arizona, Colorado y California.

En 1917, 100 soldados negros, hartos de maltratos, arrestos y palizas a manos de la policía de Houston, fueron a la delegación y mataron a cinco policías.

Después del asesinato de José Campos Torres en 1977, estalló una rebelión contra el terror policial.

Esto no es historia antigua. Y las condiciones en que viven los oprimidos hoy no han cambiado mucho.

*****

Bob Avakian, presidente del Partido Comunista Revolucionario, ha dicho:

“Los imperialistas ven en estos inmigrantes una fuente de inestabilidad y sublevación, una fuerza que debilita la cohesión interna del país y tiene el potencial de socavar el poder de Estados Unidos como terrateniente internacional justo cuando confronta un desafío sin precedente a ese poder. Los imperialistas reaccionan afirmando más agresivamente la identidad blanca, europea, de habla inglesa de la nación americana. Para el proletariado revolucionario es completamente al contrario. Renunciamos a esa nación, denunciamos ese tipo de identidad –somos proletarios, no estadounidenses, y nuestra identidad es la del proletariado internacional. Insistimos en la igualdad de las naciones, incluida la igualdad en cultura e idioma. Y, es más, vemos en tales inmigrantes un manantial de gran fuerza –una fuerza vitalmente importante para la lucha revolucionaria para el derrocamiento del imperialismo estadounidense y para crear encima de su tumba una poderosa expresión viva del internacionalismo proletario y una base poderosa para la revolución proletaria mundial”.

*****

En una palabra, hicieron la película sobre el Álamo por una razón; debemos “recordar el Álamo” y “honrar” su mensaje de conquista, venganza, patriotismo y racismo por una razón.

Pero no vamos a recordar el Álamo, no vamos a honrar sus héroes. Nosotros tenemos nuestros propios héroes, los héroes del proletariado y los pueblos oprimidos.

Recordemos a nuestro camarada Damián García

El 20 de marzo de 1980, Damián García, militante del PCR, y otros dos revolucionarios escalaron el Álamo.

Tiraron al suelo la bandera de Estados Unidos e izaron la bandera roja de la revolución.

Desde el tope de ese reaccionario “santuario” Damián proclamó: “Estamos aquí para decir la verdad sobre el Álamo. Es un símbolo del robo de tierras mexicanas; un símbolo de la matanza de mexicanos y amerindios; un símbolo de la opresión de los chicanos y mexicanos en todo el Suroeste”.

Exhortaron a la lucha, junto con los pueblos del mundo, ese 1§ de mayo, Día Internacional del Trabajador.

Los arrestaron y acusaron de profanar un objeto venerado, o sea el Álamo.

Luego, el 22 de abril, unos agentes al servicio de la policía asesinaron a Damián García en medio de la campaña del 1§ de Mayo en un multifamiliar de Los Ángeles. El enemigo, estremecido por el audaz acto y movilización de revolucionarios que se oponían al Álamo y todo lo que representa, atacó con una venganza típica del mito del Álamo.

No recordaremos el Álamo, pero ¡sí recordaremos a Damián García!

Recordamos el día en que la policía arrestó a los tres revolucionarios. Una joven chicana se abrió paso entre la policía y les preguntó a los tres cómo se llamaban, y cuando pasaban, con el puño en alto, los saludó y gritó: “¡Damián García es un héroe del pueblo!”.

Esa es nuestra posición ante el Álamo; eso es lo que honramos y recordamos.

Este artículo se puede encontrar en español e inglés en La Neta del Obrero Revolucionario en:
http://rwor.org
Cartas: Box 3486, Merchandise Mart, Chicago, IL 60654
Teléfono: 773-227-4066 Fax: 773-227-4497

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